Luisa Albinoni llegó a Intrusos (América TV) con la mecha corta y se le notó desde el primer minuto. El rostro encendido, el labio temblando apenas, la voz subiendo de tono cada vez que alguien la interrumpía: la actriz salió a responder a Georgina Barbarossa por el relato de acoso sexual que la conductora hizo público sobre Jorge Porcel, y terminó casi a los gritos antes de bajar la guardia. “Mediocre y soez”, la llamó en un primer momento.
Albinoni marcó con fuerza la diferencia entre su historia y la de Barbarossa
La actriz fue directa al punto desde el arranque. Ella estuvo con el capocómico entre 1978 y 1983 —luego de que la relación de Porcel con Carmen Barbieri llegara a su fin— y fue quien decidió separarse al descubrir las infidelidades. Eso, aclaró con énfasis, la ubica bien lejos de los episodios que describió Barbarossa, que ocurrieron en los ochenta. “Yo estuve con el gordo del 78 al 83. Si después el gordo se degeneró, qué querés que te diga”, lanzó, con una mezcla de fastidio y desafío que tensó el aire del estudio. El conductor Rodrigo Lussich intentó calmarla —“parecés en el móvil de Crónica”, le dijo entre risas— pero Albinoni no cedía.

“Revolviendo mierda”: arrancó incómoda y fue escalando
Antes de hablar de Barbarossa, Albinoni ya estaba caliente. Cuestionó que el tema de Porcel volviera a la agenda sin que hubiera, según ella, razones nuevas que lo justificaran. “Todo se desprende de la serie de Moria”, dijo, y apuntó contra quienes aprovechan la coyuntura para hablar de los muertos sin ofrecer nada propio a cambio. “Hagan lo que quieran, chicas, pero hagan teatro, algo talentoso, algo lindo. Dejen de hablar pelotudeces de los demás, sobre todo de los que están muertos”, disparó. Cuando el panelista Daniel Ambrosino quiso profundizar, Albinoni lo frenó en seco y la tensión en el piso fue palpable: “¿Con quién estoy hablando? Cortala, que a mí estas cosas no me gustan”.
Barbarossa confirmó el acoso y pidió disculpas por sus palabras
Lo que encendió la mecha fue la frase que Barbarossa había soltado días antes en el ciclo SQP (América TV): que Dios tuviera a Porcel “en un tacho de mierda”. La conductora contó que el capocómico la tocó sin su consentimiento cuando daba sus primeros pasos en televisión, durante los años 80, y que siguió trabajando con él porque atravesaba serias dificultades económicas junto a su entonces marido. “Un día que el gordo me había tocado el culo horrible, de una manera espantosa que ni voy a contar, me fui llorando al camarín”, relató en SQP. Dijo también que fue la actriz Carmen Vallejo quien la acompañó y protegió desde ese momento. Al enterarse de las críticas de Albinoni, Barbarossa no esquivó: “Estuve guaranga, sí. La verdad que estuve muy maleducada. Pero me salió del alma”.
Al escuchar la respuesta de Barbarossa, Albinoni bajó el tono
Fue el momento de mayor temperatura emocional del programa. Los conductores le pusieron el móvil de Barbarossa al aire y Albinoni escuchó en silencio. Cuando terminó, el tono había cambiado por completo. “Gracias, Georgina. Gracias por reconocer. Ves que es gente normal y real”, dijo. Y fue más lejos: reconoció que entendía que las mujeres a veces hablan del acoso cuando pueden, no cuando ocurre, y que el tiempo acumulado hace que el dolor salga con más fuerza. “Me imagino lo que sufriste, Georgina. Te compadezco”, cerró, con una calma que contrastó de lleno con los primeros minutos del llamado.

El contexto: la biopic de Moria reabrió una conversación que no cierra
El episodio no surge de la nada. El estreno de la serie biográfica de Moria Casán reavivó los testimonios sobre Porcel al retratar al capocómico propasándose con una joven Susana Giménez. Desde entonces, varias figuras del ambiente tomaron la palabra. La propia Giménez lo describió como alguien que “no era buen compañero, era un tipo jorobado, no era querido por nadie”. La exvedette Sandra Míguez dijo sentirse “reflejada” con el relato de Barbarossa y recordó haber presenciado situaciones de acoso en los sets. Albinoni eligió un camino distinto: distinguir su experiencia personal de ese clima, sin negar que pudo haber ocurrido en otras etapas. “¿Por qué se tienen que agarrar de las bolas de un muerto?”, preguntó, a los gritos, antes de despedirse y cortar la comunicación.














