
Tras un año de descenso en los depósitos ajustados por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), los plazos fijos UVA evidencian un repunte significativo en el stock de pesos del sector privado. Este instrumento, diseñado para proteger el valor de los ahorros ante el avance de la inflación, vuelve a posicionarse entre las opciones más buscadas para obtener rendimientos reales positivos. El resurgimiento responde tanto a nuevas políticas impulsadas por la banca pública como a cambios en la composición de las carteras de inversión.
El stock de plazos fijos UVA/CER alcanzó los $1,285 billones de pesos al 27 de abril de 2026, según el último informe monetario diario publicado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA). En los últimos 30 días el aumento fue del 103,9 por ciento.
A la vez, la dinámica de crecimiento se acentuó en lo que va de 2026, con una suba acumulada del 348,7 por ciento. En la comparación interanual, el stock de este instrumento financiero avanzó un 75,1%, consolidando su expansión dentro del sistema bancario y posicionándolo como una de las alternativas más elegidas para preservar el valor de los ahorros frente a la evolución inflacionaria.

Cómo funciona el plazo fijo UVA
La principal ventaja de los plazos fijos UVA radica en su unidad de ajuste: la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA), que se actualiza diariamente mediante el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), atado a la evolución del IPC. De este modo, el capital invertido se ajusta automáticamente por inflación, a lo que se suma una tasa de interés real que asegura un resultado favorable en términos de poder adquisitivo.
Este instrumento recuperó dinamismo en un contexto donde los inversores buscan cobertura frente a escenarios de mayor suba del costo de vida. En efecto, el índice inflacionario acumuló un alza de 9,4% tras el pico de 3,4% de marzo. Durante gran parte de 2025, las tasas fijas ofrecieron ventajas en períodos de baja inflación, pero con la aceleración de los precios, el plazo fijo tradicional perdió atractivo frente a las alternativas indexadas.
En respuesta a este escenario, el Banco Nación introdujo modificaciones en la estructura del producto. El objetivo de la entidad oficial es atraer fondos privados con un formato que mitigue el problema de la iliquidez durante la vigencia del plazo.
El nuevo plazo fijo UVA del Banco Nación habilita el cobro mensual de intereses, con una tasa anual de hasta 4,5 por ciento. A diferencia de la modalidad tradicional, en la que tanto el capital ajustado como los intereses se perciben al finalizar el plazo (de al menos 180 días), el esquema actualizado acredita los intereses cada 30 días en la cuenta del cliente, y el capital actualizado se entrega al vencimiento.

El plazo mínimo es de 90 días y el máximo de 1.095 días, con una inversión inicial desde 1.500 pesos. Esta variante apunta a quienes requieren ingresos periódicos y desean preservar su poder adquisitivo sin resignar liquidez.
Sobre esta propuesta, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, consideró fundamental que la banca pública concentre la oferta de instrumentos para proteger el ahorro. Según Sturzenegger, la estabilidad financiera depende de mecanismos que aseguren rendimientos positivos y eviten la pérdida de capital frente al avance de la inflación.
El ministro advirtió que los plazos fijos tradicionales arrojaron resultados negativos, con un promedio anual del -5 por ciento, lo que desincentivó el ahorro en pesos y potenció la demanda de divisas. Sturzenegger subrayó que la compra de dólares, aunque extendida, no garantiza ganancias y también está expuesta a la inflación de Estados Unidos, lo que puede traducirse en una merma del valor real año tras año.














