Después de imponerse en su batalla judicial con Elon Musk, OpenAI —la creadora de ChatGPT, valorada en 852.000 millones de dólares— sigue encaminada hacia lo que podría ser una de las mayores salidas a bolsa de la historia.
Musk buscaba la destitución de su compañero cofundador de OpenAI, el director general Sam Altman, entre otros cambios en la empresa, y un resarcimiento de 150 millones de dólares. Pero Altman difícilmente ha salido ileso, tras declaraciones de testigos que le calificaron de deshonesto.
En un momento de creciente preocupación por los impactos de la inteligencia artificial, el juicio histórico también arrojó nueva luz sobre los defectos y las ambiciones desmedidas del reducido número de multimillonarios que dirige el desarrollo de esta tecnología revolucionaria.
El juicio fue un recordatorio, manifestó Sarah Kreps, directora del Instituto de Política Tecnológica de la Universidad de Cornell, “de cuánto depende todavía el futuro de la IA de un grupo sorprendentemente pequeño de figuras tecnológicas poderosas y de sus rivalidades personales”.
“El juicio puso de relieve no solo una disputa entre Musk y Altman, sino una desconexión más amplia entre las personas que construyen estos sistemas y muchas de las personas de quienes cada vez más se espera que vivan y trabajen junto a ellos”, señaló Kreps.
Musk había acusado a OpenAI, a Altman y a su principal lugarteniente, Greg Brockman, de traicionar una visión compartida para que siguiera siendo una organización sin fines de lucro dedicada a orientar el desarrollo de la IA para el bien de la humanidad. Altman, por su parte, acusó a Musk de intentar obstaculizar a la creadora de ChatGPT en beneficio de su propia empresa de IA.
Un jurado federal de nueve personas en Oakland, California, determinó el lunes que Musk esperó demasiado para presentar su demanda y no cumplió un plazo legal. Tras un juicio de tres semanas que incluyó cientos de pruebas y testimonios de algunos de los nombres más importantes del sector tecnológico, el jurado deliberó menos de dos horas antes de emitir un veredicto que, en esencia, se basó en una cuestión técnica.
Musk afirmó que apelará y calificó a la jueza Yvonne Gonzalez Rogers, quien presidió el juicio, como una “terrible jueza activista de Oakland, que simplemente usó al jurado como una hoja de parra” para crear un mal precedente. “¡Acaba de entregar una licencia gratis para saquear organizaciones benéficas si puedes mantener el saqueo en silencio durante unos años!”, escribió Musk en su plataforma de redes sociales X.
Regarding the OpenAI case, the judge & jury never actually ruled on the merits of the case, just on a calendar technicality.
There is no question to anyone following the case in detail that Altman & Brockman did in fact enrich themselves by stealing a charity. The only question…
— Elon Musk (@elonmusk) May 18, 2026
Fue la segunda gran derrota de Musk en los tribunales en menos de dos meses.
La jueza Gonzalez Rogers dejó claro desde el inicio del juicio que no quería que se convirtiera en un debate sobre los peligros de la IA. Pero las preguntas sin resolver sobre los riesgos que plantea la IA —pérdidas de empleo, problemas de salud mental e incluso la extinción de la humanidad— sirvieron como telón de fondo del proceso, en el que manifestantes criticaron tanto a Musk como a Altman y se convirtieron en una presencia habitual fuera del tribunal federal.
Los carteles de los manifestantes declaraban que los verdaderos perdedores eran las personas corrientes, cuyas vidas están siendo trastocadas por una industria controlada por multimillonarios desconectados de la realidad que no logran llevarse bien entre ellos.
“Este es un microcosmos curioso de este momento, en el que tenemos una tecnología enormemente importante que está siendo desarrollada por corporaciones con fines de lucro dirigidas por personas como Musk y Altman, y no como parte de alguna iniciativa encabezada por el gobierno”, comentó la profesora Dorothy Lund, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia.
El juicio dejó al descubierto algunos de los turbios engranajes internos de Silicon Valley, con correos electrónicos, entradas de agendas y, en ocasiones, vergonzosos intercambios de mensajes de texto presentados como prueba. Los mensajes entre Altman y un exejecutivo de OpenAI se convirtieron en material para memes y en tema de canciones paródicas.

El juicio arrojó luz sobre la destitución de Altman de la junta directiva de OpenAI en 2023, para luego regresar a su cargo unos días después. Varios testigos, incluidas dos exintegrantes de la junta, Helen Toner y Tasha McCauley, dijeron que había preocupaciones sobre la honestidad de Altman.
Durante el juicio, OpenAI rechazó las acusaciones de traición de Musk por considerarlas un caso infundado motivado por el resentimiento, destinado a socavar el rápido crecimiento de la empresa y a reforzar la propia compañía de inteligencia artificial de Musk, xAI, que ahora forma parte de SpaceX.
Tanto SpaceX, de Musk, como OpenAI están planeando enormes salidas a bolsa, al igual que Anthropic, que fue fundada por un grupo de siete exlíderes de OpenAI.
“Son muchos trapos sucios que no se ven muy atractivos, supongo, y eso puede perjudicar su reputación y puede tener efectos posteriores en todo tipo de cosas que uno ni siquiera puede anticipar”, expresó el profesor Carl Tobias, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Richmond. ”Pero, ya sabe, la IA probablemente seguirá avanzando y continuará incluso aunque no sea OpenAI”.
The Associated Press














