
Marina Calabró no es de las que se sientan a hablar de sí mismas con facilidad. Lo admite sin rodeos y con cierta incomodidad apenas se lo señalan. Periodista, politóloga de formación, hija de uno de los apellidos más pesados del espectáculo argentino (el de Juan Carlos Calabró), construyó su propio lugar en la televisión a fuerza de columnas, paneles y una voz que se fue volviendo reconocible en el mapa del entretenimiento local. Esta vez, sin embargo, hizo una excepción: habló con Teleshow en una entrevista en la que repasó su carrera, la figura de Jorge Lanata como referente, la crueldad que dice haber vivido en los medios, su relación con Rolando Barbano y la adolescencia de su hija Mía. Todo, en el marco del lanzamiento de su nuevo proyecto televisivo.
Mientras continúa con su ciclo radial Calabró1079 en El Observador, con su conducción y la de Luis Ventura, este lunes 8 de junio a las 16:30 llegará a la pantalla de América con Primicias Ya. El programa cubrirá la actualidad del espectáculo con una dinámica, dice, de redacción televisada. “La idea es que todo empiece a pasar en vivo, trabajar los temas como si hubiera una redacción donde hay dos editores, un equipo periodístico que propone, el cronista que busca, la redacción que chequea”, explica Calabró.
El panel lo integran Marcela Coronel, Santi Sposato y Damasia Ochoa; los móviles estarán a cargo de Rafa July y Oliver Quiroz; la redacción tendrá al frente a Juan Pablo Godino y colaborará Pablo Montagna. Cada conductor tendrá sus segmentos propios: Ventura con Sin mordaza, su clásico espacio de trastienda mediática, y Calabró con Aplauso, medalla y beso, la columna que sostuvo durante una década junto a Lanata y luego en el ciclo de Sergio Lapegüe. “Va a haber un repaso de los temas del espectáculo con algún dato o algún diferencial de info propia, algunos análisis de audiencia”, adelantó la conductora.
El programa ocupa el horario que dejó A la tarde con Karina, el ciclo que Karina Mazzocco condujo durante cinco años en América antes de que le levantaran el programa. Ese dato no pasó desapercibido en la charla con Teleshow, y fue el punto de partida de una conversación que Calabró encaró con la misma mezcla de franqueza que la caracteriza.

— Tu programa llega después de la despedida de Karina Mazzocco. ¿Les pusieron un piso de rating desde el canal? ¿Cómo se maneja esa presión?
— La presión es la que uno mismo se pone en la lógica de los números del canal. Si me preguntás, tendríamos que arrimar a los 2 de promedio, por lo menos para una primera etapa de aceitar el programa y acostumbrar al público. Es remar un horario que hoy no está haciendo ese número. Y además nos toca en el mes del Mundial. El día que juega Argentina te rompe al medio, pero no a nosotros solos, sino a todos en general.
— ¿Y cómo afecta ese contexto al lanzamiento?
— Nos va a dar un margen para aceitar el formato, pero por otro lado vamos a transpirar porque es un mes donde la atención está en otro lado, donde las señales deportivas cobran preponderancia, donde Telefe tiene derechos de transmisión de partidos. Pasó el mundial pasado, pasó históricamente: el mundial complica el encendido de aquellos que no transmiten los partidos.
— ¿Cómo es trabajar con Luis Ventura? ¿Qué dinámica tienen?
— Con Luis veníamos trabajando en A24, donde él hacía la parte de espectáculos de nuestro segmento de noticias con Facundo Pastor. Y en Infama siempre nos salvaba haciendo móviles desde donde fuera. Siempre cuando a uno se le escapa un dato: “Che, Luis, ¿qué sabés de esto?” Es siempre una fuente de consulta. Ni hablar del Martín Fierro, que es una usina inagotable de información del espectáculo. Mi relación con Luis es de familiaridad y de admiración, porque es uno de los referentes de este oficio. Es un tipo muy generoso, muy relajado, y creo que eso va a hacer el laburo muy fácil.
— Hay que seguirle el paso, ¿no?
— ¡Ay, no, por Dios! A veces la gente me dice “trabajás mucho”. Y sí, porque no ven lo que trabaja Ventura. Al lado de Ventura somos todos vagos. Somos todos subempleados. El otro día lo llamo, que Mirtha había dicho esto de que el Martín Fierro de Wanda era un arreglo, y me dice: “Mirá, ahora estoy pegando las chapitas en las bases de los Martín Fierro de Portales”. Él, literalmente. Si no existiera habría que inventarlo a Ventura.

