
Estamos viendo una Argentina distinta, con el genio de siempre, pero es una Argentina que, si la comparamos con este ciclo grande, no estamos acostumbrados a ver, con una selección que pasó mucho tiempo sin la pelota en estos dos partidos del Mundial 2026. Es cierto que los partidos se ganan en las áreas y que, si bien no fue nada exigido el Dibu Martínez, y tenemos a Messi para definir, para redondear las jugadas, que no es poco, es mucho; es una Argentina que no gobierna los partidos. O sí, quizá desde la inteligencia, desde el pragmatismo, desde el saberse superior y esperar que se ganen los partidos en jugadas.
Ha sabido aguantar, y eso hace que siga siendo bastante temible y pueda eliminar a ciertos rivales sin el riesgo de perder los partidos, porque el riesgo siempre está. Lo de Messi ya es redundante. El tipo se repuso a un penal errado, tiene una mente prodigiosa. Yo creo que a veces les destacamos mucho las cualidades a los jugadores y soslayamos el poder de la mente que tienen para estar veinte años como número uno, para ser el centro de atracción de todo el mundo y asumir esa responsabilidad con una naturalidad asombrosa, para tener treinta y nueve años y seguir haciendo jugadas que no hacen chicos de dieciocho, diecinueve, veinte años. Pero la mente es la plataforma en la que todo lo demás termina siendo posible.
El efecto que tiene esa cabeza en sus pies es mucho, además del don de jugar, saber jugar al fútbol, saber definir; todo eso ya ha sido sumamente descripto por todos. Creo que Argentina no recuperó bien la pelota contra Austria, se lo vio incómodo, con un mediocampo absorbido por la tenacidad y la presión fanática del rival. Pero también Argentina tiene otra cosa: tiene tanta calidad para descomponer presiones en controles, en pases, en giros, que no tiene Austria. Entonces, Austria llevó el peso del partido, Austria lo domina, pero hay cosas en el fútbol que no se entrenan, que se tienen o no se tienen. O sea, el entrenamiento aporta, otorga un perfeccionamiento de la estrategia, de la táctica, de algunas individualidades. Si Austria hubiese tenido a Messi hoy quizá ganaba el partido, pero es nuestro, es argentino y por eso posibilitó que, a pesar de que el equipo era dominado sin sufrir demasiadas situaciones de gol, porque fue una Austria sin talento, teniendo a Messi gana los partidos.
Hago un ejercicio a futuro, una proyección. Cuesta pensar que con esto le alcance a la selección argentina contra selecciones poderosas. Y es por eso que, si bien en este partido el entrenador no se animó a tocar el equipo, quizá en el futuro vaya a necesitar otro soporte para tener más la pelota, tener mejores jugadores para la recuperación, mejor alineados, mejor distribuidos, para compensar quizá el esfuerzo que Messi no te da.
Bueno: tareas para el hogar para Scaloni. Por supuesto que Argentina pasó el examen y, como dijo Lisandro Martínez, fue un partido inteligente, pero un partido inteligente con los parámetros que exigía Austria. Hay que ver con otra clase de rivales cómo responde la Argentina. No un comentario pesimista, sino una reflexión, un ejercicio de pensamiento, para poder imaginar cómo Argentina va a responder contra rivales de otra categoría. Otra categoría que no ha sido demostrada todavía, pero Países Bajos, Francia y demás pueden presentar otra exigencia. Veremos. El argentino tiene orgullo, el argentino supera los límites, supera la racionalidad de un análisis cuando juega al fútbol. Simplemente me permito imaginar ese escenario para el futuro.













