
Las lluvias irregulares, el calor y las pérdidas de siembra han colocado a la producción de alimentos bajo presión en El Salvador. Ante ese escenario, el ambientalista Ricardo Navarro planteó la creación de reservas estratégicas de granos básicos y semillas locales para disponer de alimentos en períodos de sequía o dificultades de abastecimiento.
El presidente del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA) analizó los efectos que atribuye al fenómeno de El Niño sobre el territorio salvadoreño.
“Con esto del cambio climático van a venir épocas más frecuentes de vacas flacas”, afirmó en el programa de entrevista matutino Enfoque
Navarro sostuvo que el aumento de las temperaturas y la reducción de las lluvias afectan de manera directa los cultivos. Navarro explicó que algunos productores adelantaron la siembra ante el anuncio de una posible canícula, mientras otros esperaron hasta la segunda quincena de junio; sin embargo, en ambos casos se dieron perdidas.

“Ciertamente que ha sido duro este año en cuanto a la agricultura”, expresó. Añadió que ha conversado con agricultores que le informaron la pérdida total de sus cosechas, mientras que también escuchó estimaciones sobre daños cercanos al 20% en algunos cultivos.
El ambientalista señaló que las condiciones climáticas podrían continuar durante los meses siguientes. “Todo parece indicar que no hemos tocado fondo, que vamos para peor”, dijo al referirse al comportamiento de las lluvias y las temperaturas en el corto plazo.
Para Navarro, la disponibilidad de agua define buena parte de la capacidad de respuesta del sector agrícola. “La falta de lluvia, es automático el problema de los cultivos”, manifestó, al recordar que la producción de granos depende de ciclos de humedad que este año han presentado variaciones.

Los granos importados pueden encarecerse ante interrupciones regionales
El presidente de CESTA sostuvo que la dependencia de importaciones expone al país a aumentos de precios cuando ocurren eventos ambientales, políticos o comerciales en los países proveedores. Según sus cálculos, El Salvador importa cerca del 90% de las frutas, verduras y hortalizas que consume, además de entre 20% y 25% de los granos básicos.
“Cada vez que hay un problema por allá, ya sea político, ya sea ambiental, lo que sea, y que el flujo se interrumpe porque se cierran las fronteras o cualquier cosa, aquí pagamos nosotros las consecuencias”, afirmó.
Navarro planteó que la producción de alimentos debe distribuirse en distintas zonas del país para reducir los costos de traslado y ampliar la oferta. También mencionó la posibilidad de promover huertos familiares, comunitarios y escolares, junto con el aprovechamiento de desechos orgánicos para elaborar abono.
La propuesta incluye reservas de maíz, frijol y arroz, así como la conservación de variedades criollas y nativas. “La semilla hay que protegerla. Nosotros le llamamos santuarios de semillas”, indicó. Explicó que CESTA mantiene experiencias de reserva de granos en algunas de las comunidades donde trabaja.
“Hay que ir garantizando que El Salvador cuenta con su semilla criolla, su semilla nativa, sobre todo la semilla nativa, que es la base de la alimentación”, agregó Navarro. También propuso que las reservas tengan presencia comunitaria, municipal, distrital y escolar.
La sequía y el gusano barrenador suman presión sobre la ganadería
El impacto del déficit de lluvias también alcanza al ganado, según expuso Navarro. La reducción de agua y pasto limita la alimentación de las reses y afecta a productores vinculados con la cadena de leche, queso, crema y mantequilla.
“Las pobres reses están flacas”, comentó. Explicó que, ante la falta de alimento y agua, algunos ganaderos buscan vender animales, aunque la situación también reduce la demanda de compradores que deben asumir su manutención.
A este panorama añadió la presencia del gusano barrenador en el Bajo Lempa, una plaga que puede afectar a los animales. Navarro consideró necesario mantener información disponible sobre su comportamiento para identificar los riesgos y las medidas de contención.
“Si hay un gusano barrenador, hay que hablar de eso, porque hay que ver cómo lo detenemos”, señaló. Para el ambientalista, la coincidencia entre temperaturas elevadas, irregularidad de las lluvias, pérdidas agrícolas, presión sobre el hato ganadero y plagas refuerza la necesidad de contar con semillas y alimentos almacenados en el territorio.













