El crecimiento del uso de celulares, redes sociales y videojuegos online entre niños y adolescentes abrió nuevas oportunidades de comunicación, pero también multiplicó los riesgos. En ese escenario, el grooming se consolidó como uno de los delitos que más preocupa a especialistas y familias, en un contexto en el que los menores incorporan la tecnología desde edades cada vez más tempranas y muchos adultos todavía desconocen cómo funcionan los entornos digitales en los que sus hijos pasan buena parte del día.
Ese fue el eje de la entrevista que la abogada especialista en grooming y minoridad Mónica Salvador brindó en Infobae al Mediodía. Durante la conversación con Maru Duffard, Andrei Serbin Pont, Fede Mayol y Facundo Kablan, la especialista insistió en que el principal desafío no es la tecnología en sí misma, sino la falta de información de quienes deben acompañar a los menores.
“Hoy estamos frente a una generación que tiene que ser padre y no conoce el riesgo”, afirmó. Y profundizó la idea con una frase que sintetizó el sentido de toda la entrevista: “El peligro no está en que tenga WhatsApp, en que juegue Discord o participe de juegos online. El peligro es que el adulto no se capacita a fondo”.

La reflexión surgió mientras el equipo analizaba datos de una encuesta de Grooming Latam, que reveló que el 25% de los menores de 14 años en América Latina accede a su primer teléfono celular antes de cumplir nueve años. Para Maru Duffard, esa cifra interpela directamente a los adultos. “Que el 25% de los chicos tenga un celular a los nueve años me parece una barbaridad y una responsabilidad total y absoluta de los adultos, porque ningún chico decide a esa edad comprarse un teléfono”, planteó.
Salvador coincidió en que el dispositivo, por sí solo, no constituye el problema. De hecho, contó que sus hijos utilizan celulares para acceder a determinados contenidos, pero sin habilitar aplicaciones de mensajería ni redes sociales. La diferencia, explicó, está en el acompañamiento y en conocer las herramientas que utilizan los chicos.
“Antes conocíamos cuál era el riesgo y qué teníamos que enseñarles. Hoy el escenario cambió y muchos adultos todavía no saben cuáles son los peligros del mundo digital”, sostuvo.
La especialista explicó que el grooming ya no se limita a una red social determinada, sino que se desplaza allí donde están los chicos. Redes sociales, videojuegos online, plataformas de streaming o aplicaciones de mensajería pueden convertirse en espacios de captación cuando no existe supervisión ni diálogo.
Para ilustrarlo recurrió a una comparación tan gráfica como inquietante: “Si tuvieras a tu hijo jugando en el cuarto y entrara un hombre de 63 años, después uno de 47, otro de 48, dos o tres chicos de su edad y varias personas desconocidas, algo pasaría. ¿Quién dejaría entrar al cuarto a toda esa gente?”. Según explicó, eso mismo ocurre en muchos juegos online, donde niños y adultos comparten espacios de interacción sin que las familias sean plenamente conscientes de quién está del otro lado de la pantalla.
Durante el programa también se repasó cuáles son las plataformas más utilizadas por menores de 14 años. WhatsApp, TikTok, YouTube, Instagram y Facebook encabezan la lista, seguidas por Snapchat, Discord, X y Twitch. Más allá de la aplicación, Salvador advirtió que los agresores suelen actuar con rapidez: establecen un primer contacto dentro de una plataforma y luego buscan trasladar la conversación a canales más privados.

En ese contexto, Andrei Serbin Pont relató que cuando su hijo le pidió utilizar Messenger Kids decidió investigar durante varios días antes de autorizarlo. La especialista valoró esa actitud, aunque advirtió que el desafío cambia con el crecimiento de los chicos. “Cuando tenga 12 o 14 años va a aparecer el argumento de la privacidad. Ahí es donde los adultos tienen que encontrar el equilibrio entre respetar esa autonomía y seguir ejerciendo el rol de cuidado”, señaló.
Consultada sobre las herramientas de control parental, Salvador evitó presentarlas como una solución definitiva. “Sirven, pero no funcionan por sí solas”, respondió. Explicó que quienes cometen este tipo de delitos conocen muy bien el funcionamiento de las plataformas y desarrollan estrategias para evitar esos controles. “La captación de los delitos sexuales no pasa solamente porque los chicos entren a sitios con contenido inapropiado. Muchas veces alguien los contacta dentro de una plataforma y enseguida los saca de ahí. Tienen mucha astucia”, advirtió.
La conversación también abordó las dificultades que enfrentan las investigaciones judiciales. Facundo Kablan destacó la complejidad que representan aplicaciones como Telegram para el trabajo de los investigadores. Salvador coincidió y remarcó que, precisamente por esa dificultad, la prevención adquiere un valor todavía mayor. “Si no hablamos con los chicos como forma de prevención, es prácticamente imposible evitar que puedan padecer algún delito”, sostuvo.

Como ejemplo, recordó un caso ocurrido en la provincia de Buenos Aires en el que una menor fue víctima durante años de un abuso sexual virtual por parte de un hombre que se encontraba detenido. El episodio, explicó, demuestra que el daño no depende de la presencia física del agresor.
“Está comprobado que el abuso virtual tiene la misma huella traumática que el abuso físico”, afirmó, al tiempo que rechazó la idea de minimizar estos delitos por desarrollarse a través de una pantalla.
Según explicó, la franja de mayor vulnerabilidad se concentra entre los nueve y los catorce años. “Después empiezan a desarrollar más herramientas para reconocer determinadas situaciones, pero algunos no llegan a tiempo”, lamentó.
Frente a ese escenario, insistió en que la respuesta no pasa por prohibir el uso de la tecnología ni por ejercer un control permanente sobre los hijos. La clave, dijo, es construir confianza y naturalizar las conversaciones sobre seguridad digital del mismo modo que se enseña cualquier otra norma básica de cuidado.
“Así como antes nos decían ‘no te acerques al auto’ o ‘no aceptes cosas de un desconocido’, hoy tenemos que enseñarles cuáles son los riesgos que existen en Internet”, explicó.
Sobre el final de la entrevista, Salvador dejó un mensaje dirigido especialmente a las familias. “¿Tenemos que estar paranoicos o perseguir a nuestros hijos? No. Simplemente tenemos que educarnos, ser conscientes e ir un paso adelante. Si sabemos que un enchufe da corriente, enseñamos que no se toca. Bueno, con Internet tiene que pasar exactamente lo mismo.”
Para la especialista, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz frente al grooming. Y esa tarea, concluyó, empieza mucho antes de instalar una aplicación de control parental: comienza con adultos informados, presentes y dispuestos a comprender el mundo digital en el que hoy crecen niños y adolescentes.
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