Ezequiel Matthysse -8 de julio de 1998 en Trelew, Chubut-, creció en el barrio “Las Mil Viviendas” dentro de una familia con tradición en el boxeo argentino, donde su padre, Walter “El Terrible” Matthysse, y sus tíos Lucas y Soledad Matthysse destacan como campeones del mundo.
Tras una infancia marcada por la disciplina del gimnasio —su padre lo introdujo al boxeo como corrección a los 8 años—, a los 14 años debutó como amateur y, con 16 años, viajó a Estados Unidos convocado por el equipo de Marcos “Chino” Maidana. En esta etapa alcanzó el título mundial amateur de la CMB y dejó un récord profesional invicto de 9 victorias, la mayoría por nocaut.
A los 24 años, en 2021, definió un giro en su vida al dejar la expectativa familiar y priorizar su desarrollo como artista musical, influido por su pasión por el teclado desde la niñez. Su sencillo «Boxindanga» obtuvo millones de visitas en redes, consolidando este cambio de rumbo. En la actualidad, Matthysse se dedica exclusivamente al género 420 (popularizado por L-Gante), una fusión de cumbia, reggaetón y trap.
Acá, los momentos más destacados de la charla:
—Hola, Eze, querido.
—¿Cómo va?
—¿Qué tal, papá, todo tranqui? Un campeón de la cumbia, podemos decir…
—Sí, sí, ahí estamos, metiéndole a la música.
—Para los que no conocen tu historia, sos alguien del mundo del boxeo, de una familia del boxeo en realidad, pero hace un tiempo te empezaste a dedicar también a la música. ¿Cómo fue eso?
—Bueno, vengo de una familia que son todos boxeadores, de mi abuelo hasta mi abuela, mi papá, mi mamá…
—¿Tu abuela también boxeaba?
—Sí, mi abuela, mis primas, todos; yo como que nací y, bueno, seguí por el mismo camino. Me acuerdo que mi viejo, Walter “el Terrible” era boxeador profesional, llegó a pelear en Estados Unidos. Él, como hobby, tocaba el teclado. Yo tengo ese recuerdo de ser chico y verlo tocar el teclado y no sé por qué me enamoré por completo de ese intrumento; estaba todo el tiempo viendo cómo se tocaba, queriendo aprender también. Creo que ahí empezó todo. Nosotros venimos de un barrio humilde de allá, en Trelew (Chubut) que se llama Las Mil Viviendas. Éramos de esas familias que se levantan a las nueve, diez de la mañana y ponen el equipo de música con a full. Me acuerdo que vivíamos todos en un mismo departamentito…
—¿“Todos”? ¿Cuántos eran?
—(Piensa) Vivíamos con mi abuela, mi papá, mi mamá, mi hermana, mis tíos con mis primas, con la novia de mi tío (risas)...
—¿Todos juntos?
—Todos juntos. Y bueno, me acuerdo que siempre estuve como rodeado de esa música, ¿no? Mi tío Lucas siempre tenía los CD de Damas Gratis y todo. Bueno, como que siempre escuchando música. Además del boxeo, siempre fuimos muy de escuchar música… Una vuelta mi viejo tenía como unos DVD de Pablito Lescano de Damas Gratis de cuando tocaban en Luna Park. Yo los ponía, agarraba una mesa sin tener teclado, la ponía enfrente de la tele y hacía que estaba tocando mientras miraba el show de Pablito.

—Hacías que tocabas…
—Sí, me pasaba algo tremendo, hasta que mi abuelo se dio cuenta y me compra un teclado, uno de estos Casio como para arrancar. Ahí le empecé a meter mano y aprendí así, de oído. Fue como un don que Dios me dio. Y ahí le empecé a mandar, pero siempre acompañado del boxeo porque también quería eso, ¿viste?
—En tu familia, ¿quién la pegó con el boxeo?
—Les fue bien a todos, pero el que más trayectoria y peleas grandes tuvo fue Lucas. Bueno… mi tía Soledad, hace unas semanas, creo que peleó por un título mundial en Estados Unidos y ganó. Mi viejo también peleó por el título del mundo. Me acuerdo que a mí, a los dieciséis años me agarró el equipo del Chino Maidana -yo ya venía peleando y me estaba yendo muy bien- y me llevó para Estados Unidos.
—¿Viviste allá?
—Estuve un par de años y nos fue bien…
—Pará, perdón, con el equipo del Chino Maidana, ¿empezás a ganar guita… o tenés que esperar mucho para eso?
—Sí, sí, porque teníamos ahí como nuestro mánager, pero era más que nada hacer experiencia. Me acuerdo que estaba la idea de hacerme profesional a esa edad -porque acá recién lo podés hacer a los veintiuno…
—¿Cuánto tiempo viviste ahí?
