
La cuarta edición de los Premios Martín Fierro de la Moda dieron inicio pasadas las nueve y veinte de la noche, sin embargo, la alfombra roja-conducida por Zaira Nara y El Chino Leunis-dio lugar para que las estrellas puedan mostrar los increíbles looks por los que apostaron en esta nueva edición del galardón.
Marta Fort deslumbró en los Premios Martín Fierro de la Moda con un vestido de Claudia Arce. En una noche donde la moda y el homenaje se fusionaron, la modelo e influencer se convirtió en una de las presencias más notorias de la gala, destacando tanto por su estilo como por la carga simbólica de su atuendo.
La pieza elegida para esa ocasión fue diseñada especialmente por Claudia Arce. Se trató de un vestido de alta costura, confeccionado en crepé suizo y enteramente bordado a mano con cristales, que definió una silueta sirena favorecedora. La falda se prolongó en una cola imponente, realizada en tul de seda, enriquecida con capas de tules troquelados que generaron volumen, movimiento y una textura de alto impacto visual.


El detalle central del vestido estuvo directamente vinculado al legado familiar de la protagonista. La diseñadora incorporó los crucifijos originales de uno de los rosarios de su padre, Ricardo Fort, engarzados con delicadeza tanto en el frente como en la espalda del diseño. Este gesto transformó la prenda en una pieza de homenaje personal, fusionando la memoria íntima con el arte de la costura y la exhibición pública en una noche de gala.
La llegada de Marta Fort a la ceremonia se convirtió en uno de los momentos más fotografiados de la noche. El ingreso en el mítico Rolls-Royce que perteneció a su padre no solo reforzó el homenaje, sino que recreó una de las imágenes más reconocidas del espectáculo nacional, evocando la figura de Ricardo Fort y el vínculo familiar con el mundo del entretenimiento y la moda. Esta elección no pasó inadvertida para los presentes ni para los medios, que capturaron el instante y lo multiplicaron en redes sociales y portales de noticias.
El segundo homenaje llegó de la mano de Julieta Poggio quien sorprendió en la alfombra roja con una verdadera performance. Inspirada en los inicios de Susana Giménez y en su influencia sobre el estilismo argentino, la actriz apostó por un look audaz y teatral que se destacó de inmediato entre los asistentes y fotógrafos.


Para la ocasión, Julieta lució el pelo cobrizo, evocando la imagen de Susana en la película “La Mary”, y llegó acompañada por sus propios “Susanos”: dos amigos vestidos con smokings negros y la cara cubierta por un velo negro, en clara alusión al séquito que acompañaba a la diva en sus apariciones públicas. Esa puesta en escena reforzó el homenaje y aportó un guiño lúdico al universo de la farándula nacional.
El vestido, una creación de Pucheta-Paz, fue una pieza de alto impacto visual. Largo, de color blanco, con transparencias y bordados que envolvieron la silueta de Julieta en una trama de encaje y recortes, el diseño realzó la figura de la actriz y aportó un aire sensual, moderno y teatral. El escote asimétrico y la falda con pequeña cola completaron la composición, consolidando a Julieta como una de las grandes protagonistas fashionistas de la noche.
La llegada de Julieta Poggio a la gala, envuelta en un tapado blanco generó uno de los momentos más comentados del evento. La elección de los zapatos blancos de plataforma sumó un guiño de audacia y altura a la composición general, permitiendo que el vestido se desplegara en todo su esplendor sobre la alfombra.

El maquillaje, realizado por ella misma, acompañó la apuesta con un delineado marcado, piel luminosa y labios nude. La melena suelta, con ondas y flequillo, terminó de recrear el homenaje a la Susana de los años 70, fusionando pasado y presente en una sola imagen.














