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El aumento en el precio de los combustibles impacta a hogares y comercios en Honduras

Semana a semana los precios de los carburantes registran alzas en Honduras

Durante más de tres meses, los hondureños han experimentado cómo llenar el tanque de combustibles se vuelve cada vez más costoso. No se trata de un ajuste aislado, sino de una tendencia sostenida: 14 semanas consecutivas de incrementos en los carburantes. Este fenómeno no ocurre en el vacío.

Honduras, como país importador de hidrocarburos, depende directamente de las fluctuaciones internacionales del petróleo. Factores como tensiones geopolíticas y problemas en la cadena de suministro han presionado al alza los precios, trasladando ese impacto directamente al consumidor final.

El verdadero peso de esta crisis no se mide únicamente en estaciones de servicio, sino también en los mercados, pulperías y hogares hondureños.

Cómo el alza de combustibles afecta a la vida cotidiana

El defensor de los consumidores Adalid Irías advirtió que el aumento en los combustibles está provocando una escalada de precios en productos de consumo popular. Según sus declaraciones, al menos 11 productos de la canasta básica han subido como consecuencia directa del encarecimiento del transporte y la producción.

El Gobierno de Honduras asume temporalmente el 50% del aumento de los carburantes (Cortesía: BCIE)

Irías menciona que carnes, lácteos, verduras y granos básicos han experimentado incrementos constantes. Solo en un mercado de Tegucigalpa, la canasta básica llegó a aumentar alrededor de 32 lempiras en un solo fin de semana. Más allá de los números, esto obliga a los hogares a tomar decisiones difíciles: comprar menos, sustituir productos o, en muchos casos, prescindir de ciertos alimentos.

El impacto no se limita a los alimentos. Productos esenciales y otros artículos también comienzan a subir, siguiendo la misma cadena de costos, mientras los ciudadanos exigen respuestas a la Fiscalía del Consumidor.

Hondureños reformulan su presupuesto para cy poder adquirir los productos necesariosEFE/Gustavo Amador

Andrés Galo expresa su frustración ante la pérdida de poder adquisitivo: “No es posible que no tengamos medidas de control, y si hay no son suficientes, yo no solo yo veo afectada mi economía y no digamos del aumento que se habla del transporte, no puede ser”.

En un país donde más del 60 % de la población vive en condiciones de pobreza, cada lempira adicional representa una carga significativa para millones de personas.

La respuesta del Estado: subsidios y límites fiscales

Ante este escenario, el Gobierno ha optado por mantener un esquema de subsidio parcial. Actualmente, el Estado absorbe alrededor del 50 % del incremento en algunos combustibles, buscando frenar el golpe directo al consumidor. Además, el gas licuado de petróleo (GLP) doméstico se mantiene subsidiado, lo que permite contener parcialmente el costo en los hogares más vulnerables.

Expertos y sectores sociales advierten que estas medidas resultan paliativas. Si bien ayudan a amortiguar el impacto inmediato, no detienen la tendencia ni eliminan el efecto en cadena sobre la economía.

Incluso Irías ha señalado el riesgo de que el Estado no pueda sostener indefinidamente estos subsidios, debido a la presión fiscal que representan.

Hoy, el precio de los combustibles en Tegucigalpa supera los 138 lempiras por galón en gasolina superior y más de 140 lempiras en diésel, cifras que siguen en ascenso. Detrás de cada estadística hay casos concretos: la madre que reduce la compra de alimentos, el transportista que ve disminuir sus ganancias y el comerciante que se debate entre subir precios o perder clientes.