Hace mucho tiempo que Tuli Acosta se convirtió en un personaje difícil de ignorar por su impronta propia, su talento y su estilo a la hora de vestirse. En medio de todo esto hace tiempo que su pelo se convirtió en un símbolo: el pelo, corto, teñido de color rojo y negro.
Sin embargo, Acosta sorprendió a sus seguidores con un cambio de cabello que nadie esperaba: dejó atrás el rojo y negro que la había identificado durante un tiempo y apareció con un look de un solo color, marrón oscuro con flequillo. La reacción no tardó en llegar.
La propia Tuli fue la primera en procesar el cambio frente a cámara. En una de sus historias, se mostró con el nuevo look y lanzó una frase que resumió todo: “Soy otra persona. Me encanta igual.”
El contraste con lo anterior era evidente. El rojo vibrante y las raíces negras que habían marcado su imagen dieron paso a un marrón uniforme, más apagado, más natural. Un giro que sus seguidores no pasaron por alto.

Los mensajes comenzaron a llegar de inmediato. Y el pedido era casi unánime: que volviera al rubio, el color con el que muchos la asociaban antes del rojo y negro.
Tuli grabó un segundo video para responderles. Y no se guardó nada: “La gente que me pone que vuelva al rubio. ¿Pero ustedes qué piensan? ¿Que puedo volver de una al rubio? Me voy a quedar pelada, tengo que ir de a poco.”
La explicación tenía una lógica capilar concreta. Tuli aclaró que su cabello venía de un proceso con negro, lo que dejó zonas más oscuras que otras. Volver al rubio de forma directa no era una opción sin arriesgar la salud del pelo.
El camino, según describió, es gradual: primero la transición del negro al marrón, y desde ahí avanzar hacia su color. Sin saltos, sin atajos. “Pero bueno, gente, lleva tiempo”, cerró.
Tuli Acosta compartió su exigente rutina de entrenamiento y deslumbró a sus seguidores
Semanas atrás, entre momentos de relax en la playa y días de trabajo en su música, Tuli se enfocó en su salud física y mostró su exigente rutina de entrenamiento enfocada en fortalecer todo su cuerpo.
Con su clásico pelo rojo, el primero de los ejercicios que compartió fue la sentadilla búlgara. Tuli mantenía el torso inclinado hacia adelante, sostenía una mancuerna con la mano derecha y apoyaba la pierna trasera sobre un banco. Un movimiento que exige equilibrio, fuerza y concentración en partes iguales.
Minutos después llegó el peso muerto con mancuernas, con 18 kilos en cada mano. Tuli bajaba lentamente con los brazos extendidos, la espalda recta y la mirada hacia el suelo, flexionando apenas las rodillas. En la parte inferior de esa imagen aparecía un texto que lo decía todo: “Volvió ella”, junto a un corazón blanco y su nombre.
El peso muerto con mancuernas trabaja la cadena posterior del cuerpo: glúteos, isquiotibiales y zona lumbar. El movimiento arranca de pie, con los pies separados a la altura de las caderas y una mancuerna en cada mano. Con el abdomen contraído y la cadera llevada hacia atrás, el torso desciende hasta que las mancuernas quedan cerca de los pies o a la mitad de la pierna.
La mirada permanece hacia el suelo para mantener la columna alineada. El ascenso se ejecuta empujando las caderas hacia adelante y contrayendo los glúteos hasta volver a la posición inicial. Arquear la espalda o perder el control del movimiento son los errores que hay que evitar para no comprometer la zona lumbar y aprovechar al máximo el trabajo muscular.













