
Yo soy la cumbia es un libro colectivo que incluye textos de 28 periodistas y músicos de Argentina, México, Colombia, Chile, Estados Unidos, Perú y Paraguay en torno a un ritmo que une a Latinoamérica. Tuve el honor de coordinarlo junto a Enrique Blanc, maestro mexicano del periodismo musical. La obra forma parte de la alianza entre REDPEM (la Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica), la Editorial de la Universidad de Guadalajara (México) y una serie de editoriales universitarias latinoamericanas, que lanzaron el libro en países como Chile, Colombia y Perú. En la Argentina, lo publicó la Editorial de la Universidad Nacional de General Sarmiento y se consigue en su página web. La colorida portada es gentileza del diseñador mexicano Kalbox, y en formato de afiche decora paredes de varios países del continente.
REDPEM nació en 2014 con el objetivo de conectar a los periodistas especializados en música iberoamericana para intercambiar información, generar contenidos, trabajar en conjunto con otras redes (de productores, promotores, agentes de prensa y festivales), facilitar contactos y compartir miradas sobre la profesión y, fundamentalmente, sobre el tema que apasiona a todos: la música. Impulsa la generación de contenidos colaborativos (como balances anuales de discos destacados, coberturas de festivales y entrevistas a referentes musicales) que amplifican la visibilidad de las escenas musicales iberoamericanas más allá de las fronteras locales. Desde su fundación, su visión y misión estuvieron conectadas a estudiar y promover las músicas de raíz, a pensar la música desde la identidad. Y en las reuniones seminales, la cumbia, por su diversidad, penetración y abordaje en distintas latitudes, fue una de nuestras áreas de interés.
Fue así que, en 2023, lanzamos Cumbia Somos, el volumen inicial de la saga cumbiera de REDPEM. Con prólogo del artista colombiano Mario Galeano Toro (referente de proyectos como Frente Cumbiero y Los Piraña) y diseño de portada del prestigioso Dr. Alderete, aquel libro incluía textos sobre artistas mexicanos como Rigo Tovar y Los Ángeles Azules, la peruana Rossy War (pionera de la tecnocumbia), el uruguayo “Fata” Delgado (líder de Los Fatales) y referentes argentinos como La Delio Valdez y Pablo Lescano, además de aproximaciones a las escenas de Venezuela, Paraná, los sonideros mexicanos, la nueva cumbia chilena y los años cumbieros del legendario jazzista estadounidense Charles Mingus.
Yo soy la cumbia profundiza ese relato colectivo. En el prólogo, Yeison Landero, nieto del legendario compositor y acordeonista Andrés Landero, cuenta el derrotero que disparó la publicación del artículo de Luisa Piñeros en Cumbia somos, el cual lo llevó a presentarse en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara acompañando el lanzamiento de ese libro, a tocar en el Hollywood Bowl de Los Ángeles junto a Los Gaiteros de San Jacinto, al Kennedy Center de Washington D.C., a Nueva York, a Monterrey y a la Ciudad de México, estableciendo nuevos lazos y retomando relaciones con colegas amigos de su abuelo.

“La cumbia no solo se escucha… se baila, se hereda, se transforma y se comparte. Este viaje continúa con el libro Yo soy la cumbia. Al recorrer sus páginas, invito a cada lector a reconocer en la cumbia su ritmo, su forma de nombrar el mundo, de resistir con alegría y de tejer comunidad a través del tiempo y la distancia, y a honrar el testimonio vivo de esa memoria en movimiento. Como heredero de esta tradición y representante de la familia Landero, reafirmo mi compromiso con las raíces que nos sostienen y con las nuevas generaciones que seguirán haciendo de la cumbia una música del presente. Que este libro inspire a escuchar con atención, a bailar con pasión y respeto, pero, sobre todo, a sentir con el corazón. ¡Que viva la cumbia y que vivan los cumbiamberos del mundo entero!”, reflexiona Landero al cierre de su texto.
El libro transita por el legado de aquellos que son leyenda hacia quienes hoy exponen con una sonoridad propia la energía germinal de la chicha, el porro, el fandango o el cumbión, en convivencia con el rock, el hip-hop, el jazz, el punk o incluso la psicodelia. Es un volumen que se lee y se escucha desde los barrios, los sonideros, las cunetas y los picoteros hasta los grandes conciertos. Con Yo soy la cumbia, déjate arrastrar por el sonido del llamador, porque el mundo se acaba, pero la cumbia, no.
