Al menos 161 movimientos sísmicos se han registrado en Azuero y zonas cercanas desde el terremoto que sacudió Panamá el viernes 9 de octubre, según un recuento actualizado de los registros del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá.
Del total, cinco alcanzaron magnitudes de entre 6.0 y 6.9, otros 33 estuvieron entre 5.0 y 5.9, mientras que 105 se ubicaron entre 4.0 y 4.9 y 18 entre 3.0 y 3.9.
El movimiento principal ocurrió a las 12:56 p. m. del viernes, con epicentro a 39 kilómetros al noroeste de Tonosí, en la península de Azuero, y una profundidad de cuatro kilómetros.
La sucesión de temblores ha mantenido en alerta a miles de residentes, especialmente en Herrera, Los Santos y Veraguas, donde numerosas familias pasaron la noche fuera de sus viviendas por temor a nuevos movimientos.

Entre los eventos posteriores de mayor intensidad sobresalió un sismo de magnitud 6.9 registrado a las 3:25 p. m. del viernes, en las proximidades de Coiba. Otros cuatro movimientos alcanzaron magnitudes superiores a 6 durante esa jornada, mientras las réplicas continuaron durante el sábado, prolongando la incertidumbre en las comunidades afectadas.
El registro del Instituto de Geociencias muestra que la actividad sísmica persistió durante la mañana y las primeras horas de la tarde del sábado. Entre los movimientos más recientes figuran uno de magnitud 4.6, a las 2:24 p. m., al noroeste de Tonosí, y otro de magnitud 4.2, a las 2:44 p. m., al sur de Santiago.
El balance de las autoridades da cuenta de daños en viviendas, centros educativos, hospitales, iglesias, carreteras y edificios públicos. El Gobierno informó que 419 escuelas resultaron afectadas, mientras los equipos de emergencia continúan las evaluaciones estructurales para determinar cuáles inmuebles pueden utilizarse sin representar riesgos para sus ocupantes.
Las afectaciones se concentran principalmente en Herrera, Los Santos, Veraguas y sectores de Coclé, entre ellos Penonomé. En distintas comunidades, las imágenes difundidas en redes sociales muestran paredes agrietadas, techos desprendidos y estructuras parcialmente colapsadas, aunque todavía no existe una evaluación definitiva que permita establecer el alcance total de los daños.
En la provincia de Herrera, las iglesias de Parita y Los Pozos figuran entre los inmuebles históricos afectados. En Parita, el templo colonial perdió parte de su campanario, mientras que en Los Pozos la caída de la torre y parte de la fachada principal se convirtió en una de las imágenes más representativas de la destrucción provocada por el terremoto.
La situación también alcanza a hospitales y otras instalaciones de atención médica, donde los movimientos obligaron a adoptar medidas preventivas y reorganizar temporalmente algunos servicios. En Aguadulce, provincia de Coclé, se reportó que varios nacimientos fueron atendidos en espacios improvisados, mientras el personal sanitario procuraba mantener la asistencia a los pacientes en medio de la emergencia.
En Veraguas, videos difundidos en redes sociales muestran daños considerables en cementerios, donde algunos nichos habrían quedado destruidos y dejaron expuestos los ataúdes. Las imágenes reflejan posibles afectaciones en estructuras funerarias, aunque se requiere una inspección oficial para determinar la cantidad de sepulturas dañadas y las condiciones de seguridad de estos recintos.
El terremoto también provocó interrupciones preventivas en servicios e instalaciones públicas, mientras especialistas revisaban posibles afectaciones estructurales. Las autoridades han insistido en la necesidad de evitar el ingreso a edificios que presenten grietas, desprendimientos o daños visibles, hasta que personal técnico determine si reúnen las condiciones necesarias de seguridad.
Ante la magnitud de la emergencia, Estados Unidos se sumó a las acciones de apoyo a Panamá mediante la coordinación con las autoridades nacionales. Entre los recursos movilizados figuran aeronaves de transporte para distribuir asistencia humanitaria, destinadas a respaldar las labores de atención en las comunidades afectadas.

El apoyo estadounidense se desarrolla en coordinación con las autoridades de seguridad y emergencia de Panamá, mientras se contempla la participación de especialistas en evaluación de estructuras. La asistencia busca fortalecer la capacidad de respuesta ante los daños, particularmente en las zonas donde el acceso y las inspecciones representan mayores dificultades.
Durante la noche del viernes y la madrugada del sábado, numerosas familias permanecieron en patios, calles y espacios abiertos, utilizando colchones, frazadas y toldas para resguardarse. La continuidad de los movimientos impidió que muchos residentes pudieran dormir, mientras seguían atentos a los boletines del Instituto de Geociencias y a las recomendaciones de los organismos de emergencia.
Más de un día después del terremoto, el principal desafío continúa siendo determinar la magnitud real de los daños y garantizar la seguridad de la población. Mientras avanzan las inspecciones en Herrera, Los Santos, Veraguas y Coclé, la persistencia de los movimientos sísmicos mantiene la incertidumbre entre quienes todavía no saben cuándo podrán regresar con tranquilidad a sus hogares.












