
La abogada Vanessa Rial, quien se convirtió en un emblema de la lucha contra la violencia de género en La Plata, murió a los 50 años luego de permanecer varios días internada por una neumonía bilateral en un centro de salud de esa ciudad.
Rial alcanzó notoriedad en 2016, cuando logró una condena ejemplar de 37 años de prisión contra Jorge Martínez Poch, el hombre que la secuestró durante dos meses y la sometió a torturas, abusos sexuales y humillaciones extremas.
Después del juicio, dedicó su vida a acompañar a otras mujeres víctimas de violencia de género, convirtiéndose en una referente.
Según precisaron medios platenses, la abogada permanecía internada desde el 25 de junio pasado. Su cuadro, provocado por una neumonía bilateral, se agravó tras sufrir un accidente cerebrovascular. La muerte ocurrió el miércoles de esta semana, aunque la noticia se conoció recién el jueves y generó un profundo pesar entre sus familiares, allegados y organizaciones sociales.

El caso
El 31 de agosto de 2016, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 de La Plata dictó una condena ejemplar contra Poch. Ese día, los jueces Juan José Ruiz, Carmen Palacios Arias y María Isabel Martiarena impusieron una pena de 37 años de prisión al acusado, encontrándolo culpable de abusar de sus dos hijas cuando eran menores de edad, además de secuestrar, golpear y violar a Rial.
En ese entonces, el juez Ruiz explicó que el Tribunal tenía la intención de aplicar una condena aún mayor, pero no era posible por las limitaciones legales. La fiscal María Florencia Budiño había solicitado una pena de 40 años para Martínez Poch, basándose en la gravedad y la comprobación de los hechos.
Respecto al caso de Rial, el tribunal determinó que Martínez Poch fue responsable del delito de privación ilegal de la libertad agravada, cometido mediante violencia y amenazas, en concurso real con abuso sexual con acceso carnal reiterado, calificado por el grave daño a la salud mental de la víctima y por la participación de dos o más personas. La extensión y las circunstancias de los hechos configuraron un sometimiento sexual gravemente ultrajante para la víctima.
También se lo halló culpable de corrupción de menores agravada, cometida mediante violencia, amenaza, intimidación y por tratarse de sus propias hijas.

Torturas y humillaciones sexuales
A lo largo del juicio, Vanessa expuso los detalles del calvario que atravesó. Conoció a Poch en 2013, cuando un amigo los presentó en un bar. En ese momento, el disc jockey se identificó como un ingeniero graduado en Estados Unidos, viudo y padre de dos hijas adultas, con quienes afirmaba mantener una “excelente relación”.
“Me pareció encantador, seductor, era haber encontrado al Príncipe Azul, pero al tercer día de la relación me dio la primera paliza y me mostró toda su maldad”, relató ante el tribunal.
Vanessa indicó que Poch la obligaba a tener relaciones sexuales con sus amigos y a realizar prácticas sexuales aberrantes con una perra. Solo logró escapar una vez, aunque finalmente el agresor la localizó en Cañuelas.
Bajo la amenaza de que mataría a su madre, Rial regresó con Martínez Poch. Él volvió a encerrarla en su departamento, la sedó y la golpeó. La policía la rescató el 23 de septiembre de 2013, luego de que Eduardo Rial, el padre de la joven, denunciara su desaparición.
La víctima debió describir ante los jueces los tormentos sufridos para que comprendieran la magnitud de su experiencia. En una ocasión, Martínez Poch le arrancó las uñas de los dedos gordos de ambos pies con unas tenazas y la obligaba a beber su orina con frecuencia.
“Yo quería escapar, siempre quise escapar pero no tenía voluntad debido al alcohol y las pastillas que me obligaba a tomar”, explicó Vanessa en su testimonio.
En cuanto a las hijas, ambas declararon durante el juicio que fueron sometidas a continuas violaciones. Sus relatos estuvieron marcados por detalles de una “larga pesadilla que duró desde que las niñas tenían entre 7 y 8 hasta que cumplieron 15 y 16”.

La vida después de la condena
Según reconstruyó el medio 0221, Rial formó parte del equipo de la Municipalidad de La Plata encargado de asistir a víctimas de violencia de género durante la gestión del exintendente Julio Garro.
En el último tiempo, enfrentaba serios problemas económicos y había recurrido a distintos paradores y pensiones de la ciudad. Tras su muerte, su madre quedó en situación de calle y hoy recibe ayuda de una empleada judicial de La Plata, que la alojó de manera provisoria en su casa.













