
Cada parte que acude a una negociación tiene el claro objetivo de lograr satisfacer ciertas necesidades propias. Lo que puede variar, en función de la estrategia, es qué tanto nos importará también que la otra parte satisfaga esos objetivos. Así se abre un espectro que va desde la ultra competencia a la ultra cooperación. En la primera, las partes están exclusivamente centradas en su interés; en la segunda, en el propio y en el ajeno. La mirada competitiva toma una analogía directa del mundo del deporte: en la cancha, uno busca ganarle al otro. Yendo al extremo cooperativo, el tono picaresco de la disputa desaparece y abre camino a la idea de que un empate es lo más recomendable.
Hay una pregunta crucial para decidir el mejor camino: lo que pase en la negociación hoy, ¿cómo impactará en la de mañana? Se abre una nueva dicotomía que tiene que ver con el corto plazo versus el largo plazo. Si opto por competir hoy, reclamando valor a costa del de la otra parte (le gano 2 a 0), en un próximo encuentro la otra parte reclamará su “revancha”, llevando la negociación a una espiral competitiva. Dicho de otra forma, terminaremos pronto en un 0 a 0 eterno, con el agregado de un titular muchas veces leído: “los equipos repartieron miserias y se quedaron con sabor a poco”.
Hay una pregunta crucial para decidir el mejor camino: lo que pase en la negociación hoy, ¿cómo impactará en la de mañana?
Por eso negociaciones de largo plazo, como las típicas que se dan entre gerentes de distintas funciones en una empresa, o entre clientes y proveedores que interactúan en relaciones comerciales, toman en cuenta la conveniencia cooperativa de mejor dejar de ganar un poco hoy, para que los dos podamos ganar sostenidamente el día de mañana.
En el orden político, el encuentro reciente entre Xi Jinping y Trump en China entra en la misma categoría de análisis. Que el resultado de la Cumbre haya sido la búsqueda de una “estabilidad estratégica constructiva”, es justamente la muestra de un énfasis en la cooperación por sobre la competencia. El empate por sobre el triunfo no sustentable.
Hay un giro del gobierno de Trump al pedirle a las empresas de semiconductores de Taiwán que instalen su producción en EEUU, o en otro orden, al advertir a la isla que no vería con buenos ojos su declaración formal de independencia. Este último punto, sobre todo, refleja un objetivo de China, no de EEUU, y en boca de Trump es un claro gesto de interés por la otra parte, en definitiva, de cooperación.
EEUU buscó asimismo en esta Cumbre satisfacer sus propias necesidades de equilibrar la balanza comercial con China, de poder colocar en ese país su excedente de petróleo, y de que China los ayude, en términos diplomáticos, a poder liberar el estrecho de Ormuz y sellar la paz con Irán.
Hay un giro del gobierno de Trump al pedirle a las empresas de semiconductores de Taiwán que instalen su producción en EEUU
Todos estos puntos están en la agenda de China también, en tanto quiere ver aliviadas sus restricciones para la exportación a EEUU, y como gran importador de petróleo es dependiente del estrecho de Ormuz y comparte el mismo interés en que el conflicto allí se termine.
Previo a este encuentro, la relación entre ambas potencias estaba en una competencia “medida”. La guerra comercial, el caso de TikTok y las amenazas cruzadas sobre el apoyo de China a Rusia en Ucrania son un claro ejemplo de relaciones que eran más hostiles que amables.
Resta finalmente un análisis sobre los costos de esta flamante cooperación. Muchos sostienen que para Trump es una muestra de pérdida de liderazgo global. Parece más bien una mirada pragmática orientada a un equilibrio sostenido en el largo plazo. Ya sea por intereses electorales en las elecciones legislativas de noviembre, o por una mirada más “estadista”, Trump parece haber dejado de jugar cada partido con la única intención de ganarlo, aun cuando su retórica deportiva siempre encuentre frases de ocasión que sigan alimentando a su hinchada.
El autor es Coordinador Académico y Profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral. Coautor del libro “El Arte de la Negociación Posicional”













