Ayer martes, el juez federal Jorge Ernesto Rodríguez procesó a los doce detenidos por el intento de robo al Banco Provincia de Baradero, uno de los episodios más curiosos de la historia criminal reciente.
Siete de ellos terminaron con prisión preventiva, entre ellos el presunto líder de la banda, Carlos Daniel Maidana, una figura oscura del submundo, un ex oficial de la PFA vinculado a financistas de narcos y policías corruptos, convertido en buchón de la Justicia, que delató sin éxito al ex fiscal Claudio Scapolán. El resto, hampones de menor prontuario, quedaron en libertad pero atados al proceso. Los embargos fueron notables. Maidana, por ejemplo, quedó congelado en $30 millones.
La historia del golpe es casi cómica. Parece una película de Woody Allen, un cuento de ladrones fracasados, “una ensalada de cacos viejos”, definió un investigador del caso a la banda. Los hampones intentaron taladrar un túnel desde una ferretería contigua para llegar a la bóveda del banco, sin saber que la Superintendencia de Investigación de Delitos Complejos de la Policía Bonaerense los seguía, en una investigación conjunta con la DUOF Morón de la PFA, a cargo del secretario Claudio Galdi. Una alarma que activaron los forzó a huir. No hubo ningún boquete; apenas llegaron a raspar el piso.

Así, huyeron despavoridos. No sabían que, del otro lado, en la calle, la Bonaerense los esperaba. Todos terminaron detenidos mientras intentaban escapar en dos camionetas. Les encontraron armas, una cantidad notable de herramientas, taladros, bolsas de escombro que nunca llegaron a llenar. El aguantadero de Maidana en Moreno, que compartía con otro miembro de la banda, fue allanado poco después. Le encontraron un fusil FAL y una camioneta con pedido de
Pero más curioso todavía es cómo se descubrió el intento de robo.
El juez Rodríguez apuntó en su procesamiento que una “denuncia anónima” fue “recibida mediante mail” en la casilla oficial de la Superintendencia de Investigaciones de Delitos Complejos y Crimen Organizado. El término soplar la bolsa se aplica en la calle para una delación ante la policía, una buchoneada. Un detective al tanto del caso se ríe: “Esta fue la soplada de bolsa del año”.

Muy clarito todo
El texto adjunto en el mail era rico en detalles. Describía, para empezar, “la existencia de una organización criminal dedicada a planificación de robos a entidades bancarias en la modalidad de “boqueteros”“, continuó el magistrado en su texto. El mail delator apuntaba a dos blancos posibles: la banda robaría el Banco Provincia en Morón -lo que motivó la intervención del Juzgado Federal N°3 de la jurisdicción- o, en su defecto, la sucursal en Baradero.
El mail, recibido por las autoridades el 19 de mayo pasado, “parecía escrito por un abogado, todo redactado en vocabulario jurídico”, afirma una fuente clave en el caso. “De hecho, quien lo escribió se presentó como un abogado”, continúa otro investigador. En el texto, el denunciante anónimo adjuntó los nombres de tres de los doce sospechosos. Esos tres nombres se convirtieron en la primera pista a investigar.
El primero en esa lista de buchoneados, precisamente, fue Carlos Daniel Maidana, el presunto líder de la banda que, años atrás, había sido un buchón él mismo.

¿El mail fue básicamente una cáscara? ¿Se trata en realidad de un informante callejero, de alguien cercano a la banda? Las fuentes consultadas ratifican que se trató, literalmente, de un correo en una casilla.
De vuelta en los tribunales de Morón, el equipo del Juzgado Federal N°3 le preguntaba y repreguntaba a la Bonaerense por el dato. Los detectives de Delitos Complejos respaldaron la información. Así, comenzó una serie de cotejos de líneas telefónicas, seguimientos encubiertos. La casa ocupada por Maidana en la calle Estrada al 2100, zona de Paso del Rey, fue el primer blanco.
Los seguimientos siguieron hasta el día anterior al intento de robo fracasado. La investigación descubrió que Maidana se congregó con el resto de la banda en las inmediaciones del Banco Provincia en Baradero, sobre la calle Laprida. Volvieron al día siguiente, cuando el plan se les arruinó por una alarma que, por lo visto, desconocían completamente.













