La llegada de Juli Puente a su hogar con Serena, su primera hija junto a Facundo Miguelena, marcó un antes y un después en la vida de la influencer. Las emociones, lejos de quedarse en la puerta de la clínica, se instalaron en cada rincón de la casa. El cansancio, la felicidad y la angustia se entremezclaron en los primeros minutos de convivencia bajo un mismo techo. La periodista, fiel a su estilo, eligió compartir con sus seguidores cada instante, sin filtros ni edulcorantes.
El regreso al hogar no trajo solo alegría. La flamante mamá no pudo evitar sentir una mezcla de tristeza y miedo ante la nueva realidad. Una imagen la mostró abrazando a su hija, con la mirada clavada en la cámara. Sobre la foto, un texto directo: “Llegué a casa y me agarró una angustia terrible, dicen que es normal. No sé por qué. Siento tristeza como que veo la panza y ya no está ahí y no me preparé (ah re jajaja) no tiene lógica pero bueno, dicen que pasa y la veo toda chiquita y me da miedo no poder cuidarla”. El testimonio, lejos de ocultar la vulnerabilidad, puso en palabras la experiencia de muchas madres en el puerperio.

La convivencia con Burbi, el perro de la familia, sumó una cuota de humor y realismo. La influencer subió una foto desde la cama, donde se veían a la beba y al animal, atentos pero distantes. La frase que eligió no dejó lugar a dudas: “No hay feeling, pero CERO”. El retrato doméstico, sencillo y sin poses, ilustró el proceso de adaptación de todos los integrantes a la llegada de Serena.

La noche trajo consigo el peso de la responsabilidad. Una imagen en blanco y negro, centrada en la cuna, reflejó el clima de incertidumbre. El mensaje fue contundente: “Primera noche en casa y nunca tuve tanto miedo en mi vida, no paro de llorar chicas siento que me da pena que sea tan chiquita jajaja, yo no me sé ni cuidar a mí y tengo que cuidarla a ella”. Detrás del humor y los emojis, el sentimiento de desborde apareció sin vergüenza, mostrando el lado menos romántico del posparto.
El aterrizaje emocional se completó horas después, cuando Juli subió otra foto con Serena en brazos. En la imagen, la expresión de asombro y cansancio dominó la escena. La confesión llegó sin filtros: “Creo que acabamos de caer cuando entramos a casa jajajaja, necesito procesar esto pues me fui de casa el martes a un chequeo y nunca más volví”. El regreso, lejos de lo planeado, se transformó en un viaje de ida.

El nacimiento de Serena, ocurrido el 30 de junio, tampoco siguió ningún guion preestablecido. Juli relató que el parto resultó imprevisible y que, entre el miedo y la falta de preparación, la llegada de la beba los tomó por sorpresa. Las primeras horas en la clínica se vivieron con una mezcla de adrenalina y ternura. Puente y Miguelena recibieron a su hija en medio de lágrimas, nervios y una emoción que describieron como imposible de poner en palabras.
Desde la clínica, la influencer registró cada detalle del posparto. Mostró la primera noche sin dormir, las empanadas a las tres de la mañana y la dinámica familiar que ya incluía a Serena. Facundo, activo desde el primer momento, cambió pañales y acompañó a su esposa en la adaptación a la nueva rutina. Julieta, lejos de idealizar, reconoció en tono humorístico sus errores de madre primeriza y la dificultad de procesar el cambio.
La llegada a casa amplificó todos los sentimientos. El espacio conocido se volvió escenario de dudas, miedos y aprendizajes compartidos en tiempo real con miles de seguidores. Las imágenes y frases que eligió Juli para documentar el regreso expusieron sin reservas la vulnerabilidad, la risa y el desconcierto que acompañan el inicio de la maternidad. La experiencia de la influencer se vivió como un relato abierto, donde cada emoción encontró su lugar.