— En tu despedida del ciclo de Lapegüe lo definiste como un bicho raro de la televisión, en el buen sentido. ¿Qué te sorprendió cuando lo conociste?
— Lapegüe es un tipo bueno, de buena madera, que no tiene dobleces, que no tiene segundas intenciones, que nunca va por atrás, que nunca teje, que es cero lobista y un apasionado de su trabajo. Es hipergeneroso y supersensible. Una rara avis. No tiene esa cosa entre la picardía y la avideza de estar especulando, tejiendo, rosqueando. Además es un conductor de la hostia que maneja las breaking news como nadie. Hace muy fácil lo complejo y tiene una enorme ductilidad. Tenemos algún amigo en común, como Baby Etchecopar, que siempre me habló maravillas de él, pero me sorprendió muy gratamente conocer a Sergio, a Bochi, a Mica. Es gente muy amorosa, muy sensible, muy cálida, muy generosa.
— Y en esa misma despedida dijiste que en la televisión impera la crueldad. ¿Te pasó sufrirla en algún momento en particular?
— Sí, claro. Fue todo tan público y tan evidente. Cuando fue el episodio de aquel Martín Fierro, fue tema de estado, se armó el Boca-River. Es lógico porque fue un hecho recontrapúblico donde era imposible pretender que no se opine. Pero después de ahí fueron muchos meses de estar en una picota que me resultó dolorosa. Me la banco porque son un poco las reglas del juego.
— ¿Y con Karina Mazzocco hablaste? ¿Cómo quedó la relación con ella?
— Sí, claro. Yo venía hablando mucho con ella desde que se oficializó el levantamiento. El viernes de la semana anterior a la convocatoria que me hace Juan Cruz Ávila, nos la cruzamos con Rolando en un restaurant, ella estaba con su familia, y nos quedamos charlando como 40 minutos de cómo había sido todo. Yo siempre me puse muy de su lado, porque era muy fan de A la tarde, de esa idea del programa como escribanía donde se dirimían cuestiones de herencias, de divorcios, de patrimonios, de estafas. Y además me dio mucho material. A Lanata le fascinaba que le contara de la escribanía de Karina. De hecho lo rebautizamos “Karina a la tarde”, porque antes estaba Fantino y era Fantino a la tarde. Yo decía que Karina merecía un destaque. Mi principal preocupación era hablar con ella para que no pensara que algo de todo esto se venía cocinando desde antes o que yo sabía, intuía o tenía algún tipo de rumor sobre la posibilidad de reemplazarla. Por suerte A la tarde, con Karina, era un programa de la misma productora, con lo cual ella estuvo siempre al tanto del minuto a minuto de cómo se dieron las cosas, y me creyó, y le creyó a Ventura. Me parece una conductora espectacular que ha manejado un programa dificilísimo. Sostener un programa cinco años es un éxito en televisión.

— Vos arrancaste hablando de política en los medios y después fuiste virando hacia el espectáculo. ¿Por qué se dio ese vuelco?
— Fue medio de casualidad. Más allá de una participación chiquita a los 17 en el viejo Canal 9 con Guillermo Andino y Mabel Marchesini, después hice la carrera de Ciencias Políticas y estuve esos cinco años abocada a estudiar. Me recibí de politóloga el 29 de noviembre del 96. Al día siguiente me llaman y era la secretaria del doctor Hadad, que me proponía incorporarme a su proyecto radial, que en ese momento era FM News, que después fue La Mega y un año después armó Radio Diez. Él fue el que me metió en el periodismo político. Después trabajé con Walter Graziano, hicimos un programa de política y economía, y después con Mauro Viale, donde yo era columnista de actualidad.
— ¿Y cuándo apareció el espectáculo?
— Lo primero que hice fue una temporada en Mar del Plata, donde Carlos Monti me llamó para ser su cronista. Y después me llama Guillermo Blanc para hacer su programa. Yo dudé un montón porque venía muy enfilada para la actualidad y la política. Pero como en mi familia se veía mucho el programa y mi viejo era re fan, terminé diciéndole que sí sin mucha convicción. Y de ahí pegué una seguidilla: seis o siete temporadas de Yo Amo la TV, Contalo contalo con Monti, Hechiceras del espectáculo con Marziotta, Coronel y Dlugi, cinco temporadas de Infama, Intrusos entre el 2015 y el 2018, y después DDM. Creo más en las causalidades, como diría Moria, pero fue a partir de esa propuesta de Blanck que empecé a virar.
— Nombrás mucho a Lanata siempre. ¿Él fue tu gran maestro?
— Lanata es una marca muy potente en mi carrera. Confió en mí para hacer una columna de espectáculos y me dio un montón de espacio. Había veces que hacía 45 minutos, a veces una hora, donde él me cargaba y decía “Calabró sin filtro”. Y eso en un conductor que representa lo que representaba Lanata no es usual. Hay mucho prejuicio con el periodismo de espectáculos, y los conductores en general juegan a los distraídos cuando tienen un columnista de espectáculos. Él se involucraba, se embarraba, opinaba, era más duro que yo en las opiniones, y eso le dio a mi columna visibilidad y lucimiento. Lo digo yo y es un comentario más, pero lo dice Lanata y todo era título.

