
La generación hidroeléctrica en El Salvador podría experimentar una reducción significativa ante la llegada anticipada del fenómeno del Niño, según advierten proyecciones meteorológicas y especialistas consultados por Infobae.
El evento climático, que ya ha mostrado señales de instalarse en la región, plantea nuevos retos para la disponibilidad de agua en los principales embalses del país y el desempeño de la matriz energética nacional.
De acuerdo con la Unidad de Transacciones (UT), la producción de energía hidroeléctrica representó un 14.04% del total nacional durante marzo de este año, lo que implica una leve disminución frente al mismo periodo de 2025, cuando se alcanzó un 14.51%.
Este descenso cobra relevancia en un contexto donde el fenómeno del Niño se asocia a la disminución de lluvias y a la prolongación de la canícula, periodos secos que afectan de manera directa los caudales de los ríos, especialmente en la cuenca del río Lempa.

El meteorólogo Danilo Ramírez, de la Universidad de El Salvador (UES), explicó en entrevista con Infobae que existe una alta incertidumbre respecto a las proyecciones meteorológicas para los próximos meses.
“Hay una gran incertidumbre en los pronósticos, lo reconoce la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la NOAA, porque la variabilidad climática es tan crítica que acrecienta la incertidumbre de los resultados”, apuntó.
La evolución de El Niño, según Ramírez, está sujeta al acoplamiento océano-atmósfera, un proceso que suele definirse entre junio y septiembre, que podría determinar tanto la intensidad como la duración del evento.
El especialista detalló que, para la región, “los primeros indicios se observan en el calentamiento de las aguas superficiales y subsuperficiales del océano Pacífico ecuatorial”, lo que provoca un cambio en la dirección así como velocidad de los vientos.
Esto incide en los patrones de precipitación, puede derivar en lluvias más escasas o distribuciones irregulares durante el periodo húmedo. Ramírez agregó que, al alcanzar un calentamiento 2° por encima del promedio, el fenómeno se considera fuerte o muy fuerte, resaltando que el actual episodio presenta similitudes con el Niño de 1997, el cual tuvo impactos prolongados hasta 1998.

La historia reciente del clima salvadoreño muestra cómo la variabilidad ha afectado la producción hidroeléctrica. En 2025 se registró una sequía moderada, según el informe del Dirección de Observatorio de Amenazas, con una canícula intensa entre julio y agosto que afectó principalmente el departamento de La Unión.
Ramírez recordó que “en esos años ya se observaba la variación en el establecimiento de las lluvias, que antes iniciaban en abril o mayo y ahora se desplazan hasta junio”. Durante el periodo lluvioso, la generación hidroeléctrica puede incrementarse hasta un 50% entre julio y octubre, por lo que cualquier alteración en el régimen de precipitaciones repercute directamente en la producción de energía.
La matriz energética salvadoreña depende en parte de la hidroelectricidad, especialmente en el segundo semestre del año. El descenso de los caudales, asociado a la falta de recarga hídrica en los suelos y embalses, puede limitar la capacidad de las centrales para operar a plena carga.
Ramírez advirtió que, “al haber déficit o ausencia de lluvias, sequías severas, canículas largas, eso va en detrimento del recurso hídrico. Hay bajos caudales en las represas, en el subsuelo no hay recarga hídrica y por lo tanto repercute en el abastecimiento a nivel nacional”.

El contexto internacional también influye en la evaluación de riesgos. El Centro de Predicciones Climáticas de la NOAA mantiene una vigilancia constante de la evolución del fenómeno, con modelos que estiman una probabilidad del 96% de que El Niño se mantenga en los próximos meses. Ramírez señaló que “hay un 82% de probabilidad de que se establezca entre mayo y julio y que se mantenga hasta finales de año y febrero siguiente”.
Las perspectivas para el sector hidroeléctrico salvadoreño se mantienen en observación constante. La incertidumbre sobre la intensidad y duración del fenómeno del Niño obliga a las autoridades y operadores energéticos a monitorear de cerca los indicadores climáticos, en un escenario donde la variabilidad se ha vuelto la norma para la región.













