
Tras beber una taza de té durante un interrogatorio, el sacerdote lituano Sigitas Tamkevičius perdió el conocimiento durante horas. Al recobrarlo, un oficial le exigía datos sobre un seminario clandestino. El episodio, recuperado en una biografía reciente, forma parte de la persecución soviética que llevó al futuro cardenal a prisión y al exilio por defender a la Iglesia católica en Lituania.
La periodista Regina Statkuvienė reunió entrevistas, cartas y apuntes personales de Tamkevičius en A la luz del altar, una obra publicada por la Fundación DONUM. El libro sigue su trayectoria desde la infancia y el sacerdocio hasta su labor clandestina, su detención y el ministerio episcopal que ejerció tras el restablecimiento de la independencia lituana, según informó ACI Prensa.
La historia permite reconstruir las formas de control soviético sobre las comunidades católicas del país báltico. Las autoridades limitaron el culto, vigilaron al clero e impulsaron el ateísmo de Estado. Frente a esas medidas, Tamkevičius colaboró en un registro que logró cruzar la Cortina de Hierro.
Una publicación clandestina registró las restricciones religiosas
En 1972, Sigitas Tamkevičius impulsó la Crónica de la Iglesia Católica en Lituania, conocida por sus siglas lituanas, LKB Kronika. La publicación reunía información sobre arrestos, interrogatorios, confiscaciones, límites a la práctica religiosa y presiones de las autoridades sobre sacerdotes y fieles.
La LKB Kronika se concentraba en consignar hechos y evitaba el comentario teológico, de acuerdo con el relato recogido por ACI Prensa, que reprodujo una nota de EWTN News. Sus responsables redactaban y copiaban los textos en secreto, bajo el riesgo de ser identificados por la policía política.
Los ejemplares salían del país a través de contactos con diplomáticos occidentales y periodistas extranjeros establecidos en Moscú. Algunas páginas se microfilmaban y los negativos se escondían en libros o linternas. Fuera de la Unión Soviética, los documentos eran traducidos y difundidos por emisoras como Radio Vaticano y Radio Europa Libre.
La distribución internacional contradijo la versión oficial soviética sobre la libertad religiosa. También permitió que los católicos activos dentro de Lituania conocieran casos ocurridos en otras diócesis y sostuvieran redes de apoyo bajo vigilancia.
El arzobispo Petar Rajič, prefecto de la Casa Pontificia y antiguo nuncio apostólico en el país, definió la publicación como un testimonio de la fortaleza espiritual de la población lituana. En el prólogo, sostuvo que la crónica contiene enseñanzas para creyentes de generaciones posteriores.

Una condena de diez años entre trabajos forzados y exilio
Las prédicas de Tamkevičius contra el ateísmo estatal y su vínculo con la crónica lo situaron bajo vigilancia. La KGB, el Comité para la Seguridad del Estado soviético, lo detuvo en mayo de 1983 y lo acusó de agitación y propaganda antisoviética.
Pasó seis meses en una cárcel de aislamiento de la KGB en Vilna. En diciembre, recibió una pena de seis años en un campo de trabajos forzados y cuatro años de exilio en Siberia. La sentencia preveía su permanencia en un establecimiento de régimen estricto antes del traslado lejos de su comunidad.
Su primera tarea en el campo consistió en pelar papas en agua casi helada. Dos semanas después fue trasladado a un taller metalúrgico, donde recogía residuos de los tornos y los llevaba a contenedores. Los presos trabajaban ocho horas y disponían de otras ocho para descansar; la comida incluía sopas aguadas y gachas líquidas.
Tras la llegada de Mijaíl Gorbachov al poder en 1985, fue asignado a la cocina del penal y debía levantarse a las 4 de la mañana. Recordó que algunos alimentos se almacenaban durante largos períodos y que el pescado llegaba muy salado. Lo dejaba en remojo durante la noche y luego lo freía por separado para que resultara más comestible.

La liberación coincidió con el avance hacia la independencia lituana
Durante más de cinco años de cautiverio, Tamkevičius fue trasladado siete veces bajo custodia y convivió con presos de distintas edades y condenas. En sus apuntes vinculó la violencia y el egoísmo que observaba en prisión con la ausencia de una referencia moral basada en los mandamientos cristianos.
También dejó por escrito una pregunta sobre el motivo de su encierro. La respuesta, señaló, estaba en los asuntos de la Iglesia, la preocupación por la vida moral de las personas y la decisión de actuar de acuerdo con su conciencia. El encarcelamiento fue el costo de sostener esa posición frente a las autoridades comunistas, según su reflexión.
Tamkevičius recuperó la libertad en 1988, cuando la presión política soviética empezaba a ceder. Regresó a su país durante una etapa de movilización que desembocó en la restauración de la independencia de Lituania el 11 de marzo de 1990.













