Pedro Federico Arhancet, un jubilado de 76 años, ex empresario y de una considerable fortuna, fue hallado muerto el viernes 24 de abril en su duplex del octavo piso de la calle Moldes al 1100, en el barrio de Colegiales.
El lugar se había incendiado. El cadáver de Pedro Federico fue hallado entre las llamas. Tenía una notable lesión en la cabeza. A su lado, se encontró una pistola. Lo habían matado. Posiblemente, incendiaron su casa para ocultar el crimen, para que el fuego se lleve la prueba clave.
El crimen parecía una historia sencilla. A fines del mes pasado, la Policía de la Ciudad arrestó a quien sería una mujer trans de 36 años llamada Angelina, en una investigación bajo la firma del juez Martín Peluso con el secretario Diego Villanueva. La mujer era una sospechosa de manual: convivía con Pedro Federico en la parte inferior del dúplex, al que le pagaba un alquiler, hasta que, días antes del crimen, se mudó. La mujer era, básicamente, su asistente.
En las últimas horas, Peluso procesó con prisión preventiva a Angelina A. por el homicidio criminis causa de Arhancet. Las zapatillas que llevó en el día del crimen la delataron. Las llevó en las imágenes tomadas por la cámara de seguridad del edificio al entrar poco antes del fuego –imágenes que ilustran esta nota-, así como en visitas previas al departamento. Luego, fueron encontradas en un allanamiento.
Sin embargo, las zapatillas son un detalle de tantos en una de las tramas más espeluznantes de la historia reciente. La Justicia cree que Angelina, si lo hizo, mató a Arhancet diez días antes del incendio. Luego, volvió varias veces al dúplex y finalmente prendió fuego el lugar. Todo, para robarle. Todo, por un conflicto de dinero.

El tiempo y la Morgue
Empleada del Gobierno porteño, oriunda de Jujuy, Angelina negó el hecho al ser indagada. Detalló una relación difícil, tóxica con Arhancet, un hombre desordenado, con modos de bohemio. Se sabría, tiempo después, que era un paciente psiquiátrico.
Aportó chats a la causa, que “Piter”, como llamaba a Arhancet, le había enviado a una amiga suya, que presentó como testigo. “Y vos pelotuda, para cuándo el alquiler… Quiero el alquiler para el viernes, si no, te vas a la mierda, idiota”, lanzó supuestamente Arhancet el 23 de abril, horas antes de las llamas.
La amiga declaró y explicó el vínculo entre Angelina y Arhancet: “Él la trataba como si fuera su sirvienta pero de muy mala manera porque ella vivía en el departamento de Moldes al 1100 pero no pagaba a cambio de asistirlo y realizar tareas de limpieza y trámites”. En charlas privadas, Angelina se refería a Arhancet como “El Abuelito”.
Luego, el caso se puso extraño, realmente extraño. Los vecinos declararon. Ninguno había escuchado un disparo. El análisis de cámaras de seguridad reveló una figura desconocida había llegado al edificio a cara tapada, horas. El cuerpo, determinaron los forenses de la Morgue Judicial, no había muerto por el fuego. Peor todavía: estaba atravesado por larvas.

Una médica de la División Medicina Legal de la Policía de la Ciudad declaró en el expediente. “Esqueletización craneal con abundante fauna cadavérica (larvas estadios aparentes II-III) que se extienden a región cervical”, planteó en su informe. Dos fuertes golpes fueron hallados en la cabeza; la mandíbula estaba fracturada.
Sobre la data de muerte, afirmó que “se puede inferir que la muerte tendría una data probable aproximada que no resulta menor a las 96 (noventa y seis) horas previas a mi arribo”. Los chats de “Piter” a su amiga, para el juez, son falsos. La víctima tenía hermanos, que recibieron mensajes de “Piter” cerca del 13 de abril, cuando a Arhancet ya se lo suponía muerto. Esos mensajes serían falsos también.
Luego, estaban las transferencias. Arhancet le enviaba dinero a su asistente para diversos pagos, compras, trámites. Sin embargo, a partir del 13 de abril, “se produjeron cambios relevantes en los movimientos de la cuenta de la víctima que pueden relacionarse con la producción de su fallecimiento en esa época”, apuntó Peluso. La frecuencia de los giros aumentó, con valores inusuales, montos más grandes y en cifras redondas. También, montos en dólares: Arhancet jamás le había girado dólares a su presunta victimaria en más de seis años de vínculo.
“El 13/04/2026 a las 01.01 horas se comprobó una transferencia por la suma de cuatro mil dólares» a una cuenta a nombre de la acusada. Once horas más tarde, se giraron otros $400 mil en moneda argentina. Tres días más tarde, la cuenta de Arhancet ya muerto giraba a su supuesta asesina otros $400 mil más.
En su procesamiento, el juez Peluso sumó los delitos de defraudación informática y robo, así como el de incendio doloso, con un embargo de $150 millones.














