La Conferencia Episcopal Argentina advirtió que franjas de la clase media que hasta hace poco sostenían sus gastos con ingresos propios —e incluso colaboraban con organizaciones de asistencia— hoy recurren a Cáritas para cubrir necesidades básicas como alquileres, medicamentos y servicios. La transformación, descripta por el presidente del Episcopado, Marcelo Colombo, refleja un deterioro que la Iglesia ya no ubica únicamente en los sectores históricamente más vulnerables, sino en capas sociales que el imaginario colectivo asociaba a cierta estabilidad económica.
“Antes nos ayudaba gente en Cáritas que ahora son también gente que nos viene a pedir”, afirmó Colombo en declaraciones a Radio Rivadavia este domingo. La frase sintetiza un fenómeno que, según el arzobispo de Mendoza, no se circunscribe al Gran Buenos Aires ni a los grandes conglomerados urbanos: lo registra también en el interior de su propia provincia y en otras ciudades del país. La tendencia, precisó, es marcadamente urbana, dado que las personas se desplazan hacia los centros en busca de asistencia.
El cuadro que trazó Colombo incluye trabajadores y jefes de familia con empleo formal que se acercan a pedir un complemento puntual —no una cobertura integral— para cerrar una cuenta o afrontar un gasto imprevisto. Esa franja, describió, vivía de su trabajo y podía incluso destinar parte de sus recursos a ayudar a otros. Hoy, en cambio, necesita apoyo para no quedar fuera del sistema.
La situación de calle también ocupó parte del diagnóstico episcopal. Colombo mencionó que el jefe de Gobierno porteño le trasladó, durante una visita a la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), datos sobre el crecimiento de personas en esa condición en la ciudad de Buenos Aires, y señaló que fenómenos análogos —con menor escala— se replican en Mendoza, Córdoba y otras ciudades. “Es multicausal el fenómeno, pero no se puede atribuir nada más que a la crisis económica”, sostuvo, aunque reconoció que la salud mental y los vínculos familiares también inciden en algunos casos.
Frente a la consulta sobre si existen personas que saltean comidas, Colombo prefirió no avanzar con cifras propias y remitió al Observatorio Social de la Deuda en Argentina para datos más precisos. Sí reconoció que algunas medidas del gobierno nacional orientadas a los sectores de menores ingresos —como la tarjeta alimentaria— mantuvieron cierta cobertura en ese estrato. “Los que más la pasan mal son los del medio, esas clases medias empobrecidas”, señaló, y agregó que ni los más pobres ni esa franja intermedia tienen, en su visión, un horizonte despejado.
“Están muy condicionados, y esto es lo que nos aflige”, expresó. El arzobispo cuestionó la lectura de que la clase media comienza a experimentar alivio económico. Colombo admitió que ciertos sectores —minería, energía, algunos servicios— pueden estar en una situación diferente, pero consideró que esos casos no representan una tendencia general. “De ahí a extenderlo como una característica general del país, me parece que la calle contrasta”, afirmó, y añadió que los datos duros y la convivencia cotidiana con la gente no confirman ese diagnóstico optimista.
En ese marco, el presidente de la CEA articuló una crítica de fondo al modelo económico vigente, sin mencionar nombres ni funcionarios. Describió que ciertos esquemas se afirman sobre “un concepto individualista del progreso y del bienestar” que colisiona con una visión comunitaria que, aclaró, no equivale a populismo ni a colectivismo. Citó al papa Francisco —“o salimos juntos o no salimos”— para ilustrar la postura institucional de la Iglesia frente a modelos que, en su lectura, premian la individualidad por encima del conjunto. “Las personas tienen que crecer y progresar, claro que sí, pero no a costa de nadie”, remarcó.
Sobre el vínculo con el gobierno de Javier Milei, Colombo describió un contacto institucional que calificó de más fluido que en etapas anteriores de la misma administración, articulado principalmente a través del canciller. Mencionó también intercambios con diputados de La Libertad Avanza por temas puntuales de sus agendas legislativas, entre ellos la presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara baja. Aclaró, no obstante, que la Iglesia no tiene preferencia por ningún espacio partidario y que ese diálogo no implica alineamiento político. “La libertad de la Iglesia para expresarse y ejercer su mirada social la vamos a defender”, subrayó, al precisar que la institución interviene en el debate público como parte del entramado social, no como oposición.
Consultado sobre el malestar ciudadano ante el poder político y la aparición de candidatos sin trayectoria partidaria de cara a las elecciones presidenciales de 2027, Colombo reivindicó “la nobleza de la vocación política” y advirtió que la gestión de gobierno requiere experiencia acumulada en responsabilidades sucesivas. Señaló que llegar al poder sin ese recorrido puede resultar novedoso en un primer momento, pero que la conducción cotidiana exige conocimiento previo. Llamó a la ciudadanía a ejercer el voto con criterio para evitar lo que denominó “cualquier casta”, entendida como la distancia entre quienes gobiernan y el pueblo al que representan.













