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Por qué no pudo gritar los goles del Superclásico de la pelota naranja y quién debe atajar en River: mano a mano con Daniel Gazzaniga

Daniel Gazzaniga con sus hijos Gianfranco y Paulo, también arqueros

En vísperas de un nuevo enfrentamiento entre River Plate y Boca Juniors, el recuerdo del Superclásico de la pelota naranja, aquel histórico triunfo millonario en la Bombonera, atraviesa el relato de Daniel Gazzaniga, ex arquero que formó parte de ese plantel multicampeón dirigido por Héctor Bambino Veira. Desde la tribuna, rodeado de hinchas rivales, le tocó vivir una escena única: celebrar por dentro, en silencio, en uno de los partidos más emblemáticos del fútbol argentino.

“Nos tocó celebrar en silencio porque al lado estaban los hinchas de Boca. Nos mandaron a la mitad de la platea y nos tuvimos que tragar el festejo de los goles”, recuerda el oriundo de Murphy, Santa Fe, quien concentró para ese partido, pero quedó afuera del banco de suplentes.

Aquel Superclásico, del que recientemente se cumplieron 40 años, es uno de los más recordados de la historia. Tras su victoria por 2-0, con goles del Beto Alonso, River dio la vuelta olímpica en la mismísima cancha de Boca. “Era un grupo muy unido, sin egos. Todos tiraban para el mismo lado”, recalca Gazzaniga sobre el plantel multicampeón que integró, que logró además en 1986 la Copa Libertadores y la Intercontinental.

Luego de cuatro temporadas en Núñez, y sin poder sumar minutos en Primera, el Flaco Gazzaniga recaló en Instituto de Córdoba en la máxima categoría, siendo suplente de Víctor Civarelli, aunque pudo debutar en Primera. Después, jugó en el ascenso argentino. Arrancó con el Nacional B: Deportivo Maipú fue su destino. Allí supo ser suplente de un histórico de ese club, como Orlando Murcia. En el Nacional B, también jugó en Villa Dálmine (1990/91) y tuvo un breve paso por Colón de Santa Fe en la temporada 1991/92. En 1993, se fue a Ecuador para ponerse los guantes en Deportivo Cuenca. Dos años más tarde, vistió los colores de 9 de Octubre de Guayaquil, con el que se fue al descenso. Con 41 años, se retiró en su lugar de origen, antes de partir para España para transformarse en un docente del fútbol.

La Reserva de River en 1985. Parados: Daniel Gazzaniga, Versaci, Bal , Pando, Sergio Miguez y Parente. Abajo. Ariel Medri, Claudio Caniggia, Juan Bautista Chumba, Adrián Pasceri y Pedro Salaberry

“Para ser arquero, hay que estar un poco loco, si no tenés un grado de locura no podés estar bajo los tres palos”, asegura Gazzaniga en diálogo con Infobae. El ex River es padre de dos arqueros: Gianfranco, que milita en Murcia, y Paulo, que se encuentra en el Girona y con pasado en la Selección Argentina de Lionel Scaloni.

– Daniel, ¿a qué se dedica por estos días?

– Hoy en día tengo dos escuelas de fútbol, una de fútbol y otra de arqueros. Y hoy tocaba la de arqueros, así que hace media hora que llego de la escuela.

– ¿Dónde está viviendo?

– En Almería, España. Cuando Gianfranco, mi hijo más chico, vino a jugar acá, y Paulo se había ido a Londres, decidí venirme a vivir a Almería con el más chico. Después, por esas cosas de la vida, ya me quedé acá en Almería y, bueno, hoy en día Gianfranco está acá cerquita, en Murcia, a 200 kilómetros. Y Paulo lo tengo un poquito más lejos, más al norte, que está ahí en Girona. ¿Cuánto hace que deje de vivir en Argentina? 19 años. Ya estamos radicados acá todos.

– ¿Extraña un poco las costumbres argentinas?

– Sí, claro, obviamente. Nosotros somos de un pueblo de cuatro mil habitantes. Imagínate, uno pasó la infancia ahí y uno extraña todo: la familia, los amigos, el día a día del pueblo. Se extraña, sí. Pero, gracias a Dios, uno tiene la posibilidad de ir una vez al año y es como reoxigenarse y después volver a la rutina.

Gazzaniga hizo gran parte de su carrera en el ascenso

– ¿Le resulta distinta la vida en España?

– Sí, obviamente que sí, dependiendo de la actividad que tengas. Yo ahora, con las escuelas de fútbol, lo podría hacer tranquilamente también en Argentina, pero me tocó acá, estoy acá y muy feliz también de estar donde estoy.

– ¿Cuándo colgó los guantes?

– Los colgué una semana antes de viajar acá a España. Me retiré de manera amateur en mi pueblo, en Unión y Cultura de Murphy, jugando una final. Ese partido empatamos y el domingo siguiente teníamos la otra final, pero yo el lunes tuve que viajar y no la pude jugar. Ese fue mi último partido, con 41 años. Hoy en día, un arquero de cuarenta años está muy bien. Mira al alemán Manuel Neuer, parece un pibe de 20.

– Sus inicios fueron en River, ¿no?

