
Uno de cada cuatro adolescentes del mundo no realizó ningún día de actividad física de intensidad moderada a vigorosa en la semana previa, según el informe más completo sobre actividad física juvenil publicado hasta la fecha. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reveló que 15 años de políticas y programas no han movido el marcador: en 2025, el 86% de los jóvenes de entre 11 y 17 años seguía sin alcanzar los niveles recomendados, exactamente la misma proporción que en 2010.
El documento, titulado A generation missing out: global trends in adolescent physical activity, 2010–2025, fue elaborado por las doctoras Fiona Bull y Juana Willumsen del Equipo de Actividad Física de la OMS, con base en datos de 389 encuestas poblacionales aplicadas en 140 países. La muestra abarca más de 3,2 millones de adolescentes y representa cerca del 60% de la población juvenil mundial.
El estudio define un “día activo” como aquel en que el adolescente acumula al menos 60 minutos de actividad física de intensidad moderada a vigorosa —incluyendo desplazamientos, clases de educación física y tiempo libre—. Según ese criterio, solo 14% de los jóvenes alcanzó los siete días activos por semana. El promedio global fue de 2,7 días.

Las nuevas estimaciones reemplazan las cifras globales publicadas para 2016, pero la OMS advierte que no deben compararse de forma directa. El análisis actual utiliza una base de datos más amplia, con información más reciente, y métodos actualizados para calcular la evolución desde 2010.
Traducido a números absolutos, los adolescentes que no registraron ningún día activo equivalen a unos 240 millones. La cifra corresponde a quienes acumularon cero días con al menos 60 minutos de actividad física, no al conjunto del 86% que no alcanzó los siete días recomendados. La actividad regular se asocia con mejor salud física y mental, aprendizaje, autoestima, inclusión y conexión social durante la adolescencia. A largo plazo, puede reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles y favorecer estilos de vida más saludables y una mejor calidad de vida.
Las niñas, las más afectadas
La brecha de género es uno de los hallazgos más preocupantes del informe. En 2025, el 28% de las adolescentes no informó ningún día activo en la semana, frente al 22% de los varones. Los chicos superaron a las chicas en todas las regiones del mundo, sin excepción.

La OMS advierte que esta diferencia no refleja falta de interés, sino desigualdad de oportunidades. Las barreras que enfrentan las niñas son sociales, culturales y físicas: normas que desalientan su participación en el deporte, espacios públicos percibidos como inseguros y menor acceso a instalaciones y programas adaptados a sus necesidades.
El riesgo de que esta brecha se consolide es concreto. La adolescencia es la etapa en que se forjan hábitos que tienden a mantenerse en la edad adulta; si las niñas no encuentran oportunidades de moverse durante esos años, la desigualdad en salud tiene altas probabilidades de persistir.
Una disparidad global de más de 36 puntos porcentuales
El informe también expone diferencias entre países que van del 4% al más del 40% en la proporción de adolescentes sin ningún día activo. Esa brecha de más de 36 puntos es, para la OMS, la prueba de que niveles más altos de actividad juvenil son alcanzables.

La organización señala que los países con mejores cifras no llegaron ahí por azar, sino mediante políticas sostenidas, entornos diseñados para facilitar el movimiento y una cultura institucional que coloca la actividad física como prioridad transversal, no solo sanitaria.
Ningún país está en camino de cumplir la meta de 2030
El Plan de acción global sobre actividad física 2018-2030 de la OMS fijó como objetivo una reducción relativa del 15% en la inactividad física respecto al nivel de 2010. Para cumplirlo, la prevalencia de adolescentes con menos de siete días activos debería bajar del 86% actual al 73% en 2030.
Las proyecciones del informe son contundentes: sin un cambio de rumbo, la proporción de adolescentes que no completa los siete días activos permanecerá prácticamente igual al cierre de la década. Una década y media de intervenciones no alteró la tendencia de fondo.

El informe identifica una causa estructural: tratar la inactividad como un problema de conducta individual, en lugar de un producto del entorno donde los jóvenes crecen. Muchos adolescentes viven en comunidades donde no hay lugares seguros, accesibles o gratuitos para caminar, andar en bicicleta o jugar.
A eso se suman las presiones académicas, las expectativas familiares, las normas culturales y el tiempo creciente dedicado a tecnologías digitales para entretenimiento, comunicación y estudio. La OMS subraya que la actividad física de un joven es moldeada por su contexto social, económico y físico, no solo por su voluntad.
Cuatro áreas prioritarias
El informe organiza su hoja de ruta en cuatro ejes. El primero exige transformar los sistemas que dan forma a la actividad adolescente: alinear las políticas de educación, transporte, urbanismo, deporte y salud en torno a objetivos compartidos, con mecanismos claros de rendición de cuentas. La OMS también pide proteger una educación física inclusiva y de calidad durante toda la escolaridad, e incorporar a los adolescentes en el diseño y la evaluación de políticas, programas y espacios públicos.

El segundo eje apunta directamente a cerrar la brecha de género: combatir normas sociales que frenan la participación de las niñas, mejorar la seguridad en calles y espacios públicos, y aumentar la visibilidad de las mujeres en el deporte y el liderazgo deportivo.
El tercero prioriza a los adolescentes con menor actividad: quienes viven en comunidades desfavorecidas, jóvenes con discapacidad y otros grupos con barreras económicas o estructurales. La OMS propone subsidios, vouchers y programas diseñados en entornos donde los jóvenes ya se reúnen, más allá de las instalaciones deportivas tradicionales.
El cuarto eje aborda las brechas de información. El informe reconoce que los datos escasean especialmente en países de ingresos bajos y medios, y que muchos instrumentos de medición existentes fueron diseñados antes de las Directrices de la OMS sobre actividad física de 2020, lo que dificulta comparar el avance contra las recomendaciones actuales. Entre las propuestas figura integrar tecnologías wearable —dispositivos que se llevan puestos— para medir los patrones de movimiento con mayor precisión.
La OMS reclama una coordinación sostenida entre los sectores de salud, educación, transporte, urbanismo, deporte, desarrollo juvenil y servicios comunitarios, junto con inversión de largo plazo y mecanismos de rendición de cuentas.
El informe fue financiado por la Fundación de la OMS y sus datos estadísticos completos serán publicados en The Lancet Global Health.













