
Volver a jugar juntos en la selección olímpica de Estados Unidos fue para LeBron James “todo y más”, mientras Stephen Curry resumió la experiencia en Mind the Game con una frase breve: “Fue increíble”.
En Mind the Game, ambos contaron que la convivencia en el equipo exigió ajustar liderazgos y aceptar menos protagonismo en partidos de 40 minutos, con la presión añadida de responder en momentos decisivos. También reconstruyeron la semifinal ante Serbia como el punto de quiebre y explicaron que el cierre del torneo salió de una mezcla de instinto, ejecución colectiva y confianza mutua.
LeBron James recordó que en los entrenamientos Devin Booker y Anthony Edwards repetían que esperaban “uno de esos partidos de Steph”. Según relató en Mind the Game, dentro del grupo ya percibían que esa noche estaba cerca.
Cómo encajaron sus roles en el equipo
James explicó en Mind the Game que reunir a tantas figuras en poco tiempo obligó a reajustes inmediatos: “Pasas de un partido de 48 minutos a uno de 40 minutos… no te das cuenta hasta que juegas en esos partidos lo rápido que pasan esos cuartos de 10 minutos”.

El alero añadió que el peso ofensivo de cada uno se reducía de forma drástica y que eso alteraba la lógica habitual de juego: “A veces es difícil entrar en ritmo… así que, ¿qué puedo hacer que todavía impacte en la victoria? Y esa fue nuestra mentalidad”.
Curry admitió que esa adaptación también tuvo un costo personal en su primer torneo olímpico: “No quieres ser el tipo que no rinde en un momento que podría definir si ganamos o perdemos, especialmente en ese vestuario”.
James describió esa exigencia con una imagen sobre lo que veía después de cada práctica: “Podíamos verlo después de la práctica… Él estaba agotado… ‘Ya viene. Aquí viene. Ya viene’”.
La espera hasta el partido de Curry

Curry recordó en Mind the Game una entrevista tras el partido contra Puerto Rico, cuando le preguntaron si sentía que se acercaba una gran noche: “Sí, solo estoy esperando con paciencia”.
James contó que pasaba junto a él en ese momento y que la escena desató la risa del grupo: “Hermano, el tipo lo oyó y empecé a reírme a carcajadas. El momento no pudo ser mejor”.
La expectativa interna, según ambos, no nacía de una inquietud por los números sino de la convicción de que esa explosión iba a llegar. Curry resumió luego ese tramo decisivo con una frase: “Mis mejores 10 minutos de la vida”.
La remontada ante Serbia que cambió el torneo
Curry situó el punto de quiebre en la semifinal ante Serbia, cuando el reloj empezó a apretar al equipo de Estados Unidos. “Sentí el pánico”, dijo antes de recordar el cierre del tercer cuarto: “Hombre, estábamos 15 abajo”.

James describió el cambio de tono en el banquillo como una situación de urgencia. “Esto es como el presidente rompiendo el vidrio… bueno. Vamos, ahora”.
Curry relató que encontró las primeras grietas en la defensa rival tras un arranque difícil: “Fallé mis primeros tres… y en ese momento pensás, ‘Está bien’. Ahí es cuando empezás a sentir la energía”.
A partir de ahí, señaló, todo empezó a encadenarse: “Bloqueos a tiempo, transición, encontrándome en la esquina… yo estaba aprovechando. Eso nos mantuvo en partido hasta que el último cuarto nos dio una oportunidad”. El base resumió ese tramo con una idea que James compartió de inmediato. “Fueron como 10 minutos del mejor básquetbol”, dijo Curry; James respondió: “El mejor básquetbol”.
Curry señaló un único punto flojo dentro de ese dominio y luego subrayó el nivel del rival: “No podíamos tomar un rebote defensivo. Pero salvo eso, fue básquetbol perfecto en ambos lados… Serbia jugó un partido de matrícula de honor”.

James llevó esa misma sensación al plano personal: “Es uno de los mejores partidos que jugué en mi vida”.
Del instinto en la pista al cierre del torneo
Sobre la secuencia final del torneo, Curry insistió en que no hubo cálculo. “No lo pensé”, dijo antes de recordar una conversación con James cuando la diferencia se redujo a tres: “Vos agarrá la pelota, yo voy a ponerte una cortina”.
Explicó que la intención inicial era calmar el partido con una penetración o una visita a la línea de tiros libres, pero la jugada tomó otro rumbo: “Cuando tiró ese pase, fue como si la memoria muscular se hiciera cargo”.

Curry detalló después cómo leyó cada una de esas posesiones: “En la última, nada en mi cabeza… en la segunda, Nicolas Batum dudó medio segundo. Y ahí entré”.
En la tercera canasta vio una acción colectiva más que una maniobra individual: “Me cerraron, pase, pase a Book, penetración por línea de fondo. Eso es como en la práctica… fue la continuación de buenas posesiones después de tres minutos de posesiones horribles”.
También rechazó la idea de una serie aislada de tiros imposibles y la situó en el plano colectivo, según el pódcast: “Todos estábamos en estado de fluidez… Yo obviamente terminé la jugada, pero fue simplemente gran básquetbol”.
James rebajó la épica con humor al recordar su celebración anticipada tras el último triple. Curry bromeó con que creyó que se había detenido la jugada, porque su compañero salió por la línea de fondo y miró al banquillo cuando todavía quedaba una posesión defensiva.













