El rey Carlos III del Reino Unido inició este lunes una visita de Estado de cuatro días a Estados Unidos, en un contexto marcado por las tensiones transatlánticas por la guerra con Irán y dos días después del tiroteo ocurrido en una cena a la que asistió el presidente Donald Trump, anfitrión del viaje oficial.
La visita, que realiza junto a la reina Camila, busca destacar los vínculos históricos entre ambos países en momentos en que Estados Unidos conmemora el 250 aniversario de su independencia, según informó el gobierno británico.
Durante la agenda oficial, Carlos III se convertirá en el primer monarca británico en dirigirse al Congreso estadounidense desde la reina Isabel II, quien lo hizo en 1991. Además, la pareja real compartirá un té con Trump y la primera dama Melania Trump, y asistirá a una cena de Estado.
El miércoles, los soberanos viajarán a Nueva York para recorrer el memorial del 11 de septiembre. El jueves partirán hacia Bermudas, en lo que será la primera visita del monarca a un territorio británico de ultramar desde su ascenso al trono.
El Palacio de Buckingham confirmó el domingo que la visita seguiría adelante pese al tiroteo registrado la noche anterior durante la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca. La casa real señaló que Carlos III se mostró “muy aliviado” porque Trump, Melania y el resto de los invitados resultaron ilesos.

Según el texto difundido, un presunto atacante, que habría actuado solo, quedó bajo custodia tras el incidente. Un integrante del equipo de seguridad presidencial resultó herido.
El embajador británico en Washington, Christian Turner, declaró en una rueda de prensa el domingo por la noche que, tras extensas conversaciones, “todos estamos muy seguros de que todas las medidas de seguridad apropiadas están en su lugar” para la visita de Estado.
La llegada del monarca coincide con un momento delicado en la relación entre Londres y Washington. La guerra impulsada por Trump contra Irán abrió una inusual brecha diplomática entre ambos gobiernos. El presidente estadounidense cuestionó públicamente al primer ministro británico, Keir Starmer, por su oposición al conflicto, así como por las políticas migratorias y energéticas de su administración.
Ambos líderes hablaron por teléfono el domingo. Durante la conversación, Starmer transmitió “sus mejores deseos” tras las “escenas impactantes” ocurridas en la gala de la noche anterior.
Según la oficina del jefe de gobierno británico, también analizaron “la necesidad urgente de que el transporte marítimo vuelva a moverse en el estrecho de Ormuz, dadas las graves consecuencias para la economía global y el costo de vida para las personas en el Reino Unido y en todo el mundo”.
Aunque Starmer cuestionó públicamente la guerra, defendió la continuidad de la visita real. Ante preguntas de legisladores sobre la decisión, sostuvo: “A menudo lo que la monarquía puede hacer, a través de los lazos que construye, es tender puentes a través de las décadas en una situación como esta”.
Por su parte, Trump afirmó el jueves a la BBC que la visita podría “absolutamente” contribuir a reparar la relación bilateral. El domingo, en declaraciones a Fox News, subrayó el vínculo personal con el monarca: “Es amigo mío desde hace mucho tiempo, así que viene, y vamos a pasar un gran momento, y representa a su nación como nadie más puede hacerlo”.
(Con información de AFP)













