
El T1000, el robot villano de Terminator 2, estaba hecho de un metal líquido. De ahí que, a lo largo de una de las mejores películas (si no la mejor) de James Cameron, Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton y Eduard Furlong lo balearon, lo atropellaron con autos y camionetas y lo golpearon con objetos contundentes. Y podían agujerearlo, mutilarlo o tajearlo, pero siempre terminaba regenerándose.
La selección argentina es el T1000 del Mundial 2026. Sin el brillo del 2022, la Scaloneta se reconstruye ante cada golpe. Cabo Verde empujó al equipo a la incomodidad del alargue y el juego físico; Egipto lo tuvo dos goles abajo; Suiza hasta le dominó buena parte del trámite, pero como el desesperante androide interpretado por Robert Patrick, el combinado nacional siempre se restaura, como si no hubiera sufrido un rasguño.
Fernando Batista conoce al detalle de qué está hecho el seleccionado nacional. Trabajó en el complejo de Ezeiza en la era Scaloni y tuvo bajo su tutela en las juveniles a varios de los héroes de la Albiceleste, como Alexis Mac Allister, Nico González, el Cuti Romero, Lisandro Martínez, Facundo Medina, Lautaro Martínez y Julián Álvarez. Hoy entrenador de la selección de Costa Rica, aún a la distancia, sabe que la única forma de sacar a la Argentina del Mundial es vía nocaut. O en un tanque de acero fundido, como ocurrió con el T1000.
“Argentina es un equipo con mucha experiencia en este tipo de partidos. En el Mundial anterior se sacó por fin la mochila. Es un equipo de hombres. Lo tenés que pisar hasta el minuto 120 para eliminarlo. Y además tiene un entrenador que plantea muy bien las situaciones y hace muy bien los cambios”, analizó el Bocha en diálogo con Infobae.
Batista, ex defensor, histórico formador en Argentina, siguió de cerca la evolución de sus ex pupilos. Vale recordar que estuvo al frente de Venezuela en las últimas eliminatorias y estuvo cerca de clasificarla al repechaje mundialista. Desde ese rol, los monitoreó. Antes, los moldeó en los seleccionados Sub 20 y Sub 23.
“En los comienzos de este proceso, me tocó estar ahí con ellos. Es un orgullo, más allá de lo futbolístico, por cómo son como personas. Se merecen todo lo que les pasa”, destaca. “No tengo contacto diario con ellos, porque cada uno está con su vida, pero cada tanto intercambiamos mensajes. Y, cuando nos encontramos, charlamos”, cuenta.
De cada uno se guarda un recuerdo. A Alexis y Nico González, por caso, no solo los conoció en albiceleste: los formó cuando eran niños, en Argentinos Juniors.
Del hijo del Colo, asegura que “está en la mejor etapa”. Y le sorprende su lectura de juego: “Tiene el mejor control orientado, sabe cuándo jugar a un toque, cuándo hacerlo a dos, cuándo pisar el área…”. Y a Nico, hoy una especie de jugador N° 12 de La Scaloneta, resalta su historia de superación. “Es un lindo ejemplo para el apuro de los padres que quieren que los hijos lleguen a Primera”, subraya, antes de sumergirse en su historia.
“En Infantiles, en Novena, en Octava, no le tocaba jugar. Y vivía lejos, todos los días tenía que viajar desde Escobar hasta el Bajo Flores. Dos o tres veces me vino a pedir el pase”, evoca. ¿Qué hizo Batista? “Uno trató de hablar con la familia, con Nico, toda gente sensacional. Les expliqué que tenía que hacer el sacrificio, que condiciones tenía. Salía del colegio, se comía un sándwich, se subía al colectivo, venía a entrenar y a la casa llegaba a las 9 de la noche. Hoy me pone muy contento ver adónde ha llegado”, describe el final.
Aquel Nico era delantero. “Hoy es polifuncional. En el fútbol moderno, les da a los técnicos la posibilidad de jugar distintos sistemas sin hacer cambios. Puede jugar de extremo, de interno, de punta. Es muy bueno físicamente y tiene un juego aéreo increíble, algo que a veces no se destaca mucho”, lo ensalza.
A Cuti Romero y Licha Martínez los define como “la mejor dupla central del mundo”. Y Facundo Medina, una de las sorpresas de la lista mundialista, y cumplidor cada vez que le tocó pisar el césped, se revela como una debilidad. “Cuando lo ves entrenar, no sorprende. Es todo mérito de Scaloni. Por ahí muchos no lo tenían porque no juega en la Premier League, en España o Italia. Pero te juega en dos o tres puestos. Es un gran chico, muy humilde. Me pone muy feliz su crecimiento”, completa.
El hermano del Bocha, el Checho, fue campeón y subcampeón del mundo con Diego Maradona en la selección argentina. Como buen Batista, producto de Argentinos, el lazo con Diego viene casi en el DNI. Hoy el mundo se sigue asombrando por la vigencia del reinado de un Messi que no piensa soltar el cetro a los 39 años. Sus ojos vieron de cerca a los dos. Pero se rehúsa a cualquier tipo de comparación.
“A los genios no se los compara, se los disfruta. Es increíble el nivel al que está jugando Messi a los 39 años. Lleva 20 años siendo el número 1 del mundo. Por eso, a los genios, para qué compararlos. Soy parte de una generación tocada por la varita mágica, porque pude disfrutar de los dos”, concluye desde Costa Rica, que el 10 de junio se probó contra Inglaterra antes del Mundial (fue triunfo por 3 a 0 de los británicos).
El suyo es un “proyecto en formación”, al que define como “arrancar un poco de cero”, porque los Ticos encararon un recambio generacional. Este miércoles, los Tres Leones tendrán otro rival, que no está dispuesto a entregar su corona. Ya lo saben sus últimos adversarios, que creyeron tenerlo contra las cuerdas, pero Argentina siempre resurge, como el T-1000 de Terminator 2. Pueden preguntarle a Schwarzenegger. O al Bocha Batista.













