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Jugó en el Boca de Bianchi, pasó por Racing y clubes de Europa, pero se alejó del fútbol: “Los manejos turbios están en todo el mundo”

Marinelli no pudo consolidarse en Boca Juniors

Carlos Marinelli tuvo una carrera que comenzó a una edad temprana, en la que muchos futbolistas todavía sueñan con debutar en Primera. Surgido de las divisiones inferiores de Argentinos Juniors, llegó a Boca a los 14 años y con apenas 17, se fue a Inglaterra antes de debutar como profesional. Un tiempo después, regresó al club de la Ribera y formó parte del plantel Xeneize de Carlos Bianchi, aunque no tuvo el protagonismo que esperaba. Después, pasó por Racing Club, otro de los grandes del fútbol argentino, antes de volver a Europa y continuar una carrera que lo llevó por distintos países y culturas futbolísticas.

Su historia también está atravesada por una mirada muy crítica sobre el ambiente que rodea al fútbol. Marinelli decidió alejarse por completo hace aproximadamente una década, y hoy no juega al fútbol ni mantiene prácticamente contactos con aquel mundo. No reniega de la profesión, pero sí de los manejos que conoció durante su carrera y que, según cuenta, muchas veces terminan perjudicando a los jugadores. “Los manejos turbios están en todo el mundo”, asegura el ex mediocampista ofensivo en diálogo con Infobae. También reconoce sus propios errores y admite que, cuando era joven, no tenía las herramientas para manejar determinadas situaciones.

Inglaterra fue el primer gran salto de su carrera. Llegó con 17 años, en una época en la que no existían las redes sociales y la comunicación era completamente diferente. Allí despertó el interés de varios clubes y hasta tuvo la posibilidad de quedarse a prueba en el Manchester United de Alex Ferguson después de una gira en la que enfrentó a equipos como Newcastle y el United. Sin embargo, su carrera continuó por otro camino. Más adelante llegó al Torino, donde vivió uno de los períodos que considera más importantes de su trayectoria. Allí enfrentó al poderoso Milán de Carlo Ancelotti, quién lo alabó, y a figuras como Rivaldo, Maldini, Redondo y Shevchenko, además de lograr el ascenso a la Serie A.

Después llegaron nuevas experiencias internacionales. Portugal, Estados Unidos, Colombia y Hungría fueron parte de un recorrido que terminó en Perú, donde disputó sus últimos cuatro años como profesional. En Lima encontró un lugar donde disfrutó especialmente de su vida futbolística hasta que una lesión en el gemelo, que incluso requirió una operación en Buenos Aires, terminó acelerando su retiro. Hoy, lejos de la exposición, disfruta de sus hijas, su mujer, los amigos de siempre y una vida de barrio. No guarda demasiadas camisetas de su carrera porque, según explica, las fue regalando. Tampoco siente nostalgia por el fútbol profesional: asegura que lo ama, pero que no extraña el ambiente.

Marinelli con la camiseta de Racing

-Carlos, ¿cómo es tu vida por estos días?

– Vivo en Don Torcuato, con mi familia y disfrutando de mis hijas. El año pasado perdí a mi viejo, y a mi vieja la había perdido hace mucho, ya de chiquito. Así que, nada, con mi mujer y mis dos hijas, juntándome con amigos, con la familia de ellos también. Siempre un poco más de lo mismo. Después de dejar, hará como hace 10 años, vivo tranquilo el día a día. Ocupándome de mis hijas y de la casa. O sea, acompañándolas a ellas. Una está en 3º año, la otra está en la facultad, así que otro modo de ver la vida.

– ¿Jugaste al fútbol de manera amateur desde que te retiraste?

Me alejé de todo el fútbol, no tengo ni contactos, no tengo nada, no juego al fútbol. Amo el fútbol, pero no estoy jugando. Desde que me retiré, habré jugado tres o cuatro partidos nomás, pero no me gusta el ambiente del fútbol. O sea, lo saqué por completo, no me afectó en dejarlo. Nada.

– ¿Qué no te gusta del ambiente del fútbol?

– Todo lo que se ve. O sea, el hincha o fanático ve solamente el partido. Los que pudimos estar adentro vimos un montón de manejos que no sirven para nada. Y, bueno, muchas veces el jugador queda enganchado en los manejos de lo que son los representantes y los dirigentes. Como también el jugador, en muchos casos, es cómplices de esas cosas.

– ¿Padeciste esos manejos turbios?

