El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, condenó “enérgicamente” el bombardeo masivo que Rusia lanzó en la madrugada del jueves contra Kiev, el más devastador contra la capital ucraniana desde el inicio de la invasión en febrero de 2022. El ataque, sostenido durante once horas, dejó al menos 20 civiles muertos y más de 90 heridos, según las autoridades ucranianas.
El portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, transmitió la posición de Guterres en un comunicado: “Los ataques contra civiles y contra infraestructuras civiles, dondequiera que se produzcan, constituyen una clara violación del derecho internacional humanitario y deben cesar de inmediato”. La condena se produjo horas después de que los equipos de emergencia continuaran extrayendo víctimas de entre los escombros de edificios residenciales derrumbados en la ciudad.
Rusia lanzó un total de 496 drones y 74 misiles, entre ellos 24 balísticos, según la Fuerza Aérea ucraniana. Las explosiones comenzaron alrededor de las 2 de la madrugada y se sucedieron en oleadas hasta el amanecer. El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, informó de daños en al menos 30 puntos de la ciudad, principalmente viviendas e infraestructura civil. El alcalde declaró el viernes día de luto oficial en la capital. En el distrito de Darnytskyi, seis plantas de un edificio de nueve pisos se desplomaron; en Desnianskyi, personas quedaron atrapadas bajo los escombros de otro edificio dañado. Un centro médico resultó también alcanzado, con cinco trabajadores de la salud heridos, uno de ellos en estado crítico.
El presidente Volodímir Zelensky había advertido desde Dublín, donde participaba en una visita a Irlanda, que Moscú preparaba un “ataque masivo”. Acortó su agenda y regresó a Kiev antes del inicio del bombardeo. Tras conocerse el balance de víctimas, volvió a reclamar a sus aliados mayor apoyo en defensa antiaérea, en particular el desbloqueo de licencias para producir misiles interceptores para los sistemas Patriot. “El suministro de sistemas de defensa aérea es una prioridad absoluta y crítica”, afirmó en sus redes sociales, con la vista puesta en la cumbre de la OTAN prevista para el 7 y 8 de julio.
Moscú presentó el bombardeo como una respuesta a los ataques ucranianos contra instalaciones petroleras rusas. El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber apuntado a plantas de ensamblaje de drones, fábricas de componentes para misiles y depósitos de combustible. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, advirtió que Rusia seguirá “incrementando la presión sobre el régimen de Kiev”. Las autoridades ucranianas publicaron imágenes de bloques residenciales destruidos que contradicen la versión rusa sobre la naturaleza exclusivamente militar de los objetivos.
El ataque se inscribe en una espiral de escalada que ha marcado los últimos meses del conflicto. Ucrania ha intensificado sus operaciones de largo alcance en lo que Zelensky describió como una “ofensiva relámpago de 40 días” dirigida a golpear la industria petrolera y forzar a Moscú hacia la negociación. El 2 de junio, un bombardeo ruso con 656 drones y 73 misiles dejó 23 muertos en Ucrania. La ofensiva terrestre rusa de primavera-verano de 2026 no logró avances significativos, según evaluó el Instituto para el Estudio de la Guerra con sede en Washington.
Más de 16.000 civiles ucranianos han muerto desde el inicio de la invasión, según Naciones Unidas. El conflicto acumula más de cuatro años y ha generado más de dos millones de bajas militares en ambos bandos, de acuerdo con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. La condena de Guterres adquiere peso político en vísperas de la cumbre atlántica, donde la magnitud del bombardeo del jueves reavivará el debate sobre el nivel de apoyo armado a Ucrania y los límites del compromiso occidental.














