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De esquina más tensa del mundo a atracción turística: Checkpoint Charlie, el cruce más icónico del Muro de Berlín

El Checkpoint Charlie fue el tercer puesto de control que establecieron los Aliados a lo largo del Muro. (Credit Image: © David Becker/ZUMA Press)

La Guerra Fría partió al mundo en dos y hubo algunos rincones del planeta que se convirtieron en un recordatorio constante de que, tras la Segunda Guerra Mundial, la geopolítica había quedado dividida entre Occidente y el bloque soviético. Berlín fue la condensación de esa división: el Muro, construido durante una madrugada de 1961, fue el símbolo más contundente de la existencia de la Cortina de Hierro.

De todos los pasos fronterizos que había a lo largo de los 155 kilómetros de longitud del Muro de Berlín, hubo uno que adquirió una notoriedad extraordinaria. El Checkpoint Charlie protagonizó tensiones que casi desatan un nuevo capítulo bélico y, con el correr de las décadas, se convirtió en un símbolo de la reunificación de Alemania y del fin de la Guerra Fría.

Un nombre técnico que se hizo famoso

El Muro fue construido por la República Democrática Alemana (RDA) durante la madrugada del 13 de agosto de 1961 con un objetivo central: frenar el éxodo masivo de ciudadanos que huían desde la zona soviética de Berlín hacia el área controlada por Occidente. En la intersección de las calles Friedrichstrasse y Zimmerstrasse, algo más de un mes después de la construcción repentina del Muro, se instaló uno de los pasos fronterizos entre ambas partes de la ciudad.

Ese punto de control tenía sobre todo una función: allí debían registrarse los militares de los Aliados -el bloque integrado por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia- antes de ingresar en la parte soviética de Berlín. Además, por allí debían pasar obligatoriamente extranjeros, diplomáticos y funcionarios que vinieran desde la República Federal de Alemania, es decir, del lado capitalista de la ciudad.

El Muro se construyó en agosto de 1961 para frenar el éxodo desde el sector soviético de Berlín.

La denominación “Charlie” fue establecida a través del alfabeto fonético establecido por la OTAN. Al primer puesto de control, los Aliados le pusieron Checkpoint Alpha; al segundo, Bravo; y al tercero, Charlie. Con ese nombre se conoce todavía hoy a ese rincón berlinés en el que, en 1990, se demolió el puesto de control y que poco después se convirtió en uno de los sitios turísticos más visitados de la capital alemana: se estima que por allí pasan un millón de personas cada año.

Pero antes de que el Checkpoint Charlie se convirtiera en un lugar en el que sacarse fotos, fue un nudo tenso en una ciudad partida en dos. En los casi 30 años de funcionamiento del puesto de control, el episodio más conflictivo se vivió apenas después de su instalación, en octubre de 1961. El diplomático de alto rango Allan Lightner, estadounidense, quiso cruzar el sector oriental para asistir a una función de ópera.

Los guardias fronterizos de Alemania Oriental le exigieron documentación y Lightner aseguró que sólo reconocía la autoridad de los Aliados, lo que desató una crisis diplomática que escaló rápidamente. El 27 de octubre de 1961, el general norteamericano Lucius Clay puso diez tanques del lado occidental del Checkpoint Charlie. El bloque soviético respondió ubicando otros diez tanques de su lado.

La tensión duró 16 horas, los tanques no apagaron sus motores en ningún momento y el mundo estuvo en vilo por casi un día entero. Pero cuando parecía que la escalada final era inminente, John Fitzgerald Kennedy y Nikita Kruschev se comunicaron y llegaron a un acuerdo. Los tanques fueron retirados y el Checkpoint Charlie recuperó su funcionamiento habitual.

La “franja de la muerte”

En las inmediaciones del puesto fronterizo hubo otras escenas fatídicas. Una de las más dolorosas fue la muerte de Peter Fechter, un joven de 18 años que en 1962 fue baleado mientras intentaba saltar el Muro para huir de la zona soviética. Cayó en la llamada “franja de la muerte”, el espacio que había entre los dos muros amurallados que separaban ambas zonas de Berlín.

Hoy hay una reconstrucción del puesto de control y hombres que se disfrazan de soldados Aliados y cobran tres euros por foto. (Credit Image: © Harald Franzen/zReportage.com/ZUMA Press)

Durante una hora, los berlineses del lado occidental lo vieron desangrarse sin socorrerlo: los soldados orientales no podían intervenir ya que eso implicaba el riesgo de que estallara un conflicto con el bloque comunista.

Pero aunque muchos intentaron cruzar el Muro de Berlín sin éxito, el Checkpoint Charlie también fue el puesto de control que, como todos los demás, pudo ser burlado por quienes tuvieron documentos falsos lo suficientemente bien fraguados, o incluso por quienes se escondieron en autos con doble fondo o con las carrocerías alteradas para que allí pudiera ocultarse una persona.

Además, “Charlie” fue el lugar indicado para varios intercambios de prisioneros: el más célebre fue entre el piloto estadounidense Francis Gary Powers, cuyo avión espía había sido derribado en el área soviética, y el espía ruso Rudolf Abel.

Una foto por 3 euros

El 22 de junio de 1990, casi treinta años después de su puesta en funcionamiento, el puesto de control bautizado “Charlie” fue desmantelado definitivamente. Ya había caído el Muro de Berlín, pero aún faltaba un tiempo más para la reunificación oficial de Alemania.

El Muro de Berlín cayó en noviembre de 1989. Checkpoint Charlie fue desmantelado en 1990. EPA/STR/Archivo

No fue un desmantelamiento más: los cancilleres de los países del bloque Aliado estaban allí para presenciar el final de las tareas que el Checkpoint Charlie había cumplido por años. El acto simbolizó un paso más hacia la unificación de Alemania.

Lo que vino después fue un proceso que algunos historiadores llegaron a calificar como la “disneyficación” de esa esquina que había condensado durante tantos años la tensión de la Guerra Fría. En el año 2000 se instaló un puesto de control con características muy similares a las que había tenido el Checkpoint Charlie y el espacio se convirtió en un imán para turistas. Un imán muy eficaz: alrededor de un millón de personas pasan por allí cada año.

Y aunque la legislación local intentó prohibirlo, todavía aparecen allí cada día hombres vestidos de soldados que cobran alrededor de 3 euros por una foto junto a ellos. También se venden (supuestos) pedazos del Muro de Berlín, máscaras antigás y gorras militares de los distintos ejércitos que fueron parte de la Guerra Fría.

A pocos metros de ese punto turístico, funciona el Mauermuseum (Museo del Muro), donde sí pueden verse restos originales de las paredes que dividieron a Berlín en dos, además del puesto de control original y algunos de los vehículos que fueron modificados, por ejemplo con dobles fondos, para protagonizar huidas que con el tiempo se volvieron famosas.

La intersección de Friedrichstrasse y Zimmerstrasse sigue siendo un recordatorio constante de que el mundo estuvo en vilo durante décadas y de que el destino de una posible escalada nuclear podía medirse en una esquina.