
En poco más de dos años de gestión de Javier Milei, la inversión bruta interna fija (IBIF) dejó de apoyarse en el patrón que dominó buena parte de las últimas dos décadas.
El “ladrillo”, que funcionó como uno de los motores clásicos del ciclo económico argentino por su impacto sobre empleo, consumo e industrias asociadas, perdió terreno frente a un esquema más ligado a bienes de capital, perforación, transporte pesado y exploración de recursos naturales. Ese giro altera el mapa sectorial, territorial y productivo de la economía.
La serie del Indec permite ver con nitidez el cambio. Entre 2005 y 2023, la construcción de viviendas e infraestructura representó en promedio 40,4% de la inversión total. Ese nivel operó como una referencia bastante estable, incluso en años de crisis. En 2024 y 2025, esa participación bajó a 31,8%, con una contracción de 8,6 puntos porcentuales, la más pronunciada de toda la serie.
En el primer trimestre de 2026, la participación de la construcción quedó 6,3 puntos por debajo del promedio de las dos décadas previas
En el primer trimestre de 2026, la construcción explicó 34,1% del total de la IBIF, un registro que todavía quedó 6,3 puntos por debajo del promedio de las dos décadas previas.
La caída tiene varios factores:
- La obra pública tradicional quedó casi detenida.
- Los planes de vivienda heredados fueron discontinuados.
- El crédito hipotecario mostró una mejora desde niveles muy bajos, aunque todavía no alcanzó una escala capaz de traccionar una recuperación amplia del sector.
- La construcción privada enfrentó costos dolarizados, una demanda más selectiva y un mercado inmobiliario que perdió impulso tras la mejora de los dos años previos.
El resultado es una pérdida de peso estructural de la construcción tradicional. La vivienda y la infraestructura urbana ya no ocupan el lugar que tuvieron durante años dentro del esquema de inversión. En su lugar aparece una dinámica más concentrada en proyectos privados de gran escala y en sectores con mayor capacidad exportadora, pero con menor absorción directa de mano de obra.
Ese corrimiento se observa con claridad en el comportamiento de la maquinaria y el equipo. Entre 2005 y 2023, ese componente explicó en promedio 41,2% de la inversión total. En 2024 y 2025, la participación subió a 45,4%. La modificación no se limita a un cambio estadístico. Marca una transición desde una inversión asociada a obras civiles hacia otra más ligada a tecnología, equipos industriales, perforación y logística pesada.
Dentro de ese bloque, la maquinaria importada aparece como el rubro más dinámico. Su participación histórica se ubicó en 25,2%, pero en 2024 y 2025 avanzó a 28,6% del total.
En el primer trimestre de 2026 llegó a 31,9%, con un salto de 6,7 puntos respecto del promedio de largo plazo. La normalización del sistema de pagos externos, la eliminación de restricciones para importar bienes de capital y la necesidad de renovar equipamiento en sectores exportadores ayudaron a empujar esa suba.
También incidieron de manera directa los proyectos ligados a Vaca Muerta, el litio y el cobre. La compra de equipos de perforación, fractura, transporte y maquinaria pesada ganó espacio dentro de la inversión agregada. Ese patrón sugiere una estructura menos dependiente de la obra pública y más orientada a segmentos con alta intensidad de capital.
La normalización del sistema de pagos externos, la eliminación de restricciones para importar bienes de capital y la necesidad de renovar equipamiento en sectores exportadores ayudaron a empujar el componente externo
La contracara aparece en la maquinaria de origen nacional. Ese rubro pasó de un promedio histórico de 16,1% a una participación de 13,6% del total de la formación bruta de capital fijo en 2026. La industria local de bienes de capital sintió el impacto de la menor demanda interna, la competencia de importados, la debilidad del crédito y una estructura de costos que siguió afectando la producción.
El desplazamiento hacia equipos traídos del exterior puede elevar la productividad de ciertos sectores, pero al mismo tiempo recorta el efecto multiplicador sobre el entramado fabril.
Los equipos de transporte también reflejan la nueva dirección de la inversión. Su participación histórica fue de 11,5%,mientras que en 2024 y 2025 subió a 14,5%. En el primer trimestre de 2026 se ubicó en 13,4%,todavía por encima del promedio. Detrás de esa mejora aparecen camiones, unidades pesadas y equipos especiales destinados a la logística de hidrocarburos y minería, además de la renovación de flotas en actividades exportadoras.
Ese movimiento confirma que la inversión se concentra cada vez más en sectores de gran escala y elevada productividad. El efecto sobre el empleo directo no replica el que históricamente ofreció la construcción residencial o la obra pública urbana. El impacto, en este caso, tiende a desplazarse hacia cadenas específicas de proveedores, servicios técnicos, transporte y actividades conexas.
El salto más disruptivo de la serie se observa en la categoría “otros activos fijos”,que incluye inversión en investigación y desarrollo, activos biológicos y exploración minera. Ese componente tuvo una participación histórica de apenas 0,53% del total general. En 2024 y 2025 trepó a 1,44%, casi el triple del promedio. En el primer trimestre de 2026 se ubicó en 0,95%, un nivel que siguió muy por encima de los registros de largo plazo.
El desplazamiento hacia equipos traídos del exterior puede elevar la productividad de ciertos sectores, pero al mismo tiempo recorta el efecto multiplicador sobre el entramado fabril
La expansión de la exploración de litio en Catamarca, Salta y Jujuy, junto con el avance de proyectos de cobre en San Juan y Catamarca, explica buena parte de ese cambio. También influyó la adhesión de empresas al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI)que aceleró desembolsos en etapas tempranas, como estudios de factibilidad, exploración y obras iniciales. La llegada de capital internacional a la búsqueda de minerales críticos sumó otro impulso.
El nuevo patrón de inversión modifica además la geografía económica. Los grandes centros urbanos vinculados al ciclo inmobiliario y a la obra pública pierden centralidad relativa, mientras que ganan peso provincias asociadas a hidrocarburos y minería.
La recomposición del capital deja así de ser solo una cuestión sectorial: también reordena territorios, cadenas de valor y expectativas de crecimiento.

En ese contexto, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) destacó en su Informe de Política Monetaria del segundo trimestre de 2026 que la inversión moderó su ritmo de caída durante la primera mitad del año. Según el organismo, después de la fuerte recuperación observada en 2024, la formación bruta de capital fijo acumuló una contracción de 11,3% desestacionalizada entre el segundo trimestre de 2025 y el primer trimestre de 2026, afectada por la incertidumbre del proceso electoral.
El informe mostró también que desde comienzos de 2026 aparecieron señales de desaceleración en esa contracción. Entre ellas mencionó la estabilización de la demanda de equipo durable de producción nacional, cierta recuperación de la construcción y un freno en la baja de algunos indicadores adelantados. El BCRA agregó que la aprobación de proyectos bajo el RIGI fortaleció las perspectivas de ejecución de inversiones de gran escala y de ampliación de la capacidad productiva, sobre todo en sectores transables.
El salto más disruptivo de la serie se observa en la categoría “otros activos fijos”, que incluye inversión en investigación y desarrollo, activos biológicos y exploración minera
Ese diagnóstico abre una discusión de fondo sobre la calidad del rebote y el tipo de crecimiento que puede emerger de esta recomposición. La construcción tradicional tuvo durante años una capacidad de derrame más extendida sobre empleo urbano, comercio, insumos industriales y consumo. El nuevo esquema, en cambio, aparece más concentrado en actividades que generan divisas, incorporan tecnología y elevan productividad, aunque con menores efectos inmediatos sobre ocupación masiva y mercado interno.
La pregunta hacia adelante pasa por la capacidad de ese patrón para articular encadenamientos locales y evitar una economía cada vez más dual. Los datos del Indec muestran que la inversión argentina no solo se redujo en la recesión: cambió de forma. En ese giro, la vivienda y la infraestructura retroceden, mientras el capital se desplaza hacia el subsuelo, la maquinaria y los proyectos orientados a exportar más.














