
Las calles desiertas de Varadero y la ausencia de turistas en La Habana Vieja, ícono turístico de la capital cubana, ilustran el profundo deterioro del turismo en Cuba, una crisis que golpea directamente a quienes dependen de este sector para sobrevivir.
El sector turístico, que figura entre las tres principales fuentes de divisas del país, ya atravesaba una etapa difícil desde la pandemia. La situación se agravó en los primeros meses de este año, cuando nuevas restricciones desde Estados Unidos limitaron la llegada de vuelos por la escasez de combustible y generaron la salida de hoteleras extranjeras debido al temor a sanciones secundarias.
La cifra de turistas internacionales entre enero y mayo fue de 359.491 visitantes, lo que representa una caída del 58% respecto al año anterior, según los datos oficiales. Ese año ya había sido el peor de las últimas dos décadas, si se excluyen los años de pandemia.
El desplome dejó secuelas inmediatas. Ricardo Torres, economista cubano y académico en American University, advierte sobre un “golpe que también se extiende más allá de los hoteles”, ya que, según sus palabras, el turismo “genera derrames hacia restaurantes privados, transportistas, arrendadores, guías, vendedores de alimentos y otros proveedores”. La caída en la llegada de turistas impacta en cascada sobre toda la economía local.
Entre los trabajadores, la preocupación es palpable. La legislación cubana prevé que, cuando una actividad se interrumpe temporalmente, los empleados entren en la figura de “interrupto” y se priorice su reubicación. Sin embargo, Torres estima que “el número de trabajadores directamente afectados por el desplome oscila entre 20.000 y 30.000”. Muchos de ellos ven mermados sus ingresos, aunque conserven su contrato, ya que “la mayoría dependen de propinas, de pagos asociados al servicio a visitantes extranjeros y de otros ingresos informales”.

La crisis del turismo en Cuba se debe a una combinación de factores: la persistente escasez de combustible y la salida de algunas de las principales hoteleras extranjeras en las últimas semanas, como Melia, Iberostar, Blue Diamond y Archipielago International. Esta situación redujo de manera drástica la ocupación hotelera y afectó tanto a trabajadores del sector formal como a quienes dependen indirectamente de la actividad turística, como guías, arrendadores, transportistas y pequeños empresarios.
El investigador calcula que “cerca de un tercio del inventario hotelero nacional” y “casi la mitad de las habitaciones bajo gestión extranjera” quedaron afectados por la reciente salida total o parcial de firmas internacionales. Hasta 2025, de las 84.164 habitaciones en el país, 57.291 estaban bajo gerencia extranjera, aunque la propiedad sigue siendo estatal.
Las consecuencias llegan hasta los salarios. El sueldo estatal promedio, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, es de 6.930 pesos cubanos (CUP) al mes, unos 58 dólares al tipo de cambio oficial, pero sólo 10 al cambio informal. Torres matiza que “esas garantías se calculan sobre el salario formal, que en el turismo suele representar solo una parte menor del ingreso real de los trabajadores”.
El Decreto 149/2026 autoriza pagar, de forma excepcional, una garantía del 60% del salario básico diario desde el segundo mes de interrupción, siempre que no haya opciones de reubicación. Sin embargo, esa cifra dista mucho de lo que los empleados solían recibir por propinas y pagos asociados al servicio a extranjeros.

El golpe emocional fue evidente para Mariam Abreu, quien trabaja en seguridad en el hotel Grand Aston de La Habana. “Me quedé en shock y triste”, reconoció al saber que Archipielago International se marchaba de Cuba.
El drama afecta también a quienes trabajan en actividades privadas ligadas al turismo. Lázaro Mena, que lidera el proyecto Mogote Adventure en Viñales, confesó que su emprendimiento no genera ingresos “desde hace dos meses”. Aunque Viñales tiene una estructura particular, donde predominan las casas de renta particular y el turismo es gestionado por privados, la crisis no ha dado respiro.
“El turismo en Viñales está muerto alrededor de hace ya cuatro meses”, lamentó Mena sobre una localidad donde el 80 % de los habitantes viven del turismo.
Torres subraya que la caída de visitantes “disminuye también los ingresos del sector privado y de muchas familias que dependen indirectamente de esa actividad”. Recalca que, en las condiciones actuales, “esos trabajadores tienen muy pocas alternativas para compensar los ingresos perdidos”.
La posibilidad de un repunte inmediato en el turismo parece lejana. “La recuperación del sector no se percibe a corto o medio plazo, en parte por la gran incertidumbre geopolítica en torno a la isla”, señala la evaluación de Torres. Lázaro Mena es claro sobre el futuro: “Hay que lograr que Cuba vuelva a ser un destino sexy para el turismo internacional”, y propone “una apertura económica gigante” como única vía para reactivar el sector y devolver la esperanza a miles de familias cubanas.
(Con información de EFE)













