El bote se detiene en medio del agua fría. Debajo, a varios metros de la superficie, los troncos se alzan desde el fondo como estatuas. No es un espejismo. Hay un bosque sumergido en el lago Traful que emerge a través de la transparencia absoluta de las aguas, con ramas que parecen buscar la luz.
Hasta allí llega casi todos los años Romina Giorno, buceadora y experta en fotografía submarina. Esta mujer dejó la arquitectura para dedicarse a tomar imágenes a 30 metros de profundidad en mares y lagos del mundo. También suele tener contacto bajo el agua con ballenas jorobadas o tiburones martillo.

Cómo es el bosque sumergido del lago Traful
El lago Traful, en el corazón de la Patagonia argentina, esconde bajo su superficie uno de los paisajes más extraños de la región. Decenas de árboles permanecen erguidos, con raíces ancladas en el lecho y copas que, en algunos casos, rozan apenas la superficie. El agua helada y cristalina permite verlos sin distorsión, como si el tiempo se hubiera detenido tras un cataclismo.
Giorno indica que se pueden tomar fotos desde la superficie o apenas haciendo snorkel. “Si ya sos un buzo con algo de experiencia podés sumergirte hasta casi 30 metros y recorrer esta zona única del lago Traful”, explica Romina en diálogo con Infobae.
Giorno se enamoró de la fotografía submarina durante un viaje por el caribe mexicano. Allí, tomó sus primeras imágenes del fondo del mar y nunca más paró. Hizo cursos de buceo y se enamoró de su instructor Juan Medina. Con el tiempo, juntos crearon la escuela Entre Océanos. Medina se dedica a los cursos de buceo y Romina da clases para que los alumnos aprendan a sacar fotos en el fondo del mar o de un lago como el de Traful.

En el lago Traful, los árboles no se encuentran dispersos al azar. Forman un conjunto ordenado, consecuencia de un antiguo desmoronamiento en la ladera del cerro bayo ocurrido en 1960. El derrumbe arrastró parte del bosque al fondo del lago, donde las bajas temperaturas conservaron los troncos y ramas, impidiendo su descomposición.
La excursión hasta el bosque sumergido parte desde la orilla, en lanchas pequeñas. El viaje atraviesa ocho kilómetros hasta el punto exacto donde los árboles emergen del fondo a unos 30 metros de profundidad. No hay en el recorrido más señales de vida que los propios árboles bajo el agua y la silueta de alguna trucha moviéndose entre las ramas.
Romina cuenta con una cámara profesional que va inserta en un compartimento estanco que la salva del ingreso del agua. “Está preparada para que puedas usarla desde allí adentro sin problemas”, explica Giorno.

Romina explica que no es necesario tener una cámara profesional para la toma de fotos submarinas. “SE pueden hacer con el celular muy bien. Ya existen compartimentos para sumergirlos sin problemas”, cuenta Giorno.
La fotografía debajo del agua es diferente a la toma de imágenes tradicional en la superficie de la tierra. “Tenés mucha menos luz en general y muchas más imperfecciones porque el agua es 800 veces más densa que el aire. Hay partículas que complican la toma de la foto – relata Romina-. Recomiendo sumergirse en Traful cerca del mediodía cuando empiezan a llegar los rayos de sol en forma vertical sobre el bosque.”
Qué se siente recorrer el bosque sumergido
Una vez que se apaga el motor de la lancha, el silencio en el agua es total. Ya desde el costado del bote se puede ver el bosque que los buzos van a recorrer. Hay troncos intactos sin hojas y ramas extendidas hacia la superficie. El bosque parece intacto, suspendido en una calma que no pertenece al mundo de la superficie.

Los que se animan a sumergirse en la profundidad, describen que la sensación es la de avanzar entre columnas antiguas, con la luz filtrándose apenas. “La fotografía submarina tiene la complejidad de necesitar el buceo para concretarse. Por eso, las primeras veces es más compleja porque las personas con poca experiencia están más atentas a el equipo de oxígeno que a lo que puedan retratar con sus cámaras”, admite Giorno.
Romina se sumerge todos los años en la profundidad del lago Traful. El agua está a unos 16 grados en verano. “Es fría, pero se aguanta con un traje grueso se puede estar hasta cerca de una hora”, explica. Llega hasta la zona del bosque a unos 30 metros de profundidad y empieza a recorrer los senderos entre los árboles. En este caso, no lo hace caminando porque está bajo el agua. “El silencio es casi total. Sólo escucho mi respiración – relata Romina-. Es un estado como de meditación profunda. No pienso en nada en esos momentos. Se me borran todos los problemas de la cabeza. Y, busco las mejores imágenes que pueda tomar.”
Romina junto a su pareja ofrecen las excursiones a Traful con el viaje y la experiencia de buceo para personas que ya estén entrenadas para sumergirse en las aguas heladas de la Patagonia.

Nadar con ballenas y tiburones
La pareja de buzos además, viaja por el mundo con grupos pequeños de personas que quieran vivir experiencias de los que ellos llaman “safaris submarinos”.
Ya hicieron expediciones al Pacífico californiano para nadar con ballenas jorobadas. “Vamos hasta el lugar y antes de bajar vemos que estén dadas todas las condiciones de seguridad”, explica Giorno.
En este caso, el año pasado Romina vivió una experiencia con una ballena jorobada y su cría. “Las madres con crías suelen mantenerse alejadas, priorizando la protección y el cuidado de sus bebés durante los primeros meses de vida.Por lo tanto, ver a dos díadas madre-cría juntas, interactuando es inusual. Este tipo de encuentros pueden ocurrir en áreas protegidas, pero es raro verlas», narra la buceadora en su cuenta de Instagram.

También suelen organizar tours a la Polinesia francesa o a las Bahamas para nadar junto al tiburón martillo. “No son peligrosos, porque el ser humano no está dentro de su dieta”, sostiene la mujer. En las imágenes, se puede ver a Romina muy cerca de estos reyes del mar que duplican en tamaño a Giorno.
Los océanos como fuente de vida
La buceadora explica que el 50% del oxígeno de la Tierra viene del agua que nos rodea. Por eso, subraya la importancia de cuidar los océanos. “En muchas de nuestras incursiones en las profundidades nos encontramos con gran cantidad de basura plastica y bolsas que no deberían estar ahí. No son parte del ecosistema”, enfatiza Romina.
Giorno desciende lentamente, cámara en mano, mientras la superficie se vuelve distante. La fotografía submarina en el lago Traful exige paciencia. La luz cambia a cada metro y los árboles parecen flotar en otra dimensión. Romina ajusta el encuadre una y otra vez. Busca capturar la geometría precisa de ese bosque que desafía el tiempo.
Cada imagen registrada bajo el agua es un testimonio. Para Romina, documentar el bosque sumergido es una forma de narrar la vida secreta de la Patagonia, de preservar la memoria de un ecosistema que solo existe a los ojos de quienes se atreven a sumergirse en el lago Traful.













