La reglamentación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) abrió una ventana de oportunidad para la llegada de capitales intensivos a la Argentina. Con la mirada puesta en sectores estratégicos como energía, minería y tecnología, el mapa de proyectos a escala local está mutando hacia obras hipercomplejas. En este nuevo ecosistema, el desembarco de centros de datos de última generación ya no es una promesa lejana, sino el núcleo de la infraestructura física indispensable para sostener el avance de la inteligencia artificial. Sin embargo, este flujo de capital masivo se enfrenta a un cambio de paradigma global: hoy la viabilidad de una megaobra ya no depende únicamente de conseguir financiamiento o de la ingeniería tradicional, sino de una compleja matriz de riesgos que debe considerarse desde el inicio de un proyecto.
Para entender el alcance de este nuevo escenario, un estudio reciente desarrollado por Zurich Insurance Group anticipa los principales desafíos a nivel global a los que se enfrenta la industria en los próximos cinco años. Elaborado a partir del análisis de especialistas internacionales, el estudio advierte que la convergencia de riesgos climáticos, tecnológicos y de infraestructura es lo que redefinirá la viabilidad de los proyectos en el futuro.
La magnitud de estas inversiones transforma por completo la gestión del riesgo
En el caso específico de los centros de datos, el impacto es radical: impulsados por la IA, el valor promedio global de este tipo de obras pasó de USD 150 millones a USD 3.000 millones en un solo año. La magnitud de estas inversiones transforma por completo la gestión del riesgo. La viabilidad de un data center en la era de la IA ya no sólo está definida por los chips (los microprocesadores avanzados para correr la tecnología) ni por el capital, sino por el acceso garantizado a la electricidad, al agua para refrigeración, el cumplimiento regulatorio y el suministro de equipos críticos.
Es por eso que, en la Argentina, la promesa de los nuevos nodos digitales mira con tanta fuerza hacia Vaca Muerta, clave por su potencial energético. Este crecimiento proyectado refleja una gran concentración de riesgos logísticos y técnicos en un terreno complejo, lo que pone a prueba tanto los plazos de ejecución como la capacidad del mercado asegurador.
En este contexto, los riesgos cobran una relevancia aún mayor. En primer lugar, los eventos climáticos extremos y los desastres naturales se posicionan como los factores que más afectarán al sector. El calor extremo y las sequías están afectando las redes de transporte, los sistemas de generación eléctrica y las plantas de distribución construidas para un clima que quedó obsoleto. Si pensamos en un data center, que exige una demanda continua de refrigeración y alta densidad de potencia, un fallo en el suministro de agua o energía debido al clima puede ser letal.
Los eventos climáticos extremos y los desastres naturales se posicionan como los factores que más afectarán al sector
En segundo lugar, la escasez de recursos y la dinámica comercial global generaron un “cuello de botella” persistente que afecta el aprovisionamiento de equipos industriales clave, como transformadores o disyuntores, cuyos plazos de entrega hoy pueden extenderse hasta cuatro años. En proyectos acelerados por los incentivos del RIGI, depender de cadenas de suministro globales introduce un riesgo de retraso que los inversores actuales, en la mayoría de los casos, no están dispuestos a tolerar.
A esto se suma la escasez de talento técnico. Siguiendo el informe, el desafío ya no está en conseguir mano de obra general, sino perfiles especializados capaces de coordinar obras altamente tecnológicas. Para mitigar esta dificultad, la industria está acelerando el uso de la construcción modular. Sin embargo, replicar diseños complejos a gran escala antes de conocer del todo su comportamiento a largo plazo también introduce una concentración de riesgos poco previsible en el corto plazo.
Finalmente, las megaobras de conectividad e infraestructura digital también están expuestas a amenazas invisibles. Según el estudio de Zurich, cuatro de cada cinco empresas del sector experimentaron incidentes de ciberseguridad en los últimos dos años, con un promedio de 226 ataques anuales por compañía. En el caso de los centros de datos, al tratarse de plataformas hiperconectadas, el riesgo digital puede paralizar la continuidad operativa de un proyecto multimillonario incluso antes de su ejecución.
La escasez de recursos y la dinámica comercial global generaron un “cuello de botella” persistente que afecta el aprovisionamiento de equipos industriales clave
En este escenario, donde los márgenes de error se reducen a cero, la asegurabilidad emerge como el indicador definitivo de la viabilidad de un proyecto a escala. A medida que las condiciones de financiamiento se vuelven cada vez más estrictas, los bancos y mercados de capitales miran, antes que nada, las condiciones de la póliza: si un desarrollo no es asegurable, tampoco será financiable. La relación entre ambas variables es directa.
De esta manera, el seguro deja de pensarse como una instancia final del proceso para convertirse en un activo estratégico que debe integrarse desde las primeras simulaciones y planos, ayudando a mitigar riesgos climáticos, técnicos o digitales desde la etapa de diseño.
Llevar la gestión del riesgo a la fase de factibilidad exige un cambio de mentalidad profundo, especialmente para una industria local que históricamente tuvo que adaptarse, sobre todo a los vaivenes macroeconómicos, aprendiendo a gestionar los imprevistos de la actividad sobre la marcha. Sin embargo, el desafío de cara a esta nueva década, marcada por obras hipercomplejas y de escala multimillonaria impulsadas por incentivos estructurales, es llevar la capacidad de reacción un paso más allá, comprendiendo que la verdadera solidez de un proyecto ya no se demuestra en la obra, sino blindando la inversión mucho antes de mover el primer ladrillo.
El autor es Head of Commercial Insurance en Zurich Argentina














