Las fuerzas rusas redujeron en junio la intensidad de los ataques con drones y misiles sobre territorio ucraniano, tras varios meses de ofensivas aéreas constantes que castigaron a la población civil y a infraestructuras críticas en distintas ciudades del país.
Según datos oficiales del mando aéreo ucraniano, Moscú empleó 5.749 drones y 180 misiles a lo largo del mes: una reducción del 29% y del 15%, respectivamente, en comparación con mayo. Ese retroceso marcó el primer descenso en la cantidad de proyectiles lanzados desde el inicio de la escalada de ataques.
El descenso en el volumen de ataques se produjo en un contexto de endurecimiento de la respuesta ucraniana. Durante ese período, el ejército ucraniano intensificó operaciones sobre suelo ruso y concentró sus esfuerzos en refinerías, terminales petroleras y fábricas de armamento.
Esas acciones incluyeron un ataque exitoso contra una planta de componentes para misiles Iskander en Voronezh y un bombardeo contra una refinería ubicada al sureste de Moscú, que provocó un incendio de grandes dimensiones y una nube de humo visible en los suburbios de la capital rusa.
La ofensiva aérea ucraniana interrumpió la producción energética en varias zonas de Rusia y generó largas colas de vehículos en estaciones de servicio de Moscú y otras regiones, ante la escasez de combustible derivada de los ataques. Según el relato de automovilistas, hubo esperas de hasta una hora y recorridos por varias estaciones antes de encontrar nafta disponible.

En paralelo, los ataques rusos de junio continuaron dejando víctimas civiles y daños materiales significativos, aunque en menor medida. Uno de los misiles alcanzó un monasterio protegido por la UNESCO en el corazón de Kiev, incendió el techo de la catedral principal y generó alarma en la comunidad internacional. Pese al descenso en el número total de misiles y drones utilizados, la ofensiva rusa mantuvo su carácter indiscriminado, con impactos tanto en objetivos estratégicos como en zonas residenciales y monumentos históricos.
La reducción de la presión aérea rusa coincidió con movimientos en el frente terrestre. Las fuerzas del Kremlin sumaron 84 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano a lo largo de junio, principalmente en las inmediaciones de Kostiantínivka, en la región de Donetsk, y en áreas fronterizas y del sureste. Aunque esa cifra superó el registro de mayo, cuando el avance territorial ruso se limitó a 14 kilómetros cuadrados, se ubicó por debajo de los máximos alcanzados en el segundo semestre de 2024, lo que evidenció un estancamiento relativo frente a meses previos.
Por otro lado, el presidente Vladimir Putin abordó la crisis energética en una reunión de emergencia: admitió dificultades para conductores particulares y empresas, pero reiteró que el Estado garantizaría la seguridad del país y la protección de las fronteras, en medio de la presión creciente de los ataques ucranianos y la reacción social interna.
En este escenario, analistas ucranianos y europeos evaluaron que un solo mes de disminución en el lanzamiento de drones y misiles no basta para afirmar que Moscú enfrenta un agotamiento estructural de su capacidad militar.
Algunos expertos señalaron que la caída podría estar vinculada a problemas de abastecimiento de drones iraníes y a una necesidad táctica de Rusia de reposicionar sus sistemas de defensa aérea ante la amenaza de ataques ucranianos en profundidad. Otros apuntaron que el Kremlin podría estar acumulando reservas de material bélico con vistas a una nueva escalada en el otoño.
Mientras tanto, el presidente ucraniano Volodimir Zelensky anunció el viernes la aprobación de una operación de influencia de 40 días, enmarcada en la estrategia de Kiev para presionar a Rusia hacia una negociación que ponga fin al conflicto.
(Con información de AFP)