Los autores de ‘Yo soy la cumbia’
Juan Carlos Martínez revisita la novelesca vida de Andrés Landero, autor de clásicos como “Perdí las abarcas”, y profundiza en su vínculo con su maestro, Pacho Rada. Alejandro González Castillo pone el foco en la historia de La Changa, el sonidero mexicano que Ramón Rojo arrancó en 1968. Umberto Pérez desentraña la historia de Los Corraleros de Majagual y destaca: “Juegan en su propia liga: fusionaron diferentes aires sonoros del Caribe colombiano medio siglo antes de que el concepto de fusión fuera ‘manoseado’ y mal visto; consiguieron que la música de acordeón se escuchara en salones de baile antes de que la música vallenata fuera aceptada por la élite”.
Cristóbal González revisita la historia de Tommy Rey, mítico cantante chileno que comenzó su carrera a fines de los 50 y que obtuvo el reconocimiento de artistas como Joe Vasconcellos, Chancho en Piedra, Tomo como Rey, Chico Trujillo, 31 Minutos y Santaferia, entre otros. Por su parte, el mexicano Mike Laure fue pionero en incorporar la guitarra eléctrica a su sonido, sumando acordeón y un esporádico saxofón. “Con la fusión de sonoridades eléctricas y las de sabor típico caribeño, se adelantó en varios años a sus congéneres”, sostiene Paco Navarrete en su texto.

Gabriel Plaza, una de las plumas más destacadas del periodismo especializado en la música popular argentina y latinoamericana, reconstruye la vida y obra de Leo Mattioli. “El cumbiero sabe escuchar y detecta en su música esa base auténtica del sonido romántico santafesino… Leo encontró una fórmula imbatible: canciones que funcionan en la multitud y en la intimidad”, describe Plaza con gran sensibilidad.
Desde Colombia, el benemérito Jaime Andrés Monsalve reconstruye la historia de Helí Toro y el Cuarteto Imperial: “Probablemente fue la primera agrupación del interior colombiano en establecerse como autoridad cumbiera”, sostiene el jefe de Programación Musical de la Radio Nacional de Colombia, detallando su original propuesta visual con ponchos de lana frente al frío andino.
El segundo bloque del libro, “Del barrio para el mundo”, comienza con el ensayo Migración, memoria e identidad: la cumbia en Estados Unidos, de la periodista Catalina María Johnson, e incluye un repaso por agrupaciones como Chicha Libre, La Santa Cecilia, XIXA, Combo Chimbita y Combo Oscuro. Carlos Icaza explora la diáspora cumbiera en México a partir de los años 60, destacando también el rol fundamental de los sonideros en el barrio del Peñón de los Baños.
Desde Lima, Raúl Cachay A. propone un recorrido por los grandes héroes de la guitarra en la cumbia peruana, centrándose en figuras indispensables como Enrique Delgado Montes (Los Destellos), Bernardo Hernández “Manzanita”, Noé “El Brujo” Fachín (Juaneco y su Combo) y Jaime Moreyra (Los Shapis). En Resistir la hipersexualización, Nayivé Ananías aborda el renacer de la cumbia femenina en Chile junto a perfiles de artistas como Paula Rivas, Tania Fariñes y Catártica Animal; en la misma sintonía, Maye B. Sánchez retrata a tres generaciones de mujeres sonideras, como doña Elfega Gómez Jacob (“Mamá Duende”). Francisco Melgar Wong, por su parte, traza el mapa de la cumbia en la costa norte peruana a partir del histórico concierto del Grupo 5 en el Estadio Nacional.
La sección “Caminos cruzados de la vida” abre con un minucioso perfil de Sebastián Espósito sobre Ángela Leiva, referente de la nueva generación de cumbia argentina. Leonardo Tarifeño indaga en el curioso fenómeno de Academia da Berlinda desde Brasil; Paz Azcárate reconstruye el insólito derrotero de Kumbia Queers y la explosión del tropipunk; Mavi Martínez presenta a Marilina en Paraguay, y el propio compilador retrata a Rolando Bruno, el creador de la cumbia trash junto a Los Peyotes.
Desde Medellín, Diego Londoño se sumerge en Puerto Candelaria; Johanna Watson reconstruye el camino de Santaferia en Chile, y Luisa Piñeros retrata al inglés Richard Blair al frente de Sidestepper, pionero del electrocumbé.
Finalmente, el libro se enriquece con notables aportes en primera persona. Camilo Lara (Instituto Mexicano del Sonido) escribe el manifiesto Give cumbia a chance; Toy Selectah aporta Los discos, las bocinas, el río y la cumbia; Enrique Blanc entrevista a Grant C. Dull (cocreador de Zizek); Zoila Antonio Bento dialoga con Mauricio Mesones en Lima (“La cumbia es colombiana… pero también es el género musical más democrático”); Juan Carlos Hidalgo presenta a Homero y su Cumbia Fuego rescatando la figura de Celso Piña, y Betto Arcos nos acerca a La Cuneta Son Machín, flamantes emergentes de Nicaragua.













