Marko Arnautovic tiene 37 años, se convirtió en el goleador más veterano de la historia de Austria en Mundiales y llega al partido contra la selección argentina cargando una vida futbolística que excede con creces lo que muestran las estadísticas. El delantero del Estrella Roja de Belgrado es la principal referencia ofensiva de un equipo que no llegaba a la fase final del torneo desde 1998, y que necesitó de su liderazgo para clasificarse.
Nacido el 19 de abril de 1989 en el barrio vienés de Floridsdorf, Arnautovic recorrió casi todos los rincones del fútbol europeo —y uno chino— antes de llegar a este momento. Twente, Werder Bremen, Stoke City, West Ham, Shanghai SIPG, Bologna y dos etapas en el Inter de Milán componen una trayectoria que hoy tiene como último capítulo al Estrella Roja, adonde llegó en julio de 2025 para cumplir una promesa. Su físico —192 centímetros de estatura— y una técnica poco habitual para alguien de esa envergadura lo convirtieron en una pieza difícil de neutralizar durante dos décadas.
El debut mundialista ante Jordania dejó una imagen que resume bien su perfil: entró al campo en el entretiempo, con el marcador 1-0 a favor pero el ataque austríaco sin convencer al técnico Ralf Rangnick, y en menos de 45 minutos se transformó en el factor diferencial del 3-1 final. Le anularon un gol por una mano previa de un compañero, convirtió el definitivo de penal en tiempo de descuento y fue un dolor de muelas insoluble para la defensa jordana. Al mismo tiempo, rompió dos marcas históricas: superó al ex arquero Michael Konsel como el jugador más veterano de Austria en Mundiales, y al goleador Toni Polster como el máximo anotador de mayor edad en la historia del seleccionado en la competencia.

Sobre esos récords, Arnautovic fue indiferente. “Realmente ya me da igual qué récords rompo. En mi último torneo quiero dar todo por este equipo”, declaró tras el partido, según recogió el portal serbio Mozzart Sport. Y sobre su condición de suplente, fue igual de directo: “Sentarse en el banco nunca es una buena sensación”, aunque aclaró que Kalajdzic se lo merece tras superar lesiones graves.
Su primera etapa en el Inter, en la temporada 2009/10, fue casi anecdótica en términos futbolísticos: tres partidos, 55 minutos en cancha. Pero fue parte del plantel que ese año ganó la Champions League ante el Bayern de Múnich en el Santiago Bernabéu, con José Mourinho en el banco.
La celebración tuvo un episodio que él mismo relató años después con humor: bajó al campo desde la tribuna en el festejo, tiró su acreditación por la emoción y la policía lo detuvo dos veces porque no lo reconocía como jugador del equipo. “Me detuvieron dos veces en el Bernabéu”, contó, según reprodujo Eurosport.
“Yo estaba en la grada y bajé al campo porque habíamos ganado. La acreditación la tiré por la emoción, no sé donde. Luego unos aficionados me llamaron, me acerqué a la grada y cuando quise volver me detuvo la policía”, detalló.
La segunda etapa en el Inter, iniciada en 2023, fue más consistente: llegó desde Bologna —donde marcó 25 goles en dos temporadas— y aportó desde el banco en un equipo que volvió a pelear por los títulos más grandes.
Con Mourinho también protagonizó un episodio que circuló durante años en los vestuarios. En una pretemporada en Abu Dhabi, Arnautovic llegó tarde tres veces en el mismo día: al desayuno, a una reunión de equipo y antes de un partido. Al día siguiente se presentó cinco horas antes del entrenamiento, con el campo vacío. Cuando llegó el plantel, las risas fueron generales. “Mourinho se levantó y empezó a aplaudir. Me dijo: ‘Eres mi hombre… aquí tienes mi reloj’. Todavía lo tengo en casa”, relató el jugador.

Fuera de la cancha, su carácter explosivo le generó problemas durante años. En Werder Bremen tuvo dos peleas a golpes de puños con el defensor griego Sokratis y acumuló multas por exceso de velocidad al volante. En una de esas ocasiones le dijo a un policía que lo detuvo: “Gano tanto que incluso podría comprar tu vida”. La paternidad fue, según sus propias palabras, el punto de inflexión. “Me dije a mí mismo que no podía seguir así porque después mi hija iba a leer todo e iba a pensar que su papá era un loco”, reconoció. Su esposa Sarah encontró un método propio para ayudarlo a controlar la temperatura dentro del campo: lo pellizcaba en casa para que se acostumbrara a no reaccionar ante las provocaciones de los rivales.
La pareja forma en Austria una unidad mediática que ESPN comparó con la de David Beckham y Victoria Adams: autos de lujo, yates y marcas de alta gama pueblan las publicaciones del “Team Arna”, como los llaman sus seguidores. En 2024, Arnautovic sumó a su colección un Rolls-Royce personalizado valuado en unas 675.000 libras esterlinas.
El capítulo más personal de su carrera reciente tiene otro tono. Siniša Mihajlović, el entrenador serbio que lo dirigió en Bologna, fue para él algo más que un técnico. Cuando Mihajlović enfermó de leucemia, la relación se volvió más estrecha, y tras su muerte en 2022, Arnautovic asumió un compromiso concreto: jugar en el Estrella Roja antes de retirarse, el club donde el DT es ídolo. Rechazó ofertas de mercados más competitivos y en su presentación en Belgrado, en 2025, lloró al recordarlo. “Solíamos hablar de Estrella Roja todos los días. He llorado más en los últimos dos días que en toda mi vida. Se lo había prometido”, dijo en conferencia de prensa.
Participó en las Eurocopas de 2016, 2021 y 2024. Ante Argentina, en caso de jugar, disputará su segundo partido en el primer Mundial de su carrera y alcanzará los 135 cotejos con la camiseta de Austria. Hasta ahora, lleva 48 goles.














