
El sector de alimentos y bebidas en El Salvador atraviesa un momento clave ante la discusión regional sobre el etiquetado nutricional frontal.
Las principales organizaciones industriales del país han realizado un llamado para que Centroamérica adopte una normativa unificada que regule la información visible en el empaque de los productos.
El objetivo de esta propuesta es facilitar el comercio intrarregional, reducir costos operativos y fortalecer la competitividad de las empresas ante las exigencias de los mercados internacionales.
La Federación de Cámaras y Asociaciones Industriales de Centroamérica y República Dominicana (FECAICA) presentó una solicitud formal al Consejo de Ministros de Integración Económica (COMIECO) para avanzar en un Reglamento Técnico Centroamericano (RTCA) armonizado sobre etiquetado frontal de advertencia nutricional.
FECAICA respalda su posición con datos sobre el desempeño del sector: en 2022 (el dato más actualizado de la entidad), las exportaciones intrarregionales de alimentos y bebidas crecieron 15%, alcanzando un valor de $2,419.7 millones. Las exportaciones fuera de la región sumaron $5,050.2 millones, con un crecimiento del 18.5% respecto al año anterior.
La federación advierte que la falta de acuerdos podría llevar a regulaciones divergentes en cada país, lo que complicaría la competitividad y aumentaría los costos tanto para empresas como para consumidores.
Además, subraya que un sistema fragmentado dificultaría el comercio regional, en especial para las pequeñas y medianas empresas. FECAICA propone que la normativa tome como referencia el modelo gráfico implementado en Brasil, que destaca información relevante sobre azúcares añadidos, grasas saturadas y sodio, permitiendo decisiones más informadas al consumidor.

Perspectiva del sector industrial salvadoreño
Por su parte, Karla Domínguez, gerente de Inteligencia Industrial de la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI), explica que el sector de alimentos y bebidas representó el 13% de las exportaciones totales de El Salvador entre enero y abril de este año, solo superado por el rubro textil. “Las exportaciones de alimentos y bebidas alcanzaron más de $292 millones en conjunto al mes de abril. Separando los rubros, los alimentos sumaron $237 millones y las bebidas, alrededor de $53 millones”, señala Domínguez.
En el segmento de alimentos, los subsectores más dinámicos son los snacks, productos cárnicos, panadería y molinería, lácteos y confites. Mientras que en las bebidas, las categorías principales son las carbonatadas, cerveza, jugos y licores.
Domínguez destacó que la diversidad de destinos como Centroamérica, República Dominicana, Estados Unidos, Italia y España, muestra el alcance de la industria salvadoreña.

Domínguez detalla que la propuesta de unificación normativa responde a la necesidad de evitar diferencias entre los países centroamericanos. “La industria de alimentos y bebidas de Centroamérica busca una armonización en cuanto al reglamento de etiquetado frontal, dado que actualmente no existe un reglamento oficial regional y está en proceso de análisis. Existen propuestas como el sistema gráfico de Brasil, que tiene un enfoque más informativo y amigable para el consumidor y permite a la empresa colocar información de interés para que el consumidor conozca el producto que adquiere”, explica.
Homologar el etiquetado permitirá que la industria autorregule su operación y facilite el comercio, sin que surjan leyes locales que obliguen a modificar etiquetas para cada país. “Lo que esto permitiría es tener algo que nos permita autorregular, facilitar el comercio entre los países sin que existan leyes locales, sino que sea algo centroamericano homologado”, afirma.
Impacto en la competitividad y la inversión
Jorge Arriaza, presidente de ASI, destaca la importancia de mantener un equilibrio entre los intereses del consumidor y los del productor. Durante el Congreso de Alimentos y Bebidas, Arriaza reconoció la labor de las autoridades reguladoras y enfatizó la necesidad de regulaciones técnicas que consideren tanto la calidad como la competitividad.
“La superintendencia está haciendo un excelente trabajo de regulación, un trabajo que hace un balance muy bien entre lo que requiere el consumidor y lo que requiere el productor. Al final, la garantía es que el consumidor está recibiendo buenos productos de calidad”, explicó Arriaza.
El presidente de la ASI también subrayó el potencial de la industria alimentaria regional para integrarse en cadenas de valor más sólidas, con una capacidad de exportación cercana a los $10,000 millones de dólares.
“El potencial del sector alimentos es fortalecer una cadena de valor regional que garantice que podamos crecer mucho más fuerte”, agrega.













