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Fue campeón con Boca, ascendió con Racing y trabajó como pizzero y vendiendo diarios: “Lloré mucho cuando dejé el fútbol”

Daniel Pavón estuvo dirigiendo en el Chaco

El paso de Daniel Severiano Pavón por Boca Juniors quedó marcado por una etapa gloriosa del club. Integró el plantel que conquistó la Copa Libertadores 1977 y la Intercontinental de ese mismo año. Y recuerda especialmente la final frente a Cruzeiro, en una época donde el equipo dirigido por Juan Carlos Lorenzo combinaba experiencia, personalidad y una preparación física adelantada para esos años. “En la final de la Copa Libertadores fui titular en La Bombonera. Cuando fuimos a Belo Horizonte, fui al banco. En un momento, el Toto Lorenzo mandó a calentar a todos salvo a mí. Cuando metió el golazo Nelinho, ahí me hizo entrar. Sin calentar ni nada. Perdimos 1 a 0”, remarca el ex delantero.

En aquella serie decisiva, se disputaron tres encuentros entre el equipo argentino y el brasilero para definir al campeón de América. Tras ganar cada club su partido como local, el Xeneize se impuso por 5-4 en la tanda de penales del tercer encuentro disputado el 14 de septiembre de 1977 en Montevideo, con una consagratoria atajada de Hugo Gatti. “Recuerdo que el día estaba feísimo. Estaba durmiendo y me despierta Lorenzo junto al profe Jorge Castelli, los dos con una vela pegada a un plato. Eran las cuatro de la madrugada. Yo no entendía nada. El Toto me dice ‘Darío Felman no puede jugar. Si no llega, juega usted. Ahora, si juega Nelinho, usted le pega una patada. Lo echan, pero nosotros ganamos igual’“, recuerda el ex futbolista, de 71 años.

Tras ganarle a Cruzeiro en Uruguay, el Xeneize logró obtener su primera Copa Libertadores y luego ese mismo plantel ganó la Intercontinental. “En Boca había líderes que te marcaban el camino y no te dejaban relajarte”, remarca el ex atacante oriundo de La Escondida, Chaco, desde donde se fue siendo un adolescente para cumplir su sueño de ser futbolista y arrancar su carrera en Almirante Brown.

El Cholo Pavón cuenta con una destacada trayectoria como punta. Defendió los colores de varios equipos, como el Xeneize, Racing Club de Avellaneda, Quilmes, Mandiyú de Corrientes y Platense en Argentina. También, tuvo varias experiencias en el exterior como en Cerro Porteño de Paraguay, Liga de Quito de Ecuador y Deportes Tolima de Colombia. Además, fue uno de los primeros argentinos en ir a jugar a la liga de España, más precisamente al RCD Espanyol y luego al Almería antes de retirarse a los 32 años por una rotura de ligamentos que lo alejó definitivamente de las canchas. En sus 15 años como profesional, destaca que fue en Boca donde pasó el mejor momento de su carrera.

“Mi primer paso por Boca fue muy bueno. Hice 14 goles en un año. Volví en 1980 y ahí estuve mal. No estuve en condiciones de jugar porque me dolía mucho una de mis rodillas. Prácticamente no he jugado en mi segundo ciclo. Le dije a Alberto J. Armando (ex presidente boquense) que me quería ir y me dijo ‘¿te parece? Mirá que te tenemos fe’, pero la verdad es que necesitaba un cambio y terminé en Quilmes”, resalta el ex delantero chaqueño, que desde hace mucho tiempo reside en Buenos Aires junto a su familia.

Hoy, alejado de la alta competencia, pero todavía ligado al fútbol, Pavón repasa su carrera, habla de su presente como entrenador y reconoce que el fútbol sigue siendo “la pasión” de su vida.

Con la casaca de Boca tuvo dos etapas

– ¿Qué era lo más fuerte de aquel Boca que ganó la Copa Libertadores e Intercontinental?

– Primero el compañerismo. Segundo, la personalidad. Los muchachos grandes se hacían entender muy fácil con nosotros. Estaban Pancho Sá, Vicente Pernía, Mario Zanabria. Eran tipos que te exigían, que te marcaban el camino, que te cuidaban y también te retaban si hacía falta. Acá había que entrenar, correr y cuidarse. Nada de joda. Si alguno se desviaba, los referentes hablaban con el jugador enseguida.

– ¿También tenía al Loco Gatti como compañero?

– El Loco Gatti era un fenómeno como compañero. Venía a comer pizza a mi casa, con Nacha, su pareja. Pero era más solitario, más de quedarse tranquilo en su habitación. Los otros eran más de grupo, de estar encima de todos.

– ¿Cómo recuerda la final con Cruzeiro?

