
La propagación del virus oropouche registró un pico en enero de 2024 en Brasil y casi un año después se dieron brotes en el corredor migratorio de la provincia de Darién, en Panamá, región que concentró el primer gran brote documentado del virus en Centroamérica.
Esto lo afirma una investigación científica liderada por el Centro Carson de Investigación en Salud y Ecosistemas, en colaboración con el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges), el Ministerio de Salud (Minsa), el Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (Indicasat AIP), entre otras instituciones.
La investigación revela que la provincia darienita fue indentificada como clave para detectar y anticipar la expansión futura de esta enfermedad hacia otros países de la región.
Explica que para detallar esto la hipótesis más cercana es que el virus ingresó recientemente al país, encontrando condiciones que favorecieron su rápida expansión.
Mediante la reconstrucción genética del virus, de acuerdo al estudio, los científicos determinaron que el brote registrado en Panamá se originó a partir de una única introducción reciente, ocurrida alrededor de octubre de 2024. El análisis no encontró evidencia de una circulación oculta prolongada ni de adaptaciones genéticas que sugirieran una presencia más antigua en el país.

Basado en vigilancia clínica, análisis genómicos y modelos climáticos, la investigación aporta nuevas evidencias sobre el comportamiento de este arbovirus emergente, y ayuda a explicar por qué Panamá registró un brote meses después de que el virus alcanzara niveles históricos de transmisión en Sudamérica.
El CEO y fundador del Centro Carson, el investigador panameño, Jean-Paul Carrera, explicó a La Prensa que el virus oropouche se propagó por varios países de América durante 2024 y registró uno de sus mayores picos en Brasil en enero de ese año. Sin embargo, el corredor migratorio de Darién no reportó brotes hasta casi 12 meses después, una situación que generó interrogantes entre los científicos.
Hasta ahora existían dos posibles explicaciones: que el virus hubiera circulado de forma silenciosa durante meses sin ser detectado por los sistemas de vigilancia o que hubiera ingresado recientemente al país y encontrado condiciones favorables para una rápida transmisión.
La investigación concluye que la segunda hipótesis es la más probable. Mediante la reconstrucción genética del virus, los científicos determinaron que el brote registrado en Panamá se originó a partir de una única introducción reciente, ocurrida alrededor de octubre de 2024.
Carrera explicó que el análisis genómico también permitió reconstruir la ruta más probable seguida por el virus antes de llegar a Panamá. Según los hallazgos, las variantes detectadas en el país están relacionadas con linajes que circularon previamente en Brasil, Bolivia y Cuba.

“Esa es la ruta que desciframos que siguió el virus”, indicó el investigador al medio impreso.
Los resultados se basan en el análisis de 1,040 personas evaluadas durante el brote. De ellas, el 43% dio positivo al virus oropouche, una cifra que refleja una intensa transmisión comunitaria en las áreas afectadas.
El análisis aclara que hasta marzo de 2026 no existen vacunas autorizadas, antivirales ni sistemas de vigilancia rutinaria para el Oropouche, enfermedad transmitida por el mosquito mordedor Culicoides paraensis en ciclos selváticos que involucran perezosos y otros mamíferos.
Provoca una enfermedad febril aguda que se asemeja clínicamente al dengue, al Zika y al chikungunya: dolor de cabeza, mialgia, erupción cutánea, con posibles complicaciones neurológicas; la transmisión vertical y sexual documentada ha ampliado su perfil de amenaza, asegura la investigación.