– Sí, sí, pero no lo digo del lado de que soy vengativo, ni tengo rencor. Ya pasó. Ya fue. Pero sí conmigo se manejaron muy mal y se dedicaron a hacer plata por atrás. Hubo algunos lugares en donde fui a jugar que pasó eso y después con el tiempo te das cuenta. Pero en ese momento, era chico para pensar esas cosas y quería jugar. No te das cuenta, pero después con el tiempo te enteras de que llegaste por un dirigente o por esto, y que no te quería el técnico, no te había pedido y, bueno, ahí la tenés que remar por un montón de factores.

– ¿Eso fue en Argentina? Porque vos jugaste en el exterior también.

Los manejos turbios están en todo el mundo. No hay que creer que Europa es mejor que acá. De eso, olvídate, es todo mentira. Yo te hablo sin filtro porque no le debo nada a nadie. Cuando se habla de los códigos del fútbol, es mentira, los códigos del fútbol son según quién te dice las cosas, de quién habla y si se puede tocar o no tocar.

Marinelli en una foto actual. Dice que no extraña el fútbol

– ¿Vos llegaste a Boca por tu condición futbolística o por algún manejo?

– No, no, eso no, va más allá de si tenía o no condiciones. Sí, yo salí de Argentinos Juniors, me compra Boca a los 14 años, en el paquete de 10 jugadores que incluyó a Juan Riquelme, Islas, Cesar La Paglia, Lucas Gatti, y después a los 17, sin debutar en Primera, me fui a Inglaterra. Después, yo sí vuelvo como profesional al Boca campeón de Carlos Bianchi del 2004. Había ganado todo. Pero bueno, ahí después me di cuenta con el tiempo de que mi representante en ese momento le servía que yo esté en Boca, porque no tenía jugadores ahí. Y nada, llegué por el ex presidente Mauricio Macri en ese momento, pero Bianchi a mí no me había pedido.

– ¿Tuviste que salir a pelearla entonces?

– Sí, bueno, ya ahí empezas a pelearla porque corres muy de atrás. Y también empezás a ver cosas, que juegan los más chicos y vos seguís esperando. Y yo no jugaba, ¿viste? Entonces había cosas raras. Después, también me hago responsable de mi forma de manejarme, porque me enojaba mucho. En ese momento no tenía la cabeza para canalizar un montón de cosas, no había psicólogos, no había nada en ese tiempo. Entonces hacía lo que me salía en ese momento y luego dije “sí, me equivoqué un montón de veces yo también”.

– Carlos, ¿cuándo volviste a Boca la pasaste mal ahí? ¿Tuviste algún inconveniente con tus compañeros?

– No la pasé mal. No, yo te digo a nivel de situación de trabajo, pero el fútbol no deja de ser un trabajo, también más allá de que uno va a mejorar el fútbol y de chiquito, cuando arrancas, vos querés jugar a la pelota. Después, es un trabajo porque hay plata de por medio, cada uno defiende su trabajo en cualquier rubro, pero con los compañeros re bien. Cuando se dice que el equipo es suplente o titular, es así, eso te lo marca mismo también el técnico y todo.

– Cuando llegaste a Boca después de tu paso por Inglaterra, ¿con quién competías en el puesto?

– Como enganche no tenía a nadie. Ahí creo que estaba Miguel Caneo. Pero Bianchi jugaba siempre 4-4-2. Con Román solamente Boca jugó de enganche en 1998, y ahí ganaron todo también. Después, Boca era 4-4-2 y jugaba con Nery Cardozo por la izquierda y adentro Raúl Cascini, Fabián Vargas y Diego Cagna también.

La camiseta que utilizó en Kansas City, una de las pocas que conservó

– ¿Fue una desilusión llegar a Boca de chiquito y no poder debutar en Primera?

– No, yo no lo tomo así, no lo dramatizo, porque el jugador es un privilegiado de poder vivir de este deporte. Estamos expuestos al público y cada uno puede sacar las conclusiones. A veces, uno critica de por vida a un jugador y no sabe lo que le pasa en la vida. Uno va, paga la entrada y ve y putea o te aplaude. Así son las reglas del juego, pero a mí, la espina no me quedó. Mi papá había jugado en Boca, yo quería volver como profesional. Obviamente, a mí me hubiese gustado hacer la carrera al revés, y no como me pasó de irme tan chico, pero me pasó el tren una vez, fue a los 17 años, me subí y había necesidad en mi casa y me tuve que ir. Pero me hubiese gustado estar en Boca hasta los 24, 25 años y después de ahí sí, ir a Europa más maduro, con otra mentalidad. Pero bueno, me tocó hacer todo, quemar etapas e irme para allá.