– Muy intensa. Yo jugué el primer partido en La Bombonera y anduve muy bien. Después, en Brasil, entré unos minutos. Y en la final en Montevideo también jugué, entré en el alargue. Me acuerdo de que antes habíamos jugado un partido muy bravo en el que hice el gol de la clasificación. Son recuerdos muy lindos. Tengo una historia increíble con Lorenzo.

– ¿Qué historia?

– En la final de la Libertadores 77 fui titular en La Bombonera. Cuando fuimos a Belo Horizonte, fui al banco. En un momento, Lorenzo mandó a calentar a todos, salvo a mí. Cuando metió el golazo Nelinho, ahí me hizo entrar. Sin calentar ni nada. Perdimos 1 a 0. Al otro día, viajamos a Uruguay para jugar el desempate. Yo le veía cara rara a Juan Carlos. Recuerdo que el día de la final estaba feísimo. Estaba durmiendo y me despierta junto al profe Jorge Castelli, los dos con una vela pegada a un plato. Eran las cuatro de la madrugada. Yo no entendía nada. El Toto me dice “Darío Felman no puede jugar. Si no llega, juega usted. Ahora, si juega Nelinho, usted le pega una patada. Lo echan, pero nosotros ganamos igual”. Menos mal que jugó Felman, porque Nelinho estaba lesionado.

– Después pudo ingresar en el segundo tiempo.

– Sí. Al final fui al banco e ingresé en el segundo tiempo. Menos mal que Gatti le atajó el penal a Vanderley, porque después de ese penal me tocaba a mí y las piernas me pesaban 200 kilos. Encima, había tanto barro en la cancha que el pie se hundía hasta el tobillo. El Toto me quería poner por izquierda, que no era mi puesto natural, y también me había hablado de Nelinho, el jugador de Cruzeiro que le pegaba bárbaro a la pelota. Lorenzo era muy vivo, muy adelantado para la época. Todo lo físico y táctico que se trabaja hoy, él ya lo hacía en esos años.

– Tenía sus mañas Lorenzo como entrenador, ¿no?

– Sacar ventajas era algo aceptado en la época. Cuando jugamos la final Intercontinental contra el Borussia, el Toto me pidió que le metiera un rodillazo al danés Allan Simonsen. Me dio una vergüenza bárbara, pero había que hacerlo. La Copa era así. A mí, Roberto Perfumo me dejó ocho puntos de sutura en la pierna, era un juego diferente al actual. Sacábamos ventajas de donde podíamos. Es muy recordado un gol con la mano que le hice a Sarmiento de Junín. Hoy, el fútbol es más complicado. Las canchas y las pelotas son diferentes. También son diferentes los chicos.

Con Boca ganó la Libertadores y la Intercontinental

– ¿Qué significó para usted jugar en el Xeneize?

– Muchísimo. Mi primer paso fue muy bueno. Hice 14 goles ese año y jugué partidos importantes. El tema es que alternaba mucho entre titular y suplente. Había partidos donde jugaba muy bien y, al siguiente, iba al banco. Eso también me terminó perjudicando para seguir en la Selección.

– ¿Estuvo cerca de disputar el Mundial 78?

– Sí, estuve en la preselección con César Luis Menotti. Incluso, me mandaron a hacer la ropa y todo. Yo venía jugando muy bien en Platense, pero en Boca alternaba mucho. Y después había monstruos adelante, jugadores impresionantes. El Flaco me dijo que quería que fuera una especie de Roque Avallay, por el despliegue y el estilo de juego.

– También estuvo cerca de jugar en el Real Madrid. ¿Por qué no se pudo dar?

– En 1978 fui a jugar la Copa Gamper con Boca ante el Barcelona. Me fue muy bien y les interesé a los dirigentes del Espanyol de Barcelona. El primer año anduve una barbaridad, me querían comprar el Real Madrid y el Anderlecht de Bélgica. Allá no estaban acostumbrados a que un delantero le peleara a un defensor y me trataban de loquito. Fui con mi representante, José María Minguella, y hablamos. Pero tuve un problema con la ciudadanía española, por este motivo no llegué al Real Madrid. Estuve casi un año sin jugar esperando los papeles y encima me lesioné la rodilla en un entrenamiento. Al final, me fui al Almería, y luego rescindí y volví a Argentina.

– ¿Cómo le fue en España?

– Bien. Por suerte, conocí a Raúl Longhi, quien me ayudó y orientó bastante. Recuerdo el título de una revista local: ”Esperábamos a un goleador y encontramos un abrelatas”. Querían un goleador y se encontraron con un delantero que se movía por todo el frente de ataque. Primero, tuve a José Antonio Irulegui como entrenador, un vasco duro con quién tuve mis problemas. Siempre recuerdo un clásico contra Barcelona. Migueli Bianqueti me hizo marca personal. Era una cosa increíble. Durísimo. Me terminaron rajando. Milonguita Heredia jugaba con un clavo entre los dedos. Fue terrible ese partido.

