Ernestina Pais murió el viernes por la noche en un accidente ferroviario en San Isidro. Tenía 54 años y protagonizaba su propia historia de recuperación, una que había contado públicamente con una honestidad que pocos se permiten. Cuatro meses atrás se había sentado frente a las cámaras de Bondi Live, el canal de stream de Ángel de Brito, y habló de su alcoholismo, de la internación, de su hijo y del piso del que logró salir. Tras su muerte, el canal recuperó ese registro. Se convirtió en su última entrevista.
La charla la sostuvieron junto a ella Pepe Ochoa y Fefe Bongiorno. Pais llegó con todo para decir. Abrió con una frase que resumía su recorrido: “Si yo pude asumir en mi vida la cosa más fuerte que vos le podés decir a un hijo o a una mamá, que es: yo no doy más, hasta acá llego, ¿cómo no voy a poder dar otras batallas? Seis meses y medio internada es mucho”.
Cuando Ochoa le preguntó cómo había sido esa internación, si tenía salidas o no, Pais fue directo al punto que más le importaba aclarar: “El primer tiempo, bueno, yo fui judicializada además. ¿Y sabés lo que implica la judicialización? Que hagas un tratamiento, no es que te meten preso. Vos no lo estás entendiendo, con lo cual te vamos a internar para que cumplas el tratamiento”.
Esa distinción no era menor para ella. Había intentado internarse sola muchas veces y no había podido. La judicialización fue lo que cerró el círculo. “Para mí fue una salvación”, dijo. Y agregó, con una brevedad que golpeó: “Yo bebía llorando”.
Bongiorno quiso ir más atrás. Le preguntó si en algún momento había podido trazar la línea de dónde arrancaba todo. La respuesta de Pais fue contundente: “Desde que soy chica. Desde las herramientas emocionales que no tuve para poder enfrentar mi dolor. ¿Qué es lo que tiene un adicto? ¿Qué es lo que tiene un adicto? La imposibilidad de transitar la frustración”.

Desarrolló esa idea sin rodeos: “La frustración lo supera, ¿por qué? Porque no tenés herramientas. Entonces, yo creo que ya mis herramientas escaseaban a nivel poder enfrentar el dolor desde chica”. La internación le dio lo que no había tenido antes. “En la internación, un gran lugar donde estuve, de verdad, donde yo tenía terapias individuales, terapias grupales, obviamente grupos, y vinculares. Y en las vinculares yo empecé a desandar un montón de cosas que yo no sabía que estaban ahí”, relató.
En ese proceso, hubo un único punto en el que sintió algo parecido a la vergüenza. No fue por ella. Fue por su hijo Benicio. “La única vez que sentí que podía tener algo de vergüenza era por mi hijo”, dijo. Ochoa le preguntó si lo había visto en alguna situación que le generara eso. Pais lo corrigió: “No, porque tener una mamá internada y todo eso me, me parecía que era un montón”.
Fue entonces cuando Bongiorno tomó la palabra y le devolvió otra perspectiva: “A veces siento que los padres, quizás también por la generación de la que vienen y demás, tienen como esta carga de la fortaleza y como esa cosa de cubrir y de tapar. Y yo te digo, los momentos en los que más admiro a mi mamá es cuando es vulnerable conmigo. Y cuando la escucho triste y cuando la escucho mal y cuando me puede contar algo que le está pasando, porque yo mismo aprendo mucho más de esa madre vulnerable que de esa madre que cree ser fuerte o que cree cubrir todo. Entonces, para mí, que vos hayas tenido esa posibilidad de hablar con tu hijo, de tus cosas y demás, espero que nunca sea una vergüenza para vos. Espero que sepas, sin conocerlo y te lo puedo asegurar, que él lo recibe de la manera totalmente opuesta y que es una lección de vida que le va a quedar para siempre”.
Pais escuchó, agradeció con una sola palabra y cerró con la frase que quedó como síntesis de todo lo que había atravesado: “También supe en ese momento y gracias a los terapeutas que, que yo le pude enseñar que del piso se sale”.














