
Argentina fue objeto, en los últimos días, de campañas internacionales que señalan la existencia de racismo y xenofobia en el país. Esas campañas tienen origen en Estados Unidos, Francia, España e Inglaterra, entre otros países. El debate se da en un contexto en el que la segregación racial institucionalizada en Estados Unidos tuvo vigencia legal hasta mediados de la década de 1960, con fin formal en la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohibió la discriminación por raza, color o religión en lugares públicos, y la Ley de Derecho al Voto de 1965.
La presencia africana en Argentina tiene raíces profundas que contradicen el relato de un país exclusivamente europeo. Entre 1777 y 1812, más de 700 barcos transportaron 72 mil esclavos africanos al puerto de Buenos Aires y Montevideo. Hacia 1810, aproximadamente un tercio de los 40 mil habitantes de la capital era de origen africano, lo que significa que la ciudad no contaba con mayoría blanca al momento de la Revolución de Mayo.
El tráfico de personas esclavizadas tuvo su centro neurálgico en el actual emplazamiento de la plaza San Martín de Buenos Aires, conocido entonces como “el retiro de los esclavos”, nombre que daría origen a la denominación del barrio. Los africanos introducidos al territorio provenían principalmente de las regiones de la actual Angola, la República Democrática del Congo y Guinea Ecuatorial, y pertenecían en su mayoría al grupo étnico de habla bantú.

La distribución territorial de la población africana
El censo realizado por Juan José de Vértiz y Salcedo en 1778 registró una presencia africana que superaba a la población blanca en varias regiones del interior: el 54 % en la actual Santiago del Estero, el 52 % en Catamarca, el 46 % en Salta y el 44 % en Córdoba. En la propia ciudad de Buenos Aires, el mismo relevamiento contabilizó 15.719 españoles frente a 7.268 mulatos y negros.
Los barrios porteños de San Telmo y Montserrat, denominado este último “el barrio del Tambor”, concentraron gran parte de esa población. La ciudad de Corrientes conserva hasta hoy el topónimo “Camba Cuá”, expresión guaraní que significa “cueva de los negros”, como testimonio de esa historia.
Las estructuras comunitarias que sostenían la vida social
Los africanos esclavizados y libertos desarrollaron tres tipos de organizaciones para preservar su identidad y protegerse mutuamente. Las cofradías, de carácter religioso, garantizaban a sus miembros un funeral digno y sepultura en tierra consagrada; entre las más antiguas figuran la de San Benito de Palermo, fundada en 1769, y la de San Baltasar, en 1772. Las “naciones”, sin vínculo con la Iglesia, reunían a personas según su origen étnico —Conga, Cabunda, Mozambique, entre otras— para preservar lenguas, danzas y rituales.

Las asociaciones de socorros mutuos otorgaban préstamos para comprar la libertad propia o la de familiares; la primera de estas sociedades se fundó en 1855. La investigadora Marisa Pineau señaló que “los esclavos, como todos los grupos subalternos, actuaban, tenían iniciativa y agencia”, y destacó que “nos impregnaron de saberes” en medicina, agricultura, trabajo de la madera y el hierro.
El rol de los africanos en las guerras de independencia
José de San Martín reconoció explícitamente el valor de los soldados afrodescendientes en una carta fechada el 14 de octubre de 1816 desde el cuartel general de Mendoza. En ella solicitó al gobierno que habilitara a los esclavos para acceder a ascensos militares: “No puedo concebir que la Nación se perjudique porque la esclavatura pueda ascender más allá del destino del soldado”, escribió.
Entre los afrodescendientes que participaron en la gesta independentista se cuentan el sargento Juan Bautista Cabral, hijo de la angoleña Carmen Robledo, y el héroe Bernardo de Monteagudo. María Remedios del Valle, conocida como “la madre de la patria”, recibió el grado de Capitana del general Manuel Belgrano por su valor en combate; años después, Juan Manuel de Rosas le restituiría una pensión cuando la encontró mendigando en las iglesias de Buenos Aires.
El período rosista y el apogeo de la cultura afroargentina
La llegada de Rosas al poder, entre 1829 y 1852, marcó el momento de mayor influencia de los africanos en la sociedad porteña. Durante su gobierno, la población negra de Buenos Aires alcanzó el 30%. De esa época data la consolidación del carnaval en su forma actual, así como el desarrollo del candombe y la milonga, ritmos que pasarían a integrar el acervo cultural del Río de la Plata.

La Constitución Nacional de 1853 abolió la esclavitud, aunque la reforma de 1860 completó el proceso al extender la libertad a los esclavos extranjeros introducidos por sus amos en territorio argentino.
Las causas de la desaparición demográfica de los afrodescendientes
La merma de la población africana en Argentina respondió a múltiples factores. Las epidemias de cólera y fiebre amarilla diezmaron las barriadas afrodescendientes del litoral porteño. La participación masiva y forzada en la infantería durante las guerras de emancipación redujo drásticamente la población masculina. El mestizaje progresivo y la migración hacia Uruguay y la costa del Perú también incidieron en esa contracción.
A esos factores se sumó la manipulación censal: los registros oficiales consignaban el término “trigueño” en lugar de afrodescendiente, contribuyendo a construir el mito de una “Argentina pura y blanca”. Hoy, más de 15 mil argentinos mantienen algún vínculo con África.
La huella africana en la cultura argentina abarca desde la música hasta el lenguaje cotidiano. El candombe, el malambo, la milonga y el uso del bombo y el tambor tienen raíz africana. Términos de uso extendido como mucama, quilombo, bochinche, mondongo, catinga y milonga provienen de lenguas africanas y se incorporaron al lunfardo. La canción de cuna “Arrorró” también tiene ese origen.
Entre los afrodescendientes que dejaron marca en la historia cultural del país figuran Cayetano Alberto Silva, autor de la “Marcha de San Lorenzo” e hijo de la esclava africana Natalia Silva; el payador Gabino Ezeiza; el guitarrista de jazz Oscar Alemán; el compositor y pianista Horacio Salgán; y el futbolista Héctor Baley, campeón del mundo en 1978.

El reconocimiento oficial y los casos de discriminación documentados
El Estado argentino reconoció el aporte africano mediante la ley 26.852, que proclamó el 8 de noviembre como Día Nacional de los Afroargentinos y de la Cultura Afro, en conmemoración a María Remedios del Valle. La fecha coincide con la del nacimiento de quien el general Belgrano distinguió en el campo de batalla.
No obstante, persisten antecedentes de discriminación institucional. El 22 de agosto de 2002, María Magdalena Lamadrid, descendiente de africanos en quinta generación, fue retenida durante seis horas por funcionarios de la Dirección Nacional de Migraciones. Lamadrid viajaba a Panamá en representación de la organización África Vive para participar en un encuentro sobre la vida y obra de Martin Luther King Jr. Según el relato de la afectada, una oficial le dijo que “no podía ser argentina si era negra”.