– Sí, allá por el año 83. Tenía diecisiete años cuando llegué desde Murphy. Fueron cuatro años muy lindos en el club. Uno siempre se preparaba para algo así, aunque no pensaba llegar a River. Lo viví muy intensamente, pero también tranquilo, porque los compañeros eran espectaculares y hacían todo más llevadero. Hice inferiores, subí a Reserva y estuve en el banco de Primera durante cinco partidos.

– ¿Le quedó la espina clavada de no poder debutar en River?

– Sí, claro. Lo tenía tan cerquita, pero después por cosas que pasan en el fútbol, uno tiene que tomar decisiones. Pero eran otras épocas. Uno tomaba decisiones solo. A veces pensás “¿por qué me fui?”, pero tampoco me arrepiento, porque hoy tengo la vida que tengo con mis hijos.

– ¿Se apuró en la decisión?

– Sí, la verdad que sí. Podría haber esperado más.

– ¿Lo empujaron a irse?

– No el técnico, pero sí los dirigentes de esa época.

Gazzaniga se retiró a los 41 años

– ¿Cómo vivió la etapa del Bambino Veira?

La mejor etapa de River en su historia. Era un grupo muy unido, sin egos. Todos tiraban para el mismo lado. No había caciques ni nada que se le parezca. Eran personas muy humildes y cercanas. A mí me tocó vivir con ellos y con el Bambino, que era simple para explicar y tenía grandes jugadores.

– ¿Estuvo en la Bombonera en el 2-0 con la pelota naranja?

– Sí, estuve. Lo disfrutamos con los compañeros, pero no podíamos festejar. Estábamos mezclados con hinchas de Boca, así que los goles te los tenías que tragar. Estaba rodeado y no podía decir nada. Te decían por dónde ir y arréglate. Te sentabas en las tribunas como hinchas. Hoy hay palcos, pero en esa época, no había nada. Los goles te los tenías que tragar porque estábamos mezclados en la platea de Boca.

– ¿Recuerda hechos de violencia?

– Había, pero no tan graves. Alguna piedra nos cayó en el micro cuando llegamos al estadio, pero no como hoy. También estaba la Raulito, que venía, decía dos o tres cosas y nada más.

– ¿Con quién competía en el arco?

– Con Nery Pumpido y Sergio Goycoechea, y después llegó el Gato Miguel. En el plantel, además había jugadores muy importantes como Alonso, Oscar Ruggeri, el Negro Enrique, la mayoría campeones del mundo.

– ¿Le tocó atajar en el Monumental?

– Sí, en Reserva, antes de los partidos de Primera. Sentías una adrenalina muy linda, ese cosquilleo al salir al túnel. También, en la Bombonera cuando enfrentábamos a Boca.

– ¿Después de River se fue al exterior?

– No, me fui a Instituto de Córdoba como parte de pago en un pase de Ernesto Corti.

– ¿Le prometieron ser titular?

– Sí, pero no jugué nunca ese año, fui suplente. Después, me prestaron a Maipú de Mendoza y ahí sí, jugué todo el año. En el ascenso tuve más continuidad.

El ex arquero está radicado en España hace varios años

– ¿Es injusto el puesto del arquero?

– Sí, a veces competís con uno solo y no tenés chances. Hoy hay más competencias y rotación. Para ser arquero, tenés que ser un loco. Hay que estar un poco loco, si no tenés un grado de locura no podés estar bajo los palos.

– ¿Tuvo chances de ir a la Selección?

– Estuve en un preseleccionado juvenil, pero no quedé para ir a un torneo en Singapur. El técnico era Carlos Pachamé. Fue en 1983, pero finalmente llevaron a Fabián Cancelarich.

– ¿Cuándo se retiró, siguió vinculado al fútbol?

– Sí, hice el curso de técnico, trabajé dos años en mi pueblo y después me vine a España.

– ¿Hoy hay más oportunidades para los arqueros?

– Sí, en Europa hay muchas más ventanas y ojeadores en todos lados. Antes era más difícil.

– ¿Cómo ve a Paulo y la Selección?

– Tuvo su oportunidad con Scaloni. Jugó contra México y lo hizo bien, no desentonó. Pero sin continuidad en el Tottenham es difícil sostenerse. Yo pensé que su temporada en el Girona le podía dar otra chance, pero no se dio.

-En cuánto al arco de River, hoy está Beltrán, por la lesión de Franco Armani. ¿Cree que cuando vuelva Armani debería ocupar nuevamente el arco como titular o deben mantener a Beltrán por por su presente?

-Obviamente que si el el chico (Santiago Beltrán) es titular es porque lo está haciendo bien y Armani, en su momento, ha salido por una lesión. Estoy dando una opinión muy personal. Yo creo que, al salir por una lesión, Armani tendría que ser respetado por el cuerpo técnico, por todo lo que ha hecho en el equipo y por lo que significa Armani en River. Creo que tendría que volver. Después, bueno, si a Armani no le va bien en los partidos que le toca jugar, bueno, eso ya será una decisión del técnico, sabiendo que atrás tiene un chico que lo puede hacer perfectamente bien. Pero creo que le tendrían que respetar el lugar a Armani por lo que es. Después, tendrá que entrenar y jugar muy bien los partidos, como para que el técnico lo siga poniendo todos los fines de semana.