
La megacausa que investiga a la Escuela de Yoga Buenos Aires reveló un mundo curioso, de cierta perversidad, donde la plata y el sexo se mezclan bajo un halo místico.
El expediente, con siete presuntas víctimas, tomó un impulso notable la semana pasada. El lunes 4 de este mes, la jueza María Romilda Servini procesó a Marcelo Guerra Perkowicz -hijo adoptivo de Juan Perkowicz, líder de la organización-, María Beatriz Bugari y el músico, compositor e intérprete de oboe Mariano Krawczyk por el delito de integrar una asociación ilícita dedicada a la trata de personas agravada y al lavado de activos.
Fue un fallo maratónico de 491 páginas. Y los embargos fueron notables también: el monto para Perkowicz hijo llegó a $1200 millones.
Servini había llegado a la causa diez días antes. El juez Ariel Lijo y su equipo habían investigado la causa durante cinco años, con una serie de denuncias recibidas en 2021, bajo la sospecha de un esquema masivo de prostitución VIP y víctimas despojadas de su dinero y sus bienes. El dinero era supuestamente enviado hacia Estados Unidos, con filiales del grupo en ciudades como New York y Chicago, así como licuado a nivel local mediante negocios inmobiliarios.
El camino del expediente fue ciertamente sinuoso. En agosto de 2022, la Escuela de Yoga Buenos Aires, el octogenario Perkowicz -llamado “padre y rey celestial” por sus seguidores- y una veintena de sus seguidores, fueron el blanco de una redada masiva de la PFA a sus sedes en Villa Crespo, su edificio en la avenida Estado de Israel y la mansión del líder en el country Santa Bárbara.
La Federal encontró más de 400 mil dólares, cinco mil cintas VHS y DVD que mostraban filmaciones internas del grupo con figuras políticas como Carlos Saúl Menem, Bill Clinton, Fernando de la Rúa, así como un lote de viejos videos porno, algunos sadomasoquistas, otros un poco más paródicos y picarescos.
Las anotaciones encontradas estaban atravesadas por eufemismos como el programa de “novios”, donde benefactores ricos tenían supuestos sexo a cambio de dinero con las presuntas víctimas. Se hallaron cuadernos que hablaban de ingresos y egresos por millones de dólares.

La historia, o el escándalo de la Escuela de Yoga, no eran una novedad tampoco. El grupo había atravesado una célebre causa judicial en los años 90, un escándalo de aquel entonces. En 1993, el ex juez Mariano Bergés había procesado a Percowicz y a varios miembros de su cúpula en una causa histórica, bajo las acusaciones de corrupción de menores, prostitución y estafa.
Para ese entonces, la Escuela tenía filiales en CABA, Córdoba, La Rioja, Rosario, Bahía Blanca y hasta una rama en Viena, Austria. Atraía a jóvenes profesionales, personas de cierto poder adquisitivo, en medio de una atmósfera donde el yoga era lo de menos.
La causa, minada por recusaciones contra Bergés, nunca llegó a juicio, desarticulada en instancias posteriores. En una filmación plasamada en un DVD, que databa de 2007, hallada en los allanamientos. El líder reconocía: “Tuvimos que coimear hasta la puta madre que lo parió… ¡A los jueces! ¡A los jueces hubo que coimear, a ver si queda claro!”. Bergés negó haber recibido cualquier soborno en diálogo con este medio. “Esa gente me debe seguir odiando”, afirmó, con un poco de fastidio.
En diciembre de 2023, la causa dio un giro repentino: la Sala II de la Cámara Federal anuló la elevación a juicio de 17 procesados por Lijo, entre ellos Perkowicz padre, que aplicó las mismas calificaciones que Servini en su nuevo procesamiento. El centro de la disputa fue la existencia del delito de trata: las víctimas, básicamente, no se asumieron como víctimas. El mes pasado, Lijo fue removido de la causa por la Cámara Federal.

Servini, con un procesamiento de 491 páginas escrito en tiempo récord, fue un paso más allá. La magistrada destacó que existen elementos objetivos que prueban la presunta trata más allá de la autopercepción de las víctimas, así como un informe del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata, que intervino en los operativos de 2022.
Y así, la causa sigue. Un ex habitué que conoció recordaba a la Escuela con cierto afecto: “El yoga era lo de menos. La Escuela parecía un boliche swinger con discurso místico. Como mínimo, eran vampiros de guita, voraces”.
El afán por la plata, por lo visto, perduró en el tiempo.

“Gatos mil”
Un cuaderno hallado en los allanamientos hablaba, del “1B” o “negocio del billón” alimentado por “el punch de la planificación erótica”, “un proyecto propuesto por Percowicz para que entre el año 2000 al 2015 lograran conseguir un billón de dólares para la Escuela”, apuntó Servini en su procesamiento.
El negocio, que por lo visto nunca se llevó a cabo, estaba dirigido a billonarios, “gente avejentada, aburrida y suicida”. La herramienta para lograrlo era “gatos especializados en hacerte feliz”, una literal cura de sexo con “mujeres siempre dispuestas al placer ardiente”.
“Uno de los puntos del “1B” se encontró en un archivo con la transcripción de un guión o libreto del “segundo strip-tease del millón de dólares: gatos mil”“, continúa un documento de la causa.

El procesado Krawczyk se habría involucrado en este plan, con clases dictadas a las “jerarquías más bajas” de la pirámide de la Escuela. De hecho, fue una de tantas claves para procesarlo. En estos supuestos cursos dictados en 2003, el músico explicó los seis mandamientos de Perkowicz padre para el proyecto.
“Krawczyk participaba directamente en el proceso de despersonalización, al ser instructor y ocuparse de dar clases teóricas que colaboraban al sostenimiento de la organización, reforzando los conceptos aportados por Percowicz y promoviendo la prostitución en forma abierta y con el fin de conseguir el ingreso de más dinero”, continuó Servini. Otro documento hasta mencionaba una “Oficina de Apoyo a ventas del 1B”.
El párrafo que sigue en el procesamiento es lapídario. El intérprete de oboe, embargado por $400 millones, “reforzaba las enseñanzas de Juan Percowicz para adoctrinarlos” y además “participaba de la explotación sexual de mujeres, controlando a las alumnas prostituidas desde las trincheras”, con un involucramiento en el programa de “novios”.

Con respecto a Bugari, la otra procesada, instructora de diversos “alumnos” a lo largo de los años, Servini destacó que “no actuaba como una asesora externa por su profesión de arquitecta –como refirió en su declaración indagatoria-, sino como un engranaje jerárquico de dominio dentro de la organización“ designada como heredera universal para ”proteger el patrimonio de la Escuela».
La jueza federal cree que poseía lo que llamó la “fórmula de la Coca Cola”, la información sobre el flujo de dinero y bienes.