—Habrán sido un par de años. Primero estuve con el equipo del Chino Maidana, pero después fui con el equipo de mi tío Lucas también, ahí fue cuando gané el título mundial…
—O sea, ¿llegaste a ser campeón del mundo amateur?
—Sí, el título Sudamericano del Consejo Mundial de Boxeo, en Chile, y el título mundial amateur del Consejo Mundial de Boxeo en Los Ángeles. Y me acuerdo que uno de mis sueños, en Estados Unidos, era tener el teclado que tenía los sonidos de Damas Gratis, y todos esos equipos de cumbia que yo amo; porque es lindo tocar con los mismos sonidos que tocan ellos. Y me lo compré. Y de apoco pasó que yo estaba con mi carrera en el boxeo hasta que un día empecé a sentir… O sea, yo amo el boxeo, lo amo con todo mi corazón, es mi pasión y siempre va a ser parte de mi vida, pero era algo que me inculcó mi familia. Y yo sentía que la música era algo que elegí yo.
—Algo que era tuyo….
—Tipo que elegí yo. Hasta que un día llegué a un punto que me puse a pensar mucho en eso… Mi última pelea profesional fue como hace dos años ya, por ahí, por el título latino del Consejo Mundial de Boxeo. Fue a diez rounds y la gané.
—O sea, ¿ganaste el título y después de eso dijiste: “quiero dedicarme a la música”?
—Sí, yo ya venía con eso metido en la cabeza un par de peleas antes: quiero hacer música. Pero imaginate yo en mi cabeza: no fue fácil igual, porque obviamente todo el mundo me conocía como boxeador. Y yo sabía que se veía medio raro…
—Claro, me imagino que era todo un desafío: ya tenías un nombre en el boxeo, títulos y en la música era como que había que empezar de cero, ¿no?
—Sí, pero cuando yo quiero hacer algo, lo intento. Yo sé que Dios está conmigo y vamos pa’delante que se va a dar. Así que un día agarro y tomo la decisión de venirme a vivir a Buenos Aires. “Me la voy a jugar”, digo. Yo ya había hablado con un par de artistas, les pasé un par de temas…
—¿Y cómo es pasar de la disciplina del boxeo a la música, la noche? Actividad que muchas veces se asocia con los excesos…

—Lindo tema ese, como para dejar una enseñanza… Ojo, ya de chico, en el barrio, teníamos mucha calle, olvidate, estamos re-curtidos con eso. Yo al principio pensé que para meterme en la música tenía que entrar de lleno en ese mundo de la noche, y ahí hay de todo: droga, alcohol, minas… las viví todas. Olvidate. Y creo que fue un error, como que creo que Dios lo permitió para que deje el mensaje de que no es por ahí. Y apenas frené, al par de meses saqué “Boxindanga” y la pegué.
—Pensabas que tenías que meterte sí o sí ahí para entrar en ese mundo, digamos…
—Sí, es como que me dejé llevar igual, ¿viste?
—¿Te llegaste a mandar c…, digamos?
—Sí, viví todo eso.
—¿Mucho tiempo?
—Bueno, imaginate, hubo un tiempo que mi día recién arrancaba recién a las ocho, nueve de la noche…
—Ahí empezaba la gira y te la pegabas…
—Sí, sí.
—¿Hasta qué hora?
—Y… andábamos hasta el otro día. Pero yo le doy muchas gracias a Dios por haberme dejado vivir eso, porque, o sea… yo creo que El está ahí arriba, que debe tener como un mapa de tu vida y dice: “Bueno, vos vas a vivir esto…” O sea, estoy segurísimo que El Tipo lo permitió como para que vea…
—¿Como un aprendizaje?
—Que eso no sirve para nada, que lo único que hace es atrasarte. Quizás puede ser un porrito; hay gente que dice que te relaja, pero yo lo único que vi es que te atrasa, te hace estar colgado casi todo el día. ¡Y cuando te querés dar cuenta pasó un año y no hiciste nada! Y bueno, de lo demás ni te hablo, ¿no? Alcohol, minas, lo que sea, todo pérdida de tiempo. He visto artistas en un momento la rompían y de pronto se fueron perdiendo y chau. Pero como te decía, creo que Dios como que permitió que me equivoque para que hoy en día yo pueda estar acá hablando con vos en Infobae, un medio tan importante, ¿no? O sea, poder dar este mensaje de que eso no sirve para nada. Y encima después justo me pasó que cuando la pegué con Boxindanga yo ya sabía…
—Ya lo habías vivido…
—Claro. Yo digo: “si caigo en eso, chau, se termina mi carrera”. Y yo no es que tenía pensado pegar un tema nomás, yo apunto bien a lo grande, a lo mundial, tipo estar llenando estadios, estar grabando con todas las leyendas de allá, de Puerto Rico. Y sé que para eso tengo que llevar una disciplina; ahí le doy muchísimas gracias al boxeo también, que me enseñó disciplina. Y otra cosa es saber rodearse de gente buena, porque si hay mala yunta, olvidate.