— ¿Y más allá de la columna?
— Me impulsó mucho a involucrarme en las notas políticas, en los debates que proponía el programa. Al terminar la primera temporada me dijo: “Quiero que sigas el año que viene. Lo que necesito es que te involucres más en los temas de actualidad, que te la creas más. Sos periodista, sos politóloga, olvidate de que sos panelista”. Eso me dio una visibilidad que después hizo que me llamara Juan Cruz Ávila para conducir. Y además se preocupaba genuinamente por lo que nos pasaba. Cuando terminó TV Nostra, me armó una entrevista con Ricardo Ravanelli de TN, que juro que Ravanelli tenía interés menos cuarenta en recibirme. Pero se lo pidió Lanata. Nunca le era indiferente lo que nos pasaba.
— Esta semana, cuando hablaste de tu papá, te quebraste. ¿Qué se te cruzó por la cabeza en ese momento?
— Creo que estoy resensible por todo lo que se mueve antes de un debut. Las inseguridades, la ansiedad, la incertidumbre. Siempre es un momento incómodo la previa, por lo menos para mí. Y creo que se me cruzó en el sentido de ese acompañamiento que falta, en el sentido literal de la expresión, no en el simbólico. Porque sé que está, porque sé que va a hacer el aguante, porque sé que debe estar contento donde esté. Pero creo que siempre que me hablan de él me quiebro, y especialmente esta vez por estar uno vulnerable antes de un debut.
— ¿Tiene que ver también con el cambio de trabajo?
— Soy una persona muy estructurada, muy de rutinas. Cuando ya tu cabeza está formateada y creés que tenés el año armado, generar cambios a mediados de año me moviliza mucho. Estábamos realmente muy bien con Lape, el número acompañaba, la columna estaba consolidándose, más El Observador, más mi programa en A24. No fue sin dolor la partida, un poco por lo mismo que hablábamos al inicio de la charla.

— La semana que viene empieza también tu hermana Iliana con un programa. ¿Cómo lo están viviendo? ¿Se apoyan, se llaman, se dan consejos?
— Sí, re. Estamos superpendientes la una de la otra. También parece muy movilizante para ella. Además está haciendo la gira de Viuda e Hijas y está en el programa de Jime Monteverde, así que está tapada de trabajo. Lo que está bueno es que más allá de que nos toca competir un ratito, hacemos cosas muy distintas. Iliana va a hacer un programa más de servicios, más federal, porque es la Televisión Pública. El problema en realidad no lo tenemos ni ella ni yo. Lo tiene Coca, que tiene 87 años. Las dos le vamos a tomar examen a ver si me vio a mí o la vio a ella.
— ¿Cómo estás hoy con Rolando?
— Bien, felices. Él también está tapado de laburo. Siempre nos hacemos momentos. Y además él es muy bueno para ayudarme a desconectar, a mí me cuesta mucho más que a él. Yo salgo del programa y ya me quedo como: “Esto lo hicimos mal, esto estuvo mal resuelto”. Soy como muy pesada. Él es más de hacer y de dejar atrás. Me ayuda a no enroscarme en cuestiones que además ya son irremediables.
— ¿Y se siguen el uno al otro en el trabajo?
— Estamos muy pendientes. Yo lo miro en lo de Rossi, después lo pongo en YouTube y lo voy escuchando mientras manejo hacia la radio. Él me mira en A24 y trata de escucharme lo que puede. Después yo lo miro en Resu, que él hace un streaming con Fervo, con Juli Poggio, con la Reini, con Agus García. No es que vos hacés la tuya, yo hago la mía y después contame cómo te fue. Estamos muy pendientes apuntalándonos entre los dos, porque si no lo hacemos nosotros, ¿quién si no?

— ¿Consolidados en la relación?
— Sí, re. Felices, enamorados. Ahora haciendo planes de vacaciones. Teníamos algo pensado para septiembre, pero con el estreno no sé si estarán dadas las condiciones, con lo cual empezamos a apuntar a enero. Siempre proyectando.
— Cuando dijiste planes, enseguida pensé en casamiento…
—(Ríe) Siempre está en los planes. Se verá.
— ¿Y un hermanito o hermanita para Mía?
— No, no, no. Estamos bien así. Mía ya cumplió 17. La semana que viene, si Dios quiere, saca el registro. Otro no, estamos en otra frecuencia.
— ¿Ya tiene 17? ¿Y qué quiere hacer? ¿Seguir tus pasos, los de la tía?
— Cero. Ella es perfil rebajo. Cero periodista, cero actriz, cero modelo, cero nada. Va a estudiar Derecho. Tendremos una abogada. Esperemos no necesitarla, que no lleguen cartas documento ni querellas. Pero siempre viene bien tener un abogado a mano.
— ¿Y cómo lidiás con su adolescencia? Hoy los peligros que corren las chicas están a la orden del día.
— Es así. Pero estoy siempre alerta y hay un grupo de mamás que estamos todas cubriéndonos las espaldas. Pero ella es muy tranquila, muy madura para la edad. No da trabajo, como decía mi viejo. Yo le tengo muchísima confianza, pero porque se la ganó. Nunca defraudó esa confianza que le doy y esa libertad que le doy. Es fácil ser su mamá.













