
Panamá mantiene una de las economías más abiertas de América Latina, pero también una fuerte dependencia de las mercancías provenientes del exterior.
Entre el 1 de enero y el 25 de junio de 2026, los registros de la Autoridad Nacional de Aduanas reflejan operaciones de importación por $7.882,2 millones, en valor CIF, y exportaciones por $923,8 millones, en valor FOB, lo que arroja un déficit comercial de mercancías de $6.958,4 millones.
Las cifras corresponden a operaciones aduaneras registradas durante ese período, por lo que incluyen declaraciones de exportación tramitadas ante Aduanas y no son directamente comparables con las estadísticas de exportaciones nacionales que posteriormente consolida y publica el Instituto Nacional de Estadística y Censo bajo su propia metodología.
Aun así, los registros ofrecen una radiografía clara de los bienes que ingresan y salen del país, así como de la dinámica comercial que sostiene una economía cuyo principal motor continúa siendo la prestación de servicios.

El déficit comercial no representa una novedad para Panamá. A diferencia de otras economías de la región, el país importa buena parte de los bienes que consume y utiliza para su actividad productiva, mientras genera una porción importante de sus ingresos mediante servicios como el Canal de Panamá, el sistema portuario, la Zona Libre de Colón, el centro bancario internacional, la aviación, las telecomunicaciones y el turismo.
No obstante, las cifras aduaneras muestran la magnitud del desequilibrio. Entre enero y el 25 de junio, las importaciones registradas por Aduanas fueron 8.5 veces mayores que las exportaciones: por cada $1 en mercancías enviadas al exterior, ingresaron al país $8.5 en bienes importados.
Esa relación refleja el peso del consumo interno, la actividad logística y la dependencia de insumos externos en una economía altamente integrada al comercio internacional.
Entre los principales productos importados destacan combustibles derivados del petróleo, vehículos, maquinaria industrial, equipos electrónicos, teléfonos celulares, computadoras, medicamentos, productos farmacéuticos, plásticos, productos químicos, fertilizantes, materiales para la construcción, carnes, lácteos, cereales y diversas preparaciones alimenticias.

La composición de las importaciones refleja la dependencia del país de insumos destinados al comercio, la construcción, la industria, el transporte y la logística, además del abastecimiento de bienes de consumo para el mercado interno.
Estados Unidos se mantiene como uno de los principales proveedores de Panamá, seguido por China, México, Brasil, Colombia y otros mercados de América, Europa y Asia que abastecen al país de mercancías de alto valor agregado, materias primas y productos terminados.
Las operaciones de exportación muestran una canasta más reducida, aunque con señales de diversificación. Entre los principales bienes enviados al exterior sobresalen camarones, cables eléctricos, envases de aluminio, banano, madera de teca, harina y aceite de pescado, chatarra metálica, sandía, azúcar y café, además de otros productos agrícolas, pesqueros e industriales.
Los registros también incluyen operaciones vinculadas a metales preciosos, pero estas deben leerse como movimientos aduaneros y no necesariamente como producción minera nacional, tomando en cuenta que Panamá no mantiene actualmente una actividad de minería metálica activa.
La precisión es importante porque la base analizada corresponde a registros operativos de Aduanas y puede incluir operaciones de exportación, reexportación, mercancías previamente importadas o movimientos bajo regímenes especiales.

Por ello, el monto de $923.8 millones no debe interpretarse automáticamente como exportaciones nacionales netas, sino como el total de operaciones aduaneras de salida registradas durante el período.
Estados Unidos figura nuevamente entre los principales destinos de las mercancías panameñas, junto con mercados como Costa Rica, Países Bajos, India, España, Cuba y otros países de Centroamérica, Europa, Asia y el Caribe.
Aunque la diferencia entre importaciones y exportaciones de mercancías supera los $6.900 millones, especialistas suelen advertir que ese indicador debe analizarse junto con la balanza de servicios. Panamá obtiene miles de millones de dólares cada año gracias a actividades como el Canal, los puertos, la logística, la aviación, el sistema financiero y la Zona Libre de Colón, ingresos que compensan parcialmente el déficit registrado en el intercambio físico de bienes.
Sin embargo, las cifras también muestran uno de los principales retos de la economía nacional: aumentar el valor agregado de la producción destinada a los mercados internacionales.
En los últimos años, el país ha impulsado estrategias para fortalecer la agroindustria, ampliar la oferta exportable, abrir nuevos mercados y facilitar la internacionalización de pequeñas y medianas empresas.

El objetivo es reducir gradualmente la dependencia de las importaciones y generar una mayor participación de productos nacionales en el comercio mundial.
Otro aspecto que revelan los registros aduaneros es el papel de Panamá como plataforma regional de distribución. Una parte importante de las mercancías que ingresan al país no está destinada exclusivamente al consumo nacional, sino que alimenta cadenas logísticas, procesos industriales y operaciones comerciales vinculadas con la redistribución hacia otros mercados, aprovechando la infraestructura portuaria y la conectividad que ofrece el Canal de Panamá.
Con un comercio exterior que supera los $8.800 millones en operaciones aduaneras durante el primer semestre, la economía panameña mantiene su vocación comercial y logística.
El desafío sigue siendo el mismo: transformar esa posición estratégica en una mayor capacidad para producir y exportar bienes con mayor valor agregado, fortaleciendo así uno de los componentes pendientes de su crecimiento económico.













