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Qué leer esta semana: Fernando Aramburu y el amor en tiempos de ETA; una delicia para los chicos y todo lo que un padre no debe ser

Kafka, Aramburu, Tallec: libros buenos para esta semana

A veces es difícil elegir entre todo lo que hay en las librerías (físicas y digitales). Con lo que cuesta encontrar el tiempo y la pausa para sentarse a leer, A veces cuesta encontrar la pausa para hacerlo. A veces la ansiedad con que vivimos nos hace saltar de un tema a otro. Pero a los que nos gusta leer nos cuesta renunciar a ese placer (hace unos días vi una entrevista a la escritora Selva Almada donde ella decía que podría no escribir, pero ¿no leer? En fin, el tema es qué, qué leer. Y aquí algunas ideas.

Hoy hablaremos de Maite, la última novela del escritor vasco Fernando Aramburu, el que se hizo internacional cuando apareció la serie Patria, basada en una de sus novelas. También de Los QuiénQué ¿Quién?, un libro ilustrado para chicos pero, mejor, para sentarse con ellos y probar posibilidades que no se parecen nada a los videojuegos. Finalmente, una carta tremenda, sin anestesia, que le escribió Frank Kafka a su padre cuando el autor de La metaforfosis ya estaba viejo y enfermo pero tenía un par de cosas que decirle a quien amaba tanto sobre el autoritarismo en el que había vivido.

1) “Maite”, de Fernando Aramburu

Aramburu trabaja una serie sobre los vascos -“Gentes vascas”- y, como en Patria, en Maite habla de qué pasó en una sociedad que se dividió y se ensangrentó alrededor de la lucha de ETA. Con la mirada de un personaje, Maite, en particular. Porque mientras ocurre la Historia, también ocurren nuestras pequeñas vidas.

Y aquí, Historia y vida perosnal ocurren juntas: la novela correrá en los días de julio de 1997 en que ETA secuestró -y finalmente mató- a Miguel Ángel Blanco, un concejal de una localidad pequeña, Ermua, que pertenecía al Partido Popular.

Maite está casada con un señor que le gusta mucho, Andoni. Y que es tan correcto tan correcto, tan preciso en los gestos del amor que una… un poco desconfía. Más cuando el hombre, que es oftalmólogo se tiene que ir unos días a un congreso de su especialidad en Madrid. Y alguien, por teléfono, le avisa a Maite que, en realidad, él está ahí nomás, retozando con una amante.

Fernando Aramburu, un escritor que no es neutral (AFP)

La mujer no está “en política” pero si es parte de quienes no quieren más violencia y, cuando hay manifestaciones en ese sentido, va. Vive el secuestro, esos días en que está sola, como algo que le pasa a ella. Digo, que le importa.

Pero, mientras tanto, le pasan otras cosas. La madre no está bien, llega la hermana que vive en los Estados Unidos desde hace mucho y no ha vuelto. La hermana que de lejos es todo éxito y sueño americano pero que de cerca… extraña muchísimo, se ha vuelto la más vasca de las vascas y que de a poco irá dejando ver que el paraíso está lleno de problemas.

Maite sigue día a día lo que pasa con el concejal, se pone la cinta que indentifica a quienes rechazan a ETA, habla por teléfono con el marido y, mientras, imagina escenarios -los llama “castillos”- en que interviene en la realidad, tanto para ver dónde está Andoni como para conversar con Blanco.

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La hermana irá creciendo. ¿Por qué nunca vino con sus hijos? ¿Por qué no se lleva nada y parece no querer ninguna huella de su paso por San Sebastián? Y, finalmente, ¿qué son esos moretones?

Por qué leerlo: Porque construye una vida cotidiana que no es banal, porque explora las decisiones que tomamos frente al amor, porque mira qué hacemos con las grandes cosas que pasan quienes no estamos en puestos de relevancia pero tampoco somos indiferentes.

2) “Los Quiénqué ¿Quién?”, de Oliver Tallec

Los Quienqué ¿Quién?

Olivier Tallec es un ilustrador de libros infantiles nacido en Bretaña en 1970, a quien ya conocimos por una obra sutil y política titulada Waterloo y Trafalgar.

Quienqué es, en realidad, una serie. Ahí están los personajes, los Quienqué y una pregunta. Que ahora es ¿Quién? pero en otro libro es ¿Qué? y en otro ¿Dónde? O de pronto los Quienqué se vinculan con otros personajes, en otras historias.

Pero aquí, en Los Quienqué ¿Quién, que editó Siglo XXI, la pregunta es quién y el juego es sencillo. En cada página están todos los personajes y una duda: ¿Quién se comió la mermelada? ¿Quién acarició al gato malo? Y cosas así. Mirando, deduciendo, está la respuesta. Que a veces es sencilla y a veces es polémica.

Por qué leerlo: orque ee trata de mirar, de pensar, de reponer lo que se dice con lo que sabe o con lo que se averigua a partir de las dudas que los dibujos generan. Porque se trata de animarse y de no tener todo digerido. Se trata de vincularse y de jugar.

3) “Carta al padre”, de Franz Kafka

Una noche me dio por gimotear una y otra vez pidiendo agua, no porque tuviera sed, sin duda, sino para fastidiar y al mismo tiempo distraerme. Después de intentar sin éxito hacerme callar con graves amenazas, me sacaste de la cama, me llevaste a la galería, cerraste la puerta y me dejaste un rato allí sólo en camisón”.

Franz Kafka le escribe a su padre. Ya no es un niño, conoce los sufrimientos de la adultez, está enfermo. “Queridísimo padre”, empieza la carta. Pero va a ser un martillo que golpea y golpea sobre ese padre y, a la vez, sobre el corazón del que escribe.

Página a página, Kafka cuenta lo que pasó entre ese niño frágil y ese padre todopoderoso. Detalle por detalle, arma un mapa de lo que un padre no debe ser.

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Autoritario. Despreciativo. Gritón. Amenzante. “Pasados algunos años todavía me atormentaba la idea de que aquel hombre enorme, mi padre, el detentador del poder absoluto, pudiera, sin apenas motivo alguno, aparecer en plena noche, arrancarme de la cama y sacarme a la galería, demostrando con ello lo poquísimo que yo le importaba”, escribe quien ya compuso nada menos que La metaforfosis.

Y algo raro: ese Kafka, Franz, que le dio al mundo el adjetivo “kafkiano”, no se sentía un Kafka hecho y derecho porque ese.. ese era el padre: “Soy un Löwy con un cierto trasfondo de los Kafka”, dice, identificándose con el apellido de su madre. “Tú, en cambio, eres un Kafka de la cabeza a los pies, un hombre fuerte, sano, con buen apetito, vozarrón, elocuencia, autoestima, que se sabe superior a quienes lo rodean”.

Solamente necesitaba apoyo, afecto, reflexiona el hijo, ahora un hombre. Pero ya está, lo que no hubo, no hubo. Y no hay dos Kafkas en la Historia: parece que se hizo justicia.

Por que leerlo: porque es Kafka, porque es a la vez tierno e implacable, porque no te ahorra ninguna angustia y porque te pone un espejo de lo que un chico necesita y de cómo cuidarte de tu propio ego y dejarlo crecer.