– ¿El principal motivo por el que decidiste ir a Inglaterra con 17 años fue porque tus viejos necesitaban el dinero, como dijiste recién?

– Sí, pero no al nivel de ser pobre. Yo tuve una infancia espectacular. Éramos de barrio, clase media trabajadora. Nunca me faltó nada. Acá, mi barrio Villa de Mayo, que estoy acá a 20 cuadras de Don Torcuato, vivíamos bien. En ese momento, era el partido General Sarmiento, Islas Malvinas, Argentina. A mí nunca me faltó nada, pero sí cuando aparece una oferta como la que apareció, y eso nos daba mucha tranquilidad a todos. Con 17 años no había hecho todavía la pretemporada con Primera, pero hice una gira con Boca, con un combinado, y me vieron en Europa y gracias a Dios, ahí me fue bien, y me quisieron varios clubes ahí.

– Cuando arrancaste a jugar, te tildaban como el nuevo Maradona. ¿Eso cómo lo tomaste? ¿Fue para bien o demasiada presión?

– No, nunca le di importancia a esa comparación. No me voy a comparar con el más grande de todos, imposible. De hecho, lo tengo tatuado y fue mi ídolo. Pero sí, como jugador es un orgullo que me comparen con él, a cualquier zurdo que salía o que sigue saliendo en Argentina lo comparan con él y con Messi. En ese momento Messi todavía no estaba, entonces era Diego. Pero a mí no me pesó en nada eso, porque era un honor y un orgullo. No, yo no viví la presión así de tenerle que rendir cuentas. O eso no me pasó.

– ¿Con qué te encontraste cuando llegaste a Inglaterra?

– Imagínate que fue un cambio salir del barrio para ir a Inglaterra, sin redes sociales ni nada. Tenía que mandar un fax para comunicarme con alguien. Y nada, pero lo que sí me deja tranquilo es que nunca tuve un problema con nadie, ni extra futbolístico. Nunca le falté el respeto a nadie. De lo que sería el fútbol a nivel trabajo, sí me enojaba, sí tenía las confrontaciones con algún técnico o con compañeros. Cuando jugás, en todos los trabajos hay, pero fuera de la cancha, nadie me puede venir a decir nada porque nunca tuve un problema. Viajé el primer año con mi hermano y con mi papá. Era todo nuevo, imagínate. Es una cosa de locos. Espectacular el estilo de vida, todo. Pero yo siempre fui de nunca pensar en volver, como hicieron muchísimos en ese tiempo, pero sí que yo tenía claro que quería vivir en Argentina y siempre quería volver para acá a estar con la familia.

Una camiseta de Verón que intercambió con la

– ¿Es verdad que te quiso Ferguson para el Manchester?

– Sí, en esa gira hicimos amistosos contra el Newcastle y el United. Con el Middlesbrough que después me compró. Con el Blackburn Rovers en ese momento, con varios equipos y, bueno, tuvimos la suerte de andar muy bien. Yo jugué muy bien y le ganamos al Newcastle y al Manchester. Estaban Piqué, Forlán… Y Ferguson en ese momento, como que habló con mi representante.

– En Italia jugaste un Torino-Milán y Carlo Ancelotti habló de vos. Dijo qué le preocupaban dos cosas “el carácter del equipo, y Marinelli”. ¿Te acordás?

– Sí, tengo el diario de eso que dijo Ancelotti. Yo siempre hablo y hago reír cuando lo digo, pero no teníamos chance: a los 10 minutos perdíamos 3 a 0. Había una diferencia enorme. Jugaban Rivaldo, Seedorf, Maldini, Redondo, Inzaghi, Nesta, Shevchenko…

– Tendrás un museo de muchas camisetas, ¿no?

– Las regalé todas. No me muero por conservarlas. Tengo tres, cuatro cuadros nomás. Tengo la de Verón, porque en ese momento uno las cambiaba con los argentinos nomás cuando andaban por el mundo. Cambié con la Bruja, tengo la de Forlán también, y la del Cholo Simeone cuando jugó contra la Lazio. Y la de Lucho González cuando estuve en Portugal.

– ¿Alguna tuya tendrás?

-De Boca no tengo y de Racing no me queda ninguna, pero tengo una de la MLS cuando estuve. Una de Portugal también. Después tengo una de Guillermo Barros Schelotto del Columbus. La de Juan Pablo Ángel, que también lo enfrenté allá en Estados Unidos.

– ¿Por qué de Boca no preservás?