– ¿Cómo fue ese regreso a Boca para su segunda etapa?

– Volví en 1980, pero ya no estaba bien físicamente. La rodilla me dolía mucho y no podía rendir igual. Después, hablé con Armando y le pedí salir porque necesitaba cambiar de aire. Me fui a Quilmes, me recuperé físicamente y ascendimos con un equipazo.

– Después llegó Racing, donde le tocó pelear por el ascenso.

– Sí, llegué en 1984. En Racing hice muchos goles y fui importante en el ascenso. Tengo recuerdos muy lindos, porque es un club donde la gente me trató muy bien. Hice goles importantes en partidos decisivos. La clave del ascenso de Racing fue el Coco Basile. Llegó y la hizo fácil. Nos dijo “hay que defender bien y jugar de contragolpe para los tres de arriba”. Nosotros (con Orte y Walter Fernández) fuimos los primeros en bajar a defender. De ese ascenso lo que más recuerdo fue la concentración en Ezeiza. Fueron 40 días increíbles. Mira, ascendí con Platense, Quilmes y Mandiyú. Salí campeón de América y del mundo con Boca, pero el mejor recuerdo que tengo fue el ascenso con Racing. En la Academia viví dos años extraordinarios. Una hinchada maravillosa. Pero es verdad: había que tener mucho coraje para jugar con Racing en la B.

– ¿Siente que económicamente no pudo aprovechar su carrera como lo hacen los jugadores actuales?

No hice una diferencia económica. En nuestra época se ganaba bien, pero no como ahora. Pude comprarme mi casa en Saavedra y vivir tranquilo, pero no asegurarme de por vida. Hoy, un jugador con una carrera como la mía tendría la vida resuelta. Yo jugué en equipos importantes: Espanyol, Almería, Liga de Quito, Cerro Porteño, Tolima, Boca, Racing… Jugué Copas Libertadores y tuve una carrera muy linda.

– ¿Siempre mantuvo otros trabajos además del fútbol?

– Sí. Antes de ser futbolista fui pizzero. Trabajaba en una pizzería cuando jugaba en las divisiones inferiores de Almirante Brown. Después, tuve pizzería propia y les cocinaba a varios de mis ex compañeros. Y también tuve puestos de diarios, inclusive jugando en Racing seguía yendo al puesto a controlar todo y a trabajar junto a mi hermano.

– ¿Qué representa el fútbol para usted?

– Todo. Fue mi vida y sigue siendo mi pasión. Ahora mismo, sigo yendo a ver partidos todos los fines de semana: Platense, Defensores, Acassuso, el club que sea. Me encanta el fútbol.

– ¿Cómo es su presente laboral?

– Estuve tres años dirigiendo en Chaco. Primero en Avenida Fútbol Club, en Villa Ángela, donde salimos campeones en Primera y ganamos tres torneos seguidos en Sub-20. Después, fui a Makalle Social Club y salimos subcampeones invictos, perdimos la final por penales.

– ¿Por qué volvió a Buenos Aires?

– Por la familia, y por un tema de salud. Vine a operarme de la próstata y ya llevaba mucho tiempo afuera. Extrañaba a mi señora, a mis nietos. Ahora estoy haciéndome chequeos médicos para quedar bien y volver a trabajar.

Pavón logró un ascenso a Primera con Racing

– ¿Está en la búsqueda de trabajo?

– Sí, la verdad que sí. Me gustaría seguir trabajando, porque me siento muy bien todavía, más allá de mi edad (71). Esta semana tengo que operarme los ojos y luego voy a quedar bien para empezar a trabajar. Si es posible, busco un trabajo vinculado al fútbol, como captador podría ser, porque el fútbol fue y será mi vida, lo que más amo en la vida. Gracias a Dios, siempre viví del fútbol. Lógicamente que hoy se está complicando todo, porque estoy jubilado y la plata no alcanza. La jubilación es muy baja.

– ¿Le costó dejar de jugar?

Muchísimo. Cuando me rompí los ligamentos cruzados ya me di cuenta de que no podía jugar como antes. Y yo no quería entrar a una cancha para dar lástima. Lloré mucho cuando dejé el fútbol. Me iba al Chaco a llorar con mi mamá, lloraba con mi señora. El fútbol fue mi vida. Hoy entiendo que cada etapa se termina. Pero el fútbol sigue siendo mi pasión. Ahora, hablando con vos estoy llorando por todo lo que me dio el fútbol y porque quiero seguir trabajando en el fútbol. Por eso, todavía tengo ganas de estar cerca de una cancha. Mientras tenga salud y fuerza, voy a seguir intentando estar ligado a esto que amo.