Ezequiel “Pocho” Lavezzi se sentó con Migue Granados en Olga y, en una charla íntima y sin poses, repasó su historia familiar, su vínculo con sus hijos y los momentos decisivos que marcaron su vida. Alejado de los flashes y las canchas, el exfutbolista mostró una faceta poco conocida: la del hombre de barrio que nunca dejó de ser curioso, que supo disfrutar del éxito, pero que también atravesó pérdidas, procesos personales profundos y reconciliaciones familiares.
La conversación arrancó con el recuerdo de su infancia en Villa Gobernador Gálvez, un barrio humilde de Santa Fe. “Ahí pasé toda mi infancia, empecé a jugar al fútbol, jugaba en cancha de siete. Mis viejos se separaron cuando yo era muy chico, entonces me pasaban a buscar los técnicos para ir a jugar”, relató Pocho en una entrevista con Migue Granados. Entre risas y anécdotas, reconoció que durante la adolescencia dejó de jugar al fútbol, aburrido y desmotivado, y que fue el club del barrio y el apoyo de los suyos lo que lo trajo de vuelta a la pelota.

La figura de la familia aparece una y otra vez en el relato. Lavezzi contó cómo su hermano mayor fue clave en su crianza, asumiendo un rol de padre tras la separación de sus padres. “Éramos tres. Yo era el más chico y mi hermano era el que se ocupaba de toda la familia. A mi viejo lo veíamos poco, mi vieja laburaba todo el día. Entonces, había como un orden de mi hermano, de la parte más de padre. Pero bueno, lo fuimos llevando y la verdad que salió bien”, recordó. El futbolista confesó que, a medida que creció y pudo “elevarse”, empezó a tomar sus propias decisiones, pero que el vínculo familiar nunca se perdió.
La charla con Migue derivó en uno de los temas centrales: la paternidad. Lavezzi fue papá por primera vez a los 20 años, cuando jugaba en San Lorenzo. “Era la novia de mi barrio. Estuve con ella, tuvimos a Tomi y, bueno, después las cosas no se dieron, pero tengo una buena relación”, compartió. Hoy, Tomás tiene 21 años y el vínculo entre ambos está atravesado por la distancia, el esfuerzo y, también, la culpa. “A uno siempre le genera un poco de culpa el no haber estado tanto, pero también era lo que me tocaba. Yo tenía que proyectar mi futuro, verlo cuando se podía, disfrutar lo que se podía y lo entendí también así”, explicó el exfutbolista, que durante años jugó en Europa y debió manejar las ausencias.

Al hablar de cómo conoció a la madre de su hijo más pequeño, Lavezzi fue tan espontáneo como siempre. “Nos conocimos en Punta (del Este). Un día yo estaba haciendo una juntada en casa, así con gente social y vino con una amiga y nos conocimos. Pegamos buena onda, seguimos hablando y hoy estamos juntos”, relató. El exfutbolista admitió que la llegada de su segundo hijo, Vittorio, en 2024, fue una sorpresa, pero que lo vivió con felicidad y con la madurez que la experiencia le dio: “Tenía ganas y que me agarre en esta edad, me siento mucho más maduro y con ganas de disfrutar todo lo que no pude con el anterior”.
El vínculo con sus hijos es una prioridad para Lavezzi en esta nueva etapa. “Tratar de vivir todas esas situaciones que te contaba, llevarlo al colegio, acompañarlo a una plaza, estarle cerca, disfrutándolo y que él disfrute de su papá también”, dijo sobre su hijo menor. Sobre Tomás, confesó que en algún momento le pidió perdón por no haber estado tanto, pero que su hijo entendió que el sacrificio y la distancia eran parte de un proyecto familiar más grande: “Si yo no hacía el tema de seguir jugando en Europa no era bueno para nadie, porque había un montón de gente que dependía de mí y vos tenías que asumir esa responsabilidad para que la gente esté bien”.

Hoy, Lavezzi dice que disfruta de lo simple: un asado con amigos, una copa de vino, aprender cosas nuevas, acompañar a su familia. “Me gusta aprender, soy curioso”, repite. No reniega de su pasado, ni de su presente, y agradece lo vivido. “Nunca me puse a pensar lo que quería. Siempre la fui curtiendo así, en el día a día y ver cómo venía. La verdad que no me quejo porque me tocó vivir una vida que nunca pensé”.