– Las fui regalando. Me quedaba una del Torino, la última que tenía. Ya casi no tenía camisetas. Y vino un nene acá, del barrio donde vivo, a hacerme un reto de hacer jueguitos, hace como un año. Y me dijo: “Si hacés tantos jueguitos, yo te regalo un chocolate, y si no, me regalás algo vos”. Porque le habían dicho que yo había jugado al fútbol. Lo hice pasar a casa, y ahí le regalé la camiseta, una original con la que había jugado. O sea, las regalé, no me interesa, no tengo nostalgia. Hoy, yo lo veo a Messi nomás. No voy a negar que esta Selección juega extraordinario, y me gusta verla. Los Ronaldinho, los Messi, todos esos jugadores que están por arriba de todos los cracks, de los supercracks, están dos, tres escalones arriba.

– Carlos, ¿qué balance hacés de tu paso por Racing?

– Fue después de Boca. Yo tenía contrato, pero decidí irme, porque quería jugar y me fui a Racing. Ahí me habían pedido, estaba Ubaldo Pato Fillol con el padre del Pipita Higuaín como ayudante. Ahí llegamos muchos jugadores de los que no eran titulares en equipos grandes, llegamos a ese equipo, pero todos lesionados. No fue un buen momento. Llegó Martín Cardetti, que venía de Francia, pero sin jugar mucho. Falcón, que era medio figura en Vélez, sin jugar también. Muchos así. Llegamos medio tocados. Hasta que nos pusimos bien, pero no nos fue tan bien. Y hoy yo no tenía duda que después de una pretemporada ese equipo podía pelear, y de hecho lo peleó y creo que perdió el campeonato con Banfield ese año. Y yo ahí en lugar de quedarme decidí volverme a Europa y me fui al Torino.

– ¿Se nota la diferencia entre pasar de Boca a Racing?

El mundo Boca no se iguala con nada, como debe ser el que jugó en River, el mundo de River. Esos dos equipos están alejados de cómo debe ser el Flamengo y el Corinthians en Brasil, que son los dos más grandes. Y así, los dos grandes de los países. Pero sí, por haber jugado en Racing, después de Boca, para mí, después de la hinchada de Boca, la mejor hinchada a nivel gente y clubes es la de Racing.

– ¿Qué tiene de particular?

– Es muy parecida, muy popular. Alienta todo el partido. Es muy de eso, de ir perdiendo y, obviamente uno ve con el diario del lunes, cuando vas perdiendo, te putean y empieza la canción de “jugadores…” esto, lo otro, pero de apoyar mucho. En los clásicos iban al hotel, hacían banderazo. La verdad que la hinchada de Racing se me hacía muy pero muy similar a la de Boca.

Una lesión y sus pocas ganas de continuar con la rutina del fútbol lo terminaron alejando de la actividad profesional

– ¿Te costó el post retiro después de 15 años de carrera?

-Estuve los últimos cuatro años en Perú, me fascinó. Ahí estaba en Lima viviendo, jugaba en la Universidad San Martín de Porres, que es un club universitario que se hizo famoso en 2006 por ganarle a River en la Libertadores. Y por ser un club de 10 años, en lo que era Perú, ya tenía tres campeonatos locales. Era como la oveja negra de lo que era Alianza Lima, Universitario, Sporting Cristal. Era un club que se dedicaba a jugar muy bien al fútbol. Tenía muy buenos equipos. Y tuve cuatro años maravillosos, hasta que me desgarré un gemelo en la parte del sóleo, justo ahí entre el sóleo y el gemelo, que es lo peor que hay, donde uno pisa. Me lo curaba, volvía, y así me tuvo como seis, siete meses. Ahí no podía dar en la tecla, hacía de todo, probaba todo lo nuevo, y cada vez que jugaba entraba y me volvía a pinchar, hasta que me vine a Buenos Aires a operarme.

– ¿Qué hiciste al final?

– Me fui de vacaciones, quería estar con la familia. Tenía que hacer ultrasonido, esto y lo otro, y estaba sentado en el sofá y le digo a mi mujer “esto no lo voy a hacer, nos vamos de vacaciones” y después decidí no jugar más. Y ahí terminó todo. Tengo amigos y veo gente del fútbol que le hace muy mal el retiro, que tienen que estar constantemente trabajando o ligados, mismo en inferiores. Sí, es difícil, no digo que no, porque te acostumbras a 15 años levantándote el bolsito, a entrenar, a concentrar. Pero en eso yo lo vi al revés. Por ejemplo, no puedo ir a un gimnasio hoy en día, porque siento como que hago la rutina de ir a entrenar. Entonces, levantarse, tener una responsabilidad de ir a correr o de hacer esto, que me den indicaciones, ya no me sale todo eso.