
Carmen Montiel es un nombre que resuena en la historia del boxeo femenino argentino. La Guapa, el apodo que se ganó por su forma de pelear y de vivir, resumió perfecto la existencia de la pugilista que nació en Morón, pero que residió por mucho tiempo en La Matanza. Fue la segunda mujer en obtener la licencia profesional de la Federación Argentina de Box (FAB). Aun así, sus últimos días estuvieron lejos de las grandes luces. Murió al incendiarse su casa, junto a la única compañía de sus mascotas.
El destino parece ser algo inmodificable, la vida es cíclica y la infancia es una etapa que condiciona a las personas. Eso le sucedió a Carmen. Su paso por este mundo ya estaba diagramado por las cuatro esquinas del cuadrilátero, aunque ella no lo sabía: “Nunca pensé en ser boxeadora. Pero de chica siempre miraba boxeo porque teníamos un televisor que agarraba bien Canal 2 que pasaba peleas todos los fines de semana”, recordó La Guapa, en un capítulo del libro “Abran paso: 20 años de boxeo femenino en Argentina” escrito por Irene Deserti y Yesica Palmetta.
El momento de hacerse cargo de su propósito le llegó a sus 31 años. El lugar: un gimnasio típico de barrio, que se las rebusca y subsiste como puede. Carmen asistía con su ropa de entrenamiento, pero no para boxear. Su ocupación en ese momento eran las pesas. Sin embargo, su estadía se vio amenazada por un enemigo recurrente en la historia de los argentinos de los estratos sociales más bajos: la falta de recursos económicos. Montiel no podía afrontar la cuota del establecimiento y fue en ese momento que el destino entró en acción. El dueño le propuso que le pagara con trabajo en la parte de rehabilitación de adultos mayores.

Carmen aceptó y, algunos días después, conoció su pasión: “Voy a la parte de arriba del gimnasio, vi las bolsas de boxeo colgadas y le empecé a pegar a mi forma. Cuando sonó el minuto de descanso salió el profesor, me moría de vergüenza. El tipo me dijo que si me animaba me enseñaba”, relató en el libro. El designio divino ya se había manifestado y era el momento de ponerle el pecho.
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…
Entre prejuicios y ninguneos tuvo que luchar para que respeten su lugar. “Empecé a entrenar, pero pasaron cinco meses y sentía que no avanzaba. El boxeo en ese momento no estaba preparado para la mujer. Un tipo dijo que yo pegaba fuerte y me podían hacer pelear, pero mi entrenador dijo que no porque yo no sabía ni pararme”, contó con pesar. La Guapa forjó su carrera rompiendo barreras y atravesando obstáculos propios de una disciplina que, en ese entonces, no consideraba a las mujeres como parte de la misma.
La recompensa llegó. Tras un recorrido en el ámbito amateur de 22 peleas, la historia tenía guardado un lugar preponderante para ella. El 28 de noviembre de 2001 la FAB le otorgó la licencia profesional y se convirtió en la segunda mujer en conseguir dicho hito. La primera fue, nada más y nada menos, Marcela La Tigresa Acuña.
Se codeó con las grandes

En marzo de 2002 tuvo su debut profesional y fue ante Marcela Acuña. La contienda se la llevó La Tigresa y luego se enfrentaron dos veces más, siempre con derrota para Montiel. Además, enfrentó a Locomotora Oliveras en dos ocasiones: “Peleamos en 2005 y 2008. La última fue cuando logré tirarla. Para la primera, meses antes, estaba más para colgar los guantes. Estaba muy enojada y triste porque sentía que no me valoraban como boxeadora”, contó.
Su trayectoria en el boxeo profesional duró hasta diciembre de 2009 cuando cayó ante Cinthia González, en el club Juvencia de Tapiales. Antes supo enfrentar a pugilistas de renombre como Betina Garino, Claudia López y Yésica Patricia Marcos.
Muchas mujeres hicieron historia en nuestro país y, por acción u omisión, no son recordadas como merecen. Eso le sucedió a Carmen, pero en vida. “Estaba sola en el mundo, sin apoyo y vivía en una casa sin luz y sin ventanas en la que corría riesgos todos los días. Su motivación eran sus animales y por ellos salía a trabajar”, relató la recordada Alejandra Locomotora Oliveras a Boxeadoras Argentinas.
La noche del 21 de agosto de 2022, en su casa de condiciones precarias, fue la última de La Guapa con vida. A sus 57 años, una estufa conectada a una garrafa cayó del lugar donde reposaba para calefaccionar la vivienda y hacer más tolerable el invierno, lo que desató un incendio del que ni Carmen ni sus mascotas pudieron sobrevivir.













