
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia convocó este martes al embajador ruso en Roma, Alexei Paramonov, para presentar una protesta formal tras los insultos sexistas que el presentador Vladimir Soloviev lanzó en televisión contra la primera ministra Giorgia Meloni. El canciller Antonio Tajani calificó las declaraciones de “gravísimas y ofensivas” y anunció la medida en sus redes sociales, en un gesto que eleva la tensión diplomática entre ambos países a un nuevo nivel.
El incidente ocurrió durante el programa Polny Kontakt, conducido por Soloviev, uno de los presentadores más influyentes de la televisión estatal rusa y figura central del aparato propagandístico del Kremlin. Sujeto a sanciones occidentales desde 2022 por difundir desinformación sobre la guerra en Ucrania, Soloviev atacó a Meloni en italiano y en ruso con una batería de insultos sexistas. Utilizó el término “PuttaMeloni”, la llamó “vergüenza para la humanidad”, “bestia natural” e “idiota acreditada”, y la acusó de ser “una bastarda fascista que traicionó a sus votantes”. Añadió que Meloni también había “traicionado” a Donald Trump, “a quien previamente había jurado lealtad”. El reproche apuntaba directamente al respaldo firme que Roma mantiene a Ucrania.
La propia Meloni respondió sin demora, rechazando las palabras de quien consideró “un propagandista diligente del régimen” ruso. “Estas caricaturas no cambiarán nuestro rumbo. Nosotros, a diferencia de otros, no tenemos ataduras, ni amos, ni recibimos órdenes. Nuestra brújula sigue siendo una sola: los intereses de Italia. Y continuaremos siguiéndola con orgullo”, escribió la presidenta del Consejo de Ministros.

La clase política italiana cerró filas de forma transversal. El presidente Sergio Mattarella envió a Meloni un mensaje personal de solidaridad. La secretaria del Partido Democrático, Elly Schlein, principal líder opositora, calificó los ataques de “sexistas e inaceptables” y advirtió que “quien insulta a representantes de las instituciones italianas ofende a todo el país”. El líder del Movimiento Cinco Estrellas, Giuseppe Conte, los tachó de “incalificables”, y el vicepresidente y líder de la Liga, Matteo Salvini, expresó “afectuosa solidaridad” a la primera ministra.
El episodio no es aislado. Las tensiones entre Moscú y Roma se han acumulado durante los últimos años, impulsadas por el apoyo constante de Italia a Ucrania. En noviembre pasado, la Cancillería ya convocó al embajador Paramonov tras unas declaraciones de la portavoz rusa Maria Zakharova sobre el derrumbe de la Torre dei Conti en Roma. Anteriormente, Zakharova había atacado directamente al presidente Mattarella, con acusaciones que el Ejecutivo rechazó con dureza.
Pese a estar sancionado, Soloviev posee una residencia en Italia, circunstancia que motivó una pregunta parlamentaria en el Europarlamento en 2025 sobre la posible vulneración de sanciones por plataformas italianas que lo invitaron a sus emisiones. El dato ilustra la complejidad de una relación bilateral que Roma gestiona con creciente dificultad.
El incidente se produce cuando Italia impulsa activamente, dentro del G7 y la UE, nuevas rondas de sanciones contra Rusia y respalda el préstamo de 90.000 millones de euros que la UE aprobó en diciembre de 2025 para financiar a Ucrania en 2026 y 2027. Esa coherencia convierte a Meloni en un blanco prioritario de la propaganda moscovita: en la lógica del Kremlin, los aliados europeos que no ceden merecen ser atacados desde adentro.