—¿Tuviste mala yunta?
—Sí, y capaz que siendo mis amigos, pero yo lo que hice fue dar un pasito pal’costado y seguí mi camino. Y así llegó “Boxindanga”.
—¿Hay un momento clave?
—Sí, cuando conozco una persona muy clave que es como mi padre, el tío Luis. Imaginate, lo tengo tatuado acá. Yo ya le venía metiendo a la música pero él fue uno de los que agarró y me dijo: “Che, venite para…” Yo ya estaba en otro lugar y todo, obvio, sí, pero él agarró y me dijo: “Che, veníte para mi casa que te doy una mano; vos enfocate y vamos a mandarle para adelante”.
—¿Te rescató en parte, digamos?
—Sí, me hizo ver que nos es por ahí ni en pedo. Que esas cosas te atrasan, olvidate. Yo hoy ni siquiera salgo. Mucha gente piensa “este debe estar ahí encerrado con cinco minas, con la droga, y después se va de gira”. Y nada que ver…
—En algún momento sí, pero ya no.
—En un momento sí, olvidate, las pasé todas esas. Pero cuando tomé la decisión de dejarlo, ponele que a los dos, tres meses, ¡pum!, ahí salió Boxindanga. Yo tomé esa decisión y ahí me empezó a ir bien.
—Hablando de “Boxindanga”, repasamos un poquito la letra, porque es el tema tuyo que más la pegó. “Le calienta que sea boxindanga, dice que los boxis saben dar mandanga. La hice pelota y quedó re loca. Yo, corte potro, le di por la cola…” Pregunto: ¿a las minas les calienta que seas boxindanga? ¿Levantás más por el boxeo o por la cumbia?
—Bueno, con “Boxindanga” pasó que una persona conocida me dijo que la calentaba… Y aparte está ese dicho que los boxeadores… como que en la cama son potentes (ríe). Y después otra vuelta una persona me había dicho: “Che, es verdad lo que dicen de los boxeadores?” Que los boxis saben dar mandanga…
—¿Y…? ¿Es verdad lo que dicen de los boxeadores?
—Supuestamente las mujeres dicen que sí, que los boxis saben dar mandanga (ríen), y así fue como me vino ese tema. Después pasó un tiempo, se viralizó, y la gente empezó a usar el audio.
—En TikTok explotó…
—Sí, y después se vino el remix y todo eso.
—¿Hoy por hoy estás en pareja? Y una duda, ¿se levantaba más con el boxeo o se levanta más con la música?
—Te puedo llegar a decir que con las dos. Porque en el boxeo capaz que te ven todo trabado. Pero ahora, en la música… yo abro Internet y hay cada mensaje (ríe).
—¿Sí?
—Vos sabés, antes de empezar a pegarla con la música capaz que no me daban bola ni a palos (ríe).

—¿Crees que levantás por la música, la fama, las redes o lo que fuera?
—Sí, como que es todo junto. Y aveces pasa que vos decís: “¡Fua, guacho, mirá!”, porque son minas zarpadas…
—¿Y ahí qué hacés?
—Hubo un tiempo que estaba solo y… ¿cómo es esa frase que dice “soltero pero nunca solo”? (risas).
—Y ahora estás solo, me decías…
—Puede ser que en la noche encuentres una chica así… Pero la mayoría de las veces te vas a pegar un palo contra la cabeza.
—¿Por?
—Porque en la noche no…
—¿Vos decís que en un boliche no vas a encontrar el amor de tu vida?
—Puede ser que justo haya salido una chica bien, pero hoy en día… hoy están con y capaz que mañana están con otro, ¿viste? Capaz que te están prometiendo “mí el amor para toda la vida”, pero después te terminás enterando que también están en otra. Como que hoy en día eso está normalizado. Pero para mí está remal eso, obvio. Yo como que soy más a la antigua. O sea, si vos amás a alguien, agarrá y decíselo y no la hagás perder tiempo.
—¿Dónde querés llegar con la música?
—Mirá, yo soy de soñar bien en grande. Yo ya de chico soñaba con tener un título del Consejo Mundial de Boxeo. Y digo, si a los dieciséis años o me pasó eso, no sé… conocer de chico Las Vegas, conocí hasta a Mayweather, o sea, si pude vivir todo eso, Dios ya me demostró que nada era imposible. Y en la música igual, olvidate, soy una persona muy soñadora. Cuando estamos con el tío Luis siempre lo hablamos: algún día estar llenando estadios.
—Vas por eso.
—Sí, llegar a grabar con las leyendas de Puerto Rico. Nombres como Bad Bunny, Anuel, Arcángel, Miky Wood, que lo conocí la otra vuelta y que es mi ídolo.
—Espectacular, Eze, mucha suerte.
Fotos: Adrián Escándar













