Cecilia Roth pasó por el estudio de Infobae en Vivo para conversar con Maru Duffard, Facundo Kablan y Federico Mayol en el ciclo Infobae al Mediodía. La actriz repasó su trabajo en la serie “Moria” —donde encarna a Moria Casán en su etapa más reciente— y luego se refirió a la situación política y social de la Argentina, con fuertes reflexiones sobre la violencia, la grieta y el aumento de los suicidios en el país.
Interpretar a un ícono vivo no fue tarea sencilla para Roth. “Fue muy complicado”, reconoció. “Moria es una leyenda viviente, un ícono”, describió, y resumió el desafío en tres premisas: “Primero, no traicionarla. Segundo, no imitarla. Que pasara por mí Moria”. La actriz explicó que la actuación implica componer un “Frankenstein paralelo a tu propia vida” y que, mientras se está en un personaje, se está en él y en ningún otro. Esa lógica se volvió especialmente exigente con Casán: en la etapa que le tocó retratar —la más íntima y reciente— casi no existe registro audiovisual. “No está la cárcel en video, hay una sola foto, no están las peleas con Sofía. Es la Moria que no se conoce”, dijo.
Para prepararse, Roth trabajó durante cuatro meses con un director de actores antes de comenzar el rodaje, con el objetivo de llegar al set con las bases suficientemente asentadas. Ese proceso también le dejó una enseñanza personal que definió como “absolutamente estructural”: aprender a quererse. “Moria se quiere mucho y eso es maravilloso”, señaló. “Aprender que uno puede quererse prioritariamente y que desde ahí poder querer a los demás es una muy buena lección”. Para ilustrarlo, recurrió a la imagen de la mascarilla de oxígeno en un avión: “Si no te ponés la mascarilla vos, no podés ayudar a nadie”. Lo aprendido, subrayó, va más allá del personaje: “Aprender a quererse es aprender a conocerse también. Poder decirme a mí: ‘Tranqui, que no tenés que resolver las cosas ahora, no te está corriendo nadie’”.

Durante el programa se emitió un fragmento de una charla entre Moria Casán y su hija Sofía Gala, grabado tras el estreno de la serie, en el que Casán elogia a su hija como madre y admite con emoción: “Yo nunca me levanté para hacerte una sopa”. Roth lo vinculó directamente con una de las escenas más potentes de la ficción: el momento en el camerino en que su personaje, después de reconocer que nunca le pidió perdón a nadie, le dice a su hija: “¿Me perdonás, hija?”. “Había que preparar eso”, subrayó. También mencionó otra secuencia que la atrajo especialmente: Moria sola en la cama, llorando, sin que se sepa por qué, tras la última función de *Brujas*. “Es un interior de Moria que a mí me resultó tan atractivo y tan hondo, porque Moria abarca muchas cosas y muchas vidas también. Ella misma lo dice: ‘Tengo mil vidas’”, señaló Roth.
Sobre el impacto de la serie, la actriz admitió que la abrumó. “No sabíamos lo que iba a pasar”, dijo, y confesó que le cuesta mantenerse alejada de las redes sociales. Cuando Kablan le preguntó qué ocurre cuando la crítica no es favorable, Roth respondió que lo que la sostuvo fue la certeza de haber sido honesta: “Más no podía. Había entregado todo lo que podía”. Y descartó la idea de que un actor pueda “quedarse” con un personaje una vez terminado el rodaje: “Esa locura de que me quedé con el personaje y me voy a matar… no creo mucho en eso. Me parece que no tiene que ver con la actuación, sino con trastorno”. Al finalizar el rodaje, Casán le transmitió en persona su valoración. “Dijo que se sentía que yo la había habitado, y yo le dije: ‘Vos me habitaste a mí’”, relató.
El presidente habilitó la agresividad, dice Roth, y señala una grieta que ya no separa a partidos sino a familias
Al abordar el presente político y social, Roth fue directa. Recordó que el presidente Javier Milei la llamó “fracasada” al inicio de su gestión —“me metió muy al principio, pero era raro que se metiera con el trabajo de alguien”, dijo— y apuntó que esa actitud tiene una dimensión específica: “Creo que tiene una cosa con las mujeres muy fuerte”. También reflexionó sobre las declaraciones en las que Milei habla de sí mismo como dos personas distintas: “Menos mal que se da cuenta él que son dos personas, una la que escribe y otra la que es presidente, porque habla de su enfermedad”.
Pero el análisis de Roth fue más allá de la figura presidencial. “Yo creo que el presidente habilitó a que nos pase a todos algo similar”, afirmó. “Hay agresividad en la calle, hay violencia, hay maltrato. Cuando se habilita desde un lugar tan alto, se producen en la sociedad cambios tremendos”. Como dato concreto, señaló que los suicidios son hoy la segunda causa de muerte en Argentina, algo que también había planteado la cantante Lali Espósito en su reciente concierto en el estadio de River Plate. “Es una barbaridad”, sostuvo. Y citó como ejemplo la respuesta de la funcionaria Sandra Pettovello ante un informe que indicaba que el 30% de los suicidios en las fuerzas de seguridad correspondía a militares: “Dijo: ‘Bueno, pero no solo los militares, toda la Argentina le pasa lo mismo’. Como si eso explicara algo”.
Roth también puso el foco en la habilitación de discursos discriminatorios. Citó el caso de un periodista que llamó “señor” al aire a Florencia de la V y advirtió que en Brasil esa conducta es delito desde 2012. “Hay una habilitación para eso”, insistió. Ante la consulta sobre cómo responder colectivamente, señaló que la respuesta individual resulta insuficiente y mencionó el ensayo *El desentendimiento*, de una autora eslovena, que describe cómo las personas comprenden una situación y deliberadamente eligen no actuar. “Para desentenderte de algo, tenés que haberlo entendido primero”, citó. Detrás de ese fenómeno, sostuvo, hay una concentración de poder que no se había visto antes: “Una pequeña porción de las sociedades que se ha juntado y son los dueños del mundo. Es muy difícil, pero creo que hay que hacerlo”.

Cuando Duffard planteó que la grieta obliga a las personas a elegir una etiqueta —kirchnerista, mileísta, macrista—, Roth matizó el diagnóstico: “Yo no sé si esto es producto de la grieta. Creo que hay una grieta muy armada”. Para la actriz, el resultado de los últimos años no es una fractura entre dos bloques, sino una fragmentación interna dentro de cada espacio político y también dentro de las familias. “La grieta está dentro de cada partido. Está todo roto”, dijo. Reconoció, además, que el kirchnerismo también tuvo un discurso divisivo desde el poder, pero señaló que la gestión actual profundizó esa atomización. En cuanto a la ley de tierras y el reciente fallo de la Corte Suprema, expresó su preocupación: “Hay que aceptar que se puede vender hasta la provincia de Mendoza entera”.
Sobre la responsabilidad de quienes tienen acceso a micrófonos y audiencias, Roth destacó la actuación de colegas como Dolores Fonzi en festivales internacionales. “Es una dificultad pensar que después de hablar vas a tener un reproche del gobierno de tu país. Opinar es como un retroceso muy grande y una tristeza enorme”, sostuvo. Y cerró con una apelación a no perder lo que queda: “Que no nos quiten la felicidad, por Dios. Merecerte la felicidad. No se puede estar hablando siempre del horror”.
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