Una de las herencias de José Mujica a su delfín Yamandú Orsi fue el vínculo con el presidente de Brasil, Lula da Silva. Fue el primer dirigente político internacional al que fue a ver tras ser electo en noviembre de 2024 y en este año y medio de mandato se han visto varias veces. El último encuentro fue el 21 de septiembre, en Nueva York, cuando destacaron la amistad que los unía.
Si bien Orsi había expresado su intención de mantener un buen vínculo gane quien gane las elecciones, la preferencia por Lula da Silva era indisimulable.
La victoria de Lula da Silva de este domingo representa, de alguna forma, un alivio para el mandatario. Un triunfo de Bolsonaro hubiera significado que se quede sin jefes de Estado afines en la región: Claudia Sheinbaum hubiera sido la única mandataria de izquierda, junto a él, en el lejano México.
“Acabo de comunicarme con el presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, un amigo. Lo felicité por el triunfo y por la fiesta democrática que representa un proceso electoral”, escribió el presidente uruguayo en la red social X.
El viernes previo a las elecciones, Orsi había expresado ante periodistas su sorpresa porque las encuestas mostraban que había un escenario “más parejo” de lo pensado. “Cualquiera sea el resultado, el Uruguay tiene que tener la mejor relación con ese gigante que más que un país es casi un continente”, dijo.

La preferencia de la izquierda uruguaya por Lula
Después de la primera vuelta, Orsi había dicho que el vínculo de afinidad que tenía con Lula da Silva no iba a condicionar el posicionamiento del país si Bolsonaro era electo.
“Hasta ahora los ejemplos que hemos tenido de elecciones en otros países no han ido en ese sentido. La afinidad o los conocimientos que uno tenga con las personas no pueden interferir en lo que son las relaciones entre los países. Mi relación con los países vecinos ha sido la misma con uno o con otro gobierno. Veremos cómo avanzamos ahora, de acuerdo al resultado que venga. Pero no hay que entreverar los tantos”, expresó el día después del resultado de la primera vuelta.
Pero si bien Orsi no apoyó explícitamente a Lula en sus últimas declaraciones, la preferencia de su gobierno hacia el candidato del Partido de los Trabajadores era indisimulable. De hecho, Alejandro Sánchez, uno de los jerarcas más cercanos al mandatario, había expresado a Búsqueda su preocupación por un eventual triunfo de Bolsonaro.

“Acatamos la democracia y como gobierno tenemos relaciones institucionales con los países, más allá de quien gobierne. Pero aspiramos a que gane Lula, porque hay discursos preocupantes del otro lado, sobre el Mercosur y otros temas”, expresó Sánchez, el secretario de Presidencia, quien tiene un rol similar a la figura del jefe de gabinete en otros países.
En el Frente Amplio, la coalición de izquierda a la que pertenece Orsi, el respaldo fue aun más explícito. El presidente de la fuerza política, Fernando Pereira, estuvo este fin de semana en Brasil apoyando a Lula.
“Hoy lo que he sentido durante el día, me trajo a la cabeza hazañas uruguayas, o la llegada al primer gobierno de Lula. Siento una emoción y una energía tan bonita, que sale del abrazo de los compañeros/as. El protagonismo popular está jugando un papel trascendente. ¡Lula presidente!”, escribió Pereira en su cuenta de Instagram, tras participar del acto de cierre de campaña en la Avenida Paulista.

Lo mismo sucedió con el Movimiento de Participación Popular (MPP), el espacio político de Orsi. Incluso la viuda de Mujica, Lucía Topolansky, cercana a Orsi, envió mensajes de respaldo.
Pero Orsi buscó diferenciarse del posicionamiento del Frente Amplio: “La fuerza política es la fuerza política; el gobierno es el gobierno”.













