
El corredor comercial de avenida Juan B. Justo en Mar del Plata, célebre por sus locales de tejidos y pulóveres, enfrenta una crisis inédita: el cierre masivo de comercios amenaza la actividad textil y cuestiona la viabilidad de un paseo que, durante décadas, definió la identidad comercial de la ciudad. El deterioro de “la avenida del pulóver”, tal como se conoce a Juan B. Justo, alcanzó tal magnitud que numerosos locales permanecen vacíos, las persianas bajan de forma definitiva y proliferan los carteles de liquidación, en un contexto signado por la recesión económica, el desplome del consumo y el aumento de la inseguridad.
La desocupación de locales es tan marcada que, en muchas cuadras, los comercios que se van no encuentran reemplazo: “No hay negocio que pueda sostenerse”, es el testimonio repetido entre comerciantes. Esta tendencia se refleja con cifras precisas en el informe reciente de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP), que relevó 2.442 comercios y reveló que Juan B. Justo y 12 de Octubre exhiben los niveles más altos de cierre: casi un 15% de las persianas están bajas, cifra que duplica ampliamente el promedio general de Mar del Plata, que apenas llega al 7,8%.

El informe de la UCIP, que monitorea mes a mes la actividad económica marplatense, muestra que la crisis de los negocios de sweaters se enmarca en “un escenario de cautela generalizada” para el comercio minorista local. El 46% de los comerciantes consultados indicó que su situación empeoró respecto al mismo período del año anterior, contra un 50,8% que la considera estable y solo un 3,2% que registra mejoría. Las proyecciones a seis meses refuerzan ese diagnóstico: “El 69,8% espera que sus ventas se mantengan sin variaciones y el 27%anticipa nuevas caídas. En materia laboral, el 90,5% planea modificaciones en su nómina, aunque el 9,5% ya contempla reducciones de personal”, afirmó la UCIP.
El derrumbe de un polo textil emblema
En concreto, la crisis de la avenida Juan B. Justo no solo es perceptible en la cantidad de locales vacíos, sino en un declive visible de la vida cotidiana y del movimiento comercial. Las calles laterales se han tornado oscuras y la circulación de personas ha disminuido notablemente. Comerciantes y vecinos coinciden en la gravedad del panorama: la clásica ruta de compras ha quedado “venida abajo”, con severos problemas de ventas que afectan centralmente al sector textil.
Desde la calle Buenos Aires hasta Alem, la avenida Juan B. Justo siempre fue sinónimo de producción local y atracción turística, gracias a sus fábricas y casas de sweaters que históricamente recibían tanto a turistas como a compradores mayoristas. Hoy, el paisaje cambió y los carteles de “se alquila” o “se vende” se repiten en varias cuadras, junto a los de “liquidación por cierre definitivo”.
El relato de los comerciantes de la zona, recogido por el diario local La Capital, es unánime: los costos fijos resultan imposibles de afrontar y las ventas no alcanzan para sostener ningún emprendimiento. A esta situación se suma el deterioro de la seguridad, con calles cada vez más desiertas fuera del horario comercial. “Algunos locales cierran, otros se reagrupan. Cerró el grande de Juan B. Justo y Güemes y eso afecta a todos los rubros, no solo al tejido”, contó una vendedora de una tradicional firma local.

Ni siquiera el arranque del invierno —históricamente la temporada fuerte para la venta de pulóveres y prendas tejidas— logró revertir la dinámica de cierre y retracción. En el número 800 de la avenida Juan B. Justo, varios comercios permanecen clausurados desde hace meses. El local de una fábrica de camperas bajó la persiana tras el verano y otros establecimientos funcionan bajo horarios recortados o solo abren algunos días a la semana.
Germán, responsable de una firma con medio siglo de trayectoria, precisó: “En enero vendimos un 16% menos de prendas que en el mismo mes del año pasado.” Para él, la raíz del problema es múltiple: “La apertura indiscriminada de importaciones, el dólar planchado y los altos costos” complican la rentabilidad y desalientan la continuidad de los negocios.

La crisis no es exclusiva de la avenida del pulóver. El comercio en zonas como Talcahuano y 12 de Octubre también enfrenta una retracción severa. La percepción allí sigue la misma línea y la inseguridad se suma como variable preocupante. Andrés, dueño de un almacén de la zona, resumió: “Después de las seis de la tarde esto es un desierto. No solo no viene gente, sino que además tenemos robos todos los días”.
Marcela, encargada de un local de ropa sobre 12 de Octubre, expuso la dimensión de la caída: “Las ventas bajaron casi un 60 por ciento en el último año. Muchos clientes son trabajadores de la pesca o sus familias y ya no compran como antes”.
En el mismo sentido, Carla, encargada de un local, confirmó al medio marplatense que “las ventas cayeron alrededor de un 50 por ciento. Tenemos precios casi al costo y aun así no repunta”, subrayó.
Con información de NA














