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La iglesia que unió a un pueblo: la historia detrás de la campaña del centavo en El Salvador

La campaña del centavo permitió construir un nuevo templo sin recurrir a préstamos ni donaciones extranjeras./Cortesía

En el municipio de Nueva Concepción, en Chalatenango, se levantó un templo cuya historia se ha arraigado en la memoria colectiva salvadoreña.

La construcción de la iglesia parroquial, finalizada tras más de tres décadas, se distingue por haberse financiado casi en su totalidad a través de pequeñas donaciones diarias de la comunidad, fenómeno conocido como la campaña del centavo.

La obra comenzó el 13 de enero de 1966, bajo la dirección del sacerdote Fray Carlos Morello, de origen italiano, quien junto a la feligresía local propuso un sistema de colaboración accesible: cada familia podía aportar un centavo diario de colón, diez centavos mensuales o la cantidad que estuviera a su alcance.

El objetivo era permitir que todos los habitantes, independientemente de su capacidad económica, participaran en la creación del nuevo templo. Según relató Mauro Antonio Rauda, actual encargado de la oficina parroquial, “la idea era que cada persona ahorrara un centavo por día, aunque el monto final podía variar y había quienes daban más según sus posibilidades”.

La colecta se realizaba de manera flexible. No siempre era posible hacer la entrega diaria, por lo que en muchos casos las familias entregaban su donativo semanalmente o en montos acumulados. “No era exactamente un centavo diario casa por casa, pero el lema y el espíritu del esfuerzo se mantuvieron”, explicó Rauda.

El templo conserva actualmente el diseño original concebido por el arquitecto italiano Augusto Baratta./(Facebook Parroquia Inmaculada Concepción, Nueva Concepción)

La iglesia se edificó en un contexto de necesidad urgente. El templo anterior ya presentaba graves signos de deterioro y resultaba insuficiente para la creciente comunidad católica del municipio. “El sacerdote vio junto a la gente que el antiguo templo no era seguro, no cabían todos y algunas paredes estaban a punto de colapsar”, indicó Rauda. La campaña del centavo permitió iniciar la obra sin recurrir a préstamos ni donaciones extranjeras de gran escala, una característica poco habitual en proyectos de esta magnitud.

La construcción del templo se extendió durante treinta y tres años, finalizando el 31 de diciembre de 1999. A lo largo de ese tiempo, la campaña del centavo dio paso a aportes mayores, siempre en colones, y con el apoyo constante de la comunidad. Incluso con la edificación aún en proceso, la iglesia comenzó a ser utilizada. “A medida que se avanzaba, la iglesia empezó a funcionar para las misas, aunque no estuviera completamente terminada”, recordó Rauda.

El diseño arquitectónico fue obra de Augusto Baratta, también de origen italiano, quien ha dejado su huella en varias edificaciones religiosas de El Salvador. En la dedicación de la iglesia, celebrada el 21 de junio de 2001, participó el obispo de San Salvador y el propio Fray Carlos Morello, que permaneció como párroco de Nueva Concepción durante cuarenta y seis años y dos meses. La fecha coincidió con el aniversario número cuarenta y ocho de la ordenación sacerdotal de Morello.

El templo comenzó a funcionar antes de estar completamente terminado, sirviendo como punto de encuentro para la comunidad./(Facebook Parroquia Inmaculada Concepción, Nueva Concepción)

En cuanto a los materiales y acabados, la mayoría fueron adquiridos localmente. Rauda señaló que “las imágenes religiosas traídas desde Italia fueron aportadas por el sacerdote, mientras que el resto de los materiales y la mano de obra provinieron de la misma comunidad”. El arquitecto Baratta y, posteriormente, su hijo Mario Augusto Baratta, supervisaron la construcción, siempre con la colaboración de trabajadores voluntarios y algunos obreros remunerados.

Desde su consagración, el templo ha mantenido su estructura original. Solo tras la pandemia, entre 2023 y 2024, se realizaron reparaciones importantes en el techo, nuevamente financiadas con actividades comunitarias. Las labores incluyeron el reemplazo de estructuras afectadas y la solución de filtraciones, pero la esencia arquitectónica y la historia de la parroquia permanecen intactas.

El caso de la iglesia de Nueva Concepción representa un ejemplo de organización comunitaria y perseverancia. La iniciativa que nació como la campaña del centavo permitió que un municipio entero se volcara hacia la construcción de un símbolo espiritual y social, sin depender de recursos externos y mediante el aporte constante de sus habitantes. “El templo se construyó en treinta y tres años con la ayuda del pueblo”, resumió Rauda, encargado de custodiar una memoria viva de compromiso colectivo en el norte de El Salvador